¿Crear valor o solo tomar valor (en las redes sociales)?

3 formas de crear valor en redes sociales:

  • Imágenes, belleza
  • Datos o historia sobre algo/alguien
  • Humor/Inspiración/motivación humanos

3 formas de tomar valor sin darlo en redes sociales:

  • Humor a costa de otro(s)
  • Confrontación de egos y no de tesis o datos
  • Drama o cizaña

¿El amor debe ser desinteresado?

¿Debe ser el amor desinteresado? ¿O un sacrificio de tus valores más importantes?

Amor e Interés
La Falsa Concepción del Amor como Desinteresado e Incondicional destruye su Sublime Valor

Por: Gary Hull, Ph.D.

Cada año en el día de San Valentín, se comete un crimen filosófico. De hecho, se comete durante todo el año, pero su destructividad se ve aumentada en esta fecha. Este crimen es la propagación de una falsedad ampliamente aceptada: la idea de que el amor es desinteresado. El amor, se nos repite constantemente, consiste de auto-sacrificio. El amor basado en interés personal, se nos advierte, es barato y sórdido. El amor verdadero, nos dicen, es altruista. ¿Lo es?

Imagina una tarjeta de San Valentín que se tome esta idea en serio. Imagínate recibir una tarjeta con el siguiente mensaje: «No obtengo ninguna satisfacción de tu existencia. No recibo ningún disfrute personal de la forma en que te ves, te vistes, te mueves, actúas o piensas. Nuestra relación no me beneficia. No satisfaces ninguna necesidad sexual, emocional o intelectual mía. Eres sujeto de caridad para mí y estoy contigo sólo por lástima. Besos, XXX.»

No es necesario decirlo, pero tú estarías indignado de saber que estás siendo «amado», no por algo positivo que ofreces a tu pareja, si no -como cualquier receptor de dádivas-, por lo que a ti te hace falta. Y sin embargo esa es la visión perversa del amor implicada en la creencia de que el amor es auto-sacrificio.

El amor auténtico es el exactamente lo opuesto. Es la experiencia más egoísta posible, en el verdadero sentido del término: beneficia tu vida de una forma que no implica sacrificio de otros hacia ti ni de ti hacia otros.

Amar a una persona es egoísta porque significa que valoras a esa persona en particular, que él o ella hace tu vida mejor, que él o ella es una fuente de alegría personal para ti. Un amor «desinteresado» es una contradicción en términos. Uno no puede ser neutral hacia algo que valora. El tiempo, esfuerzo y dinero que uno utiliza para alguien que uno quiere no son sacrificios, si no acciones tomadas porque su felicidad es crucialmente importante para la tuya propia. Tales acciones sólo serían sacrificios si se hicieran por un desconocido o por un enemigo. Aquellos que argumentan que el amor demanda la auto-negación deben sostener la bizarra creencia de que a uno le es indiferente si la persona amada está sana o enferma, siente alegría o tristeza, está viva o muerta.

Se asegura muchas veces que el amor debe ser incondicional y que deberíamos amar «a todos como hermanos». Vemos esta idea promovida por la profesora de escuela «no-discriminadora» que le dice a sus alumnos que quienquiera que traiga una tarjeta de San Valentín para otro estudiante, debe traer tarjetas para todos. La vemos en el sorprendente dictamen de «Odia el pecado, pero ama al pecador», que llevaría a que odiemos los campos de concentración pero enviemos a Hitler una caja de chocolates Godiva. La mayoría de personas están de acuerdo en que tener relaciones sexuales con una persona que uno desprecia es una locura. Sin embargo de alguna manera, cuando la misma idea de fondo se aplica al amor, la gente lo considera noble.

El amor es demasiado precioso para ser entregado indiscriminadamente. Es sobre todo en el tema amoroso que el igualitarismo debe ser repudiado. El amor representa un intercambio excelso -un intercambio espiritual- entre dos personas, con el propósito de beneficiarse mutuamente.

Beneficiarse mutuamente

Tu amas a alguien precisamente porque él o ella es de valor- un valor personal para ti, determinado por tus estándares- tanto como tú eres de valor para él o ella. Es la visión de que debes dar amor incondicionalmente -la visión de que no lo mereces más que un fulano al azar, la visión de que no es una respuesta a algo en particular en ti, la visión de que no tiene origen ni causa- lo que ejemplifica la más innoble concepción de esta experiencia sublime. La naturaleza del amor crea ciertas demandas en aquellos que desean disfrutarlo. Debes considerarte a ti mismo digno de ser amado. Aquellos que esperan ser amados, no porque ofrezcan cierto valor positivo, si no porque no lo poseen-es decir aquellos que exigen amor como un deber altruista- son parásitos. Alguien que diga «quiéreme sólo porque yo lo necesito» busca un valor espiritual no merecido -de la misma forma que un ladrón busca riqueza no merecida. Para citar una famosa línea de El Manantial: «Para decir ‘Yo te amo’, uno debe primero aprender a decir el ‘Yo'». 

El Día de San Valentín, con sus coloridas tarjetas, deliciosos chocolates y lencería de seda, da forma material a este valor espiritual. Es un momento para que hagas una pausa, ignores las trivialidades de la vida, y celebres el placer interesado de ser digno del amor de alguien y de haber encontrado a alguien digno del tuyo.

Gary Hull, Ph.D. en filosofía, es un escritor senior para el Ayn Rand Institute en Irvine, Calif. El Instituto promueve la filosofía de Ayn Rand, autora de La rebelión de Atlas y El Manantial. Traducido por Juan Fernando Carpio. Copyright © 2003 Ayn Rand® Institute (ARI). Todos los derechos reservados.

Samuelson, Coase y el faro forzoso

Paul Samuelson, autor del tratado de introducción a la Economía más influyente durante muchos años y ganador de un Nobel por algún otro tema, sostenía que un bien público es uno que debido a ser no-rival y no-excluíble/yente tenía que financiarse mediante impuestos (es decir, por la fuerza).

El ejemplo que daba Samuelson era el de un faro en las costas. Dado que se benefician de su existencia todos sin posibilidad de excluirles de orientarse por ellos ayuden o no a financiar el faro (por ende, se iban a sub-producir faros) y a la vez su uso por unos no reducía la posibilidad de uso por parte de otros, debía forzarse a la gente a financiarlos. Para tener bienes públicos había que cobrar impuestos, el faro lo demostraba.

El único problema con esa tesis repetida por décadas y hasta ahora en aulas en toda Latinoamérica es que otro célebre economista (receptor del Nobel e igualmente por otro tema), Ronald Coase, investigó la historia de los faros algunos años después por su cuenta. Es decir, la evidencia. ¿Qué piensan que encontró?

Los faros eran masivamente privados en Europa antes de su captura por el Estado-Nación. Había locales, híbridos y privados. ¿Por qué iba alguien a crear faros si no se puede cobrar por ellos? Porque los muelles y embarcaderos eran privados. Para dar seguridad a sus clientes, los dueños no tenían más remedio que proveer de luz a barcos socios y extraños.

Como la teoría samuelsoniana de los bienes públicos hay decenas de mitos económicos repetidos en aulas de todo grado de prestigio en el mundo. Como decía Henry Stuart Hazlitt, la Economía se halla asediada por sofismas como ninguna otra disciplina.

El capitalismo mató a Downton Abbey

Una mansión de terratenientes como Downton Abbey solo podía sustentarse contablemente mientras los salarios eran bajos como es propio en economías agrarias en grado elevado. Sin embargo, con las ideas de libertad y derechos individuales de la Ilustración Escocesa, se desata la empresarialidad en Inglaterra -lejos de los centros de poder político y cualquier plan gubernamental- y con ella la reinversión constante en nuevas tecnologías ahorradoras de tiempo. Gracias a máquinas y métodos de organización empresarial, quienes se unían a nuevos talleres y fábricas veían sus ingresos aumentar frente a otros oficios. La nueva producción, mayor en volumen y mejor paulatinamente elevaba los salarios.

En términos económicos, la formación de capital elevaba los salarios a nivel agregado y a la vez cambiaba la productividad marginal del salario entre distintas actividades.

Era habitual tener 3 o 4 niveles de jerarquía de servicio doméstico

El trabajo menial o doméstico empezó a volverse prohibitivo. En la serie de TV vemos como temporada a temporada el personal disminuye y la tierra es vendida o puesta a producir más empresarialmente (que rentísticamente como en todo sistema feudal o semifeudal). Eso ocurre en todo país que desarrolla su potencial empresarial: aparecen nuevos oficios y profesiones, cada vez mejor equipados (eso es el capital en resumen, las máquinas y métodos productivos que la empresa aporta) y por tanto el trabajo doméstico -que no implica producción de bienes adicionales sino de mantenimiento de los existentes y apoyo en actividades de consumo– encuentra un porcentaje menor de gente dispuesta a hacerlos. Ya hay mejores oportunidades (empleos más atractivos).

Un mundo elegante pero solo abundante para pocos

Empieza a volverse auténticamente -y no por decreto- prohibitivo contratar gente para esas tareas. Que las familias aristocráticas y terratenientes como los Crawley hayan tenido que tornarse más empresariales, más inversionistas -lo cual vía capital eleva la producción para todos- o simplemente tener que deshacerse de sus tierras hereditarias, ha sido un efecto del proceso empresarial. La mansión histórica es hoy un museo y se sostiene en parte gracias a la serie televisiva.El capitalismo mató a Downton Abbey, el modo de vida generalizado. Sin embargo, gracias al capitalismo tenemos TV, cable, cine, productoras y el tiempo libre para ver una serie producción de tan alto nivel como Downton Abbey.

Una de las cosas que notaremos al verla es que cada vez más de nosotros tenemos una calidad de vida mucho mejor que la de los aristócratas de hace solamente 100 años, salvo en un aspecto  que todos modos es cada vez menos relevante gracias a los electrodomésticos que nos trajo también el capitalismo: la de contar con ayuda doméstica.

Sobre la singularidad de la Economía entre las disciplinas del conocimiento

Una característica singular de la Economía es que estudia un ser de complejidad cognitiva y operativa única (el ser humano)

Es decir, reconoce el rol de la psique (¡imaginación!) humana.

El valor no es objetivo. Es subjetivo.

Por eso somos de entre todas las especies, los inventores del comercio.

Ambas partes ganan porque los significados (la existencia de bienes y el significado/utilidad de cada uno) pueden ser distintos y de hecho inversos para ambas partes. Ambas partes pueden ganar.