¿Queremos más dinero?

Más dinero en total solo es menor valor relativo de cada unidad monetaria adicional

Lo que queremos -yendo un paso más allá- no es dinero, son los bienes culturales y materiales que el resto ofrece a cambio de dinero.

Por eso son vitales la confianza y la seguridad, para que todos podamos producir y ofrecernos bienes mutuamente.


Keynes muere en Europa del Este

Keynes ha muerto. No en los EEUU ni Latinoamérica lamentablemente, donde aún es el economista mas influyente en izquierdas y derechas. Pero afortunadamente una región del mundo aparte de la sabiamente pragmática Asia, ya está dando pasos para enterrar a Lord Keynes y su influencia. Se trata de 8 países con mercados mayormente abiertos interna y externamente, impuestos de tasa fija y un sector privado entendido no como vaca lechera sino con existencia por derecho propio.

Lord Keynes se pasó la vida entera tratando de convencer al mundo de que «el mercado» no podia manejarse a sí mismo y necesitaba gente -como él, claro- para intervenirlo. Keynes es nada más y nada menos que el santo patrono de los tecnócratas de todo el mundo. De izquierdas, en forma de deficits elevados e impuestos altos. De derechas, en forma de retención de impuestos en la fuente y de intervenciones «para la eficiencia». Pero el sistema keynesiano ignoraba dos realidades fundamentales: a) el mercado es un proceso, la suma de acciones individuales que buscan el acierto y tratan de evitar el error, y b) la Ley de Say de los mercados, que nos enseña que la producción genera capacidad de consumo inevitable y proporcionalmente.  Por lo tanto, la causa de las crisis económicas debe buscarse en otro lado. En eventos impredecibles como guerras y desastres naturales, o en la igualmente desastrosa actividad del gobierno en la economía, que debe pagarse tarde o temprano. Pero las medidas keynesianas de castigar al ciudadano en periodo de vacas gordas, para supuestamente ayudarle en el de vacas flacas, en realidad nunca fueron acertadas. Más que cualquier otra cosa, sirvieron durante todo el siglo XX para que los gobernantes se volvieran gastadores y elevaran impuestos, adquirieran deuda y provocaran inflación sin consecuencias, porque tenian una teoría justificándoles. Como dijo el keynesiano John K. Galbraith, «Hitler fue el verdadero exponente de las ideas keynesianas». Su influencia llevada consecuentemente a la practica generó déficits, hiperinflaciones y pérdidas de inversiones y capital humano en todo el mundo, pero sobre todo en Latinoamérica. Gracias, Lord Keynes.

En contraste, cuando los estadounidenses de ideas keynesianas quisieron aplicárselas a la Alemania de posguerra, el sagaz ministro de finanzas Ludwig Erhard les dijo «no, gracias». ¿El resultado? Ese país vivió un verdadero «milagro económico» en contraste con la keynesianamente administrada Francia, que hasta el dia de hoy sigue siendo un país receptor de subsidios internacionales. En contraste también, y luego de haber vivido 40 años de socialismo, 8 países de Europa del Este le dicen «no, gracias» a las ideas de economía mixta en el aula, la prensa y sus políticas. Las facultades de Economía enseñan autores que derrotaron a los keynesianos en la teoría y en resultados, como Milton Friedman (a pesar de ser en ciertos puntos un keynesiano de derechas) y sobre todo los grandes Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek y su Escuela Austriaca. Tiene sentido: después de haber probado el desastre completo, no quedan ganas de probar el desastre a medias. Nada de economía mixta o pajaritos preñados, piensan en las mejores facultades de Republica Checa, Estonia o Lituania: hay que hacer lo que los estadounidenses, suecos e ingleses hicieron para desarrollarse, no las barbaridades que hacen ahora que ya pueden darse ese lujo. Como resultado, ellos también viven su propio milagro económico, creciendo a un 6-7% anual y abandonando muy velozmente la pobreza moral y material en que les dejó el socialismo. Sigamos el ejemplo de Europa del Este: ya no seamos keynecios.

*Publicado originalmente en el periódico interno de la USFQ (2012)

Una alternativa al P.I.B., ese indicador consumista

El P.I.B. es un indicador que suele entenderse como sinónimo de “contabilidad nacional” o más precisamente, “actividad local en un territorio”. El P.N.B. contabilizaría la actividad de nacionales, dentro o fuera de un territorio y el P.I.B. la de cualquier actor dentro de un territorio.

Sin embargo, el P.I.B. es tan mal indicador que no captura más del 40% de la actividad productiva (creación de valor) en los Estados Unidos, por ejemplo. ¿Cómo es eso posible? Es posible porque el P.I.B. no es un indicador “neutro” u “objetivo” sino el producto de una escuela económica que coloca al consumo (demanda) como motor de la economía. Esto, en detrimento del ciclo ahorro-inversión-mejor consumo (más y/o mejores bienes) que es el que industriales, banqueros y economistas clásicos identificaron como motor del progreso humano.

GO y GDE vs. PIB: algunas réplicas

Más específicamente, es el gasto de los consumidores (consumo) sino el gasto de los productores (inversión) lo que permite tener más y mejores bienes de consumo años tras año en un territorios sino que también permite obtener y crear más y mejores bienes de producción (¡capital!) año tras año. La vida real no es demand side sino supply side: son las inversiones productivas las que mejoran los entornos personales, familiares y sociales -como cualquier persona sabe y puede razonar, salvo los economistas de ciertas escuelas dominantes desde los 1930’s- y además generan el poder adquisitivo para comprar lo demandado (Ley de Say). Tan crucial es la Ley de Say para entender el sesgo consumista del P.I.B., que el prof. Steve Hanke -mundialmente conocido defensor de la dolarización ecuatoriana- explica el Gross Output en un artículo titulado “GO: J.M. Keynes vs. J.B. Say“.

El economista noruego-americano Mark Skousen, nos presenta una alternativa al P.I.B. sin falacias consumistas (ausencia de ahorro y capital por etapas), llamada así: Gross Output (Rendimiento Bruto).

Lo que el P.I.B. no permite distinguir como actividad económica.

Como dice Skousen: “Gross Output provides a more accurate picture of what drives the economy.  Using GO as a more comprehensive measure of economic activity, spending by consumers turns out to represent around 40% of total yearly sales, not 70% as commonly reported. Spending by business (private investment plus intermediate inputs) is substantially bigger, representing over 50% of economic activity.” (En castellano: El Gross Output -Rendimiento Bruto- provee una imagen mucho más rigurosa de lo que impulsa la economía. Utilizar el RB como un indicador más completo de actividad económica, se halla que el gasto de los consumidores representa alrededor del 40% de las ventas anuales, no 70% como se reporta comúnmente. El gasto de los productores/negocios (inversión privada más insumos intermedios) es sustancialmente mayor, representando el 50% de la actividad económica (en los EE.UU.).

La actividad real es significativamente mayor.

La estructura capital en el tiempo

El Gross Output o Rendimiento Bruto (RB) toma en cuenta la estructura intertemporal de la producción (es decir, responde a una visión macro que sí tiene capital theory) y sus etapas intermedias, evitando el error del P.I.B. de considerar como una sola cosa los bienes finales y los bienes intermedios (en los que más del 40% de la actividad económica en los EE.UU. por ejemplo, tiene lugar). La producción capitalista tiene etapas temporales y mientras más etapas, más valor agregado a los productos finales. Mientras más avanzada y más avanza una economía, más etapas intermedias -que el P.I.B. no reconoce, por ser un indicador cortoplacista y consumista- existen y más empleos existen en ellas.

En crisis artificiales (burbujas causadas por inyección de falso ahorro por parte de bancos centrales) como la de 1929 o la de 2008, el GO/RB permite visualizar la crucial diferencia entre conceptos tomados de ciencias naturales como “aceleración” o “sobrecalientamiento” y conceptos propiamente económicos como expansión artificial, contracción crediticia y otros. El P.I.B, desde luego, nubla la visión de estos fenómenos y además agrega viejas falacias del s.XVII en comercio internacional.

Existen otras alternativas produccionistas y no-cortoplacistas al P.I.B. -el NNP (Net National Product) de G. Reisman, el EVA-país (creación de riqueza por sectores y general) de N. Cachanosky y el GPP (Gross Private Product) de Rothbard. Los explicaré en próximos posts.

Lectura recomendada: “The Structure of Production”, de Mark Skousen

Las Instituciones y los Círculos Concéntricos de la Sociedad

     Suele atribuirse el éxito material y cultural de los países y territorios a una serie de elementos. Se argumenta a favor de la disponibilidad de recursos naturales, la “unidad nacional”, alguna guerra reciente que haya “reanimado” o “despertado” a la población, haber imperializado a algún otro territorio y así sucesivamente. Sin embargo hay abundantes excepciones para todos esos argumentos. Al parecer, lo único que tienen en común los países prósperos y de alta producción cultural son unas instituciones de calidad.  Pero, ¿qué son las instituciones?      Mientras la Economía del mainstream -corriente dominante- buscaba asemejarse a la Física para parecer “más científica”, la Escuela Austriaca (a la par de la Neoinstitucionalista aunque en otro sentido probablemente complementario) se enfocó en el análisis de las instituciones en las sociedades humanas.       Su fundador, Carl Menger, planteaba que -por ejemplo- el dinero no es fruto del diseño deliberado de nadie. Ciertamente se puede diseñar monedas pero no se les puede imponer el rol de dinero en sociedad. Históricamente el dinero emerge de manera espontánea en cada sociedad como el bien más líquido (más mercadeable) y que adquiere dinerabilidad por dicha liquidez incluso antes que por otras características importantes. El ganado, la concha spondylus, las hojas de té prensado, ciertos granos, los metales y la sal han sido dinero en la historia humana. Ninguno de los anteriores tiene en común nada físico salvo cierta durabilidad (lo cual le vuelve un buen depósito de valor), la fungibilidad (lo cual le vuelve buena unidad de cuenta) y sobre todo y ante todo, liquidez (lo cual le vuelve un medio de pago de aceptación general*).  Pero el uso de un bien como dinero (y ya no solamente para sus usos originales y alternativo) no fue un diseño ni imposición de nadie. Permitió superar las severas limitaciones del trueque -aunque hayan aparecido juntos- y sigan coexistiendo**.      European good manners Desde luego el dinero, que como vemos era un producto puramente social, ha sido confiscado por los gobernantes en distintas épocas. Y de hecho, vivimos en una de las más largas era -y ciertamente la más mundialmente extendida- de dinero confiscado y envilecido por las clases políticas.  Eso no anula en absoluto el análisis de Menger sobre el dinero como orden espontáneo. Un continuador de su tradición***, Ludwig von Mises, explica en su indispensable obra “La Teoría del Dinero y el Crédito”  cómo el dinero fiat (decretado, sin respaldo) que aceptamos hoy en día sólo se utiliza porque se hizo un canje masivo y las poblaciones recordaban el dinero pasado como valioso y lo asignaron sin cuestionamiento, al dinero sin respaldo.       Sin embargo no ha ocurrido lo mismo con el Esperanto. El Esperanto es una lengua que, a decir de muchos lingüistas, contiene buena parte de las fortalezas de los idiomas más difundidos en el mundo pero a la vez evita defectos e irregularidades. A pesar de ser un producto humano bastante pulido, no ha arraigado,  es decir que no ha sido recogido y utilizado por grandes números de personas en algún territorio. El lenguaje no ha sido nunca un producto del diseño humano sino de la acción humana (praxeológico, como diría el brillante autor Enrique Ghersi).  Son instituciones en el sentido mengeriano, es decir órdenes espontáneos: 

  • El lenguje
  • La propiedad
  • La familia
  • El dinero
  • Los modales
  • Los sistemas judiciales no-estatales (incluyendo el romano temprano y el common law anglosajón)
  • La empresa
  • La banca
  • Etc, etc.

    Es decir, todas tienen en común que son prácticas socialmente arraigadas y que aparecen así como se perfeccionan, mediante prueba y error. Ninguna fue concebida por una mente individual. Son la suma de experimentos y mentes a lo largo de muchas repeticiones e incluso generaciones humanas.       El más célebre estudioso de las instituciones como órdenes espontáneos ha sido sin duda el Premio Nobel de Economía F. A. Hayek (alumno a su vez de Ludwig von Mises). Su trabajo general respecto a muchas de las instituciones arriba listadas fue aplicado por su colega italiano Bruno Leoni en su obra “La libertad y la ley” para explicar cómo los sistemas legales de mercado son superiores en capacidad de adaptarse y de autocorregirse a los estatales, que hoy nos han vendido como la única alternativa****.       El prof. Juan Ramón Rallo dice que las instituciones tienen 6 características: a) ausencia de autor o mente creadora concreta, b) continua evolución descentralizada de las mismas a través del mecanismo de prueba y error, c) utilidad que le atribuyen sus participantes, d) la voluntariedad, e) la estabilidad y f) autocorrección      El prof. Jesús Huerta de Soto define a las instituciones como “esquema pautado de comportamiento, con carácter evolutivo”. Nos dice que sirven para lidiar con la incertidumbre inherente al futuro. Proveen de pautas. Son comportamientos. ¿Pero, quién da la pauta inicial?  Los círculos concéntricos de las tendencias sociales       Si las instituciones son comportamientos de raigambre social, ¿aportamos todos por igual a su mantenimiento o conformación? No. Eso sería físicamente imposible.

Círculos concéntricos
Los círculos concéntricos de las instituciones y la innovación.

     Los seres humanos tenemos distintas preferencias y talentos. Eso significa que nos involucraremos de distinta manera en distintos ámbitos de la compleja experiencia humana. Pongamos sencillos ejemplos. Manuel puede ser altamente influyente con sus conocidos en temas de tecnología pero nadie le pediría un consejo sobre cómo vestirse para una fiesta en un lugar de moda. María es muy popular socialmente, lo cual le permite aprobar y desaprobar palabras en el lenguaje cotidiano para su círculo de influencia, pero nadie le pide consejos sobre cómo manejar sus finanzas personales.

     A Carlos le interesa poco el cine pero mucho la música, de la cual habla constantemente en su programa de radio. Claramente estos tres sujetos humanos van a involucrarse en distintas actividades del pensar y el hacer humanos; al involucrarse van a moldear gustos y comportamientos ajenos. Cuando se estudia el comportamiento del consumidor en los distintos mercados, se recurre a un dispositivo sociológico que llamaremos “los círculos concéntricos de las tendencias sociales”.      La combinación de talento y práctica -cualquiera sea la relación determinante entre ambos- va a elevar como trend-setter (marcador de tendencias) o pionero a ciertos individuos. Constituyen el círculo interior. Estos a su vez contagiarán -y este es el primer paso del contagio o liderazgo de tendencias sociales- a los adoptadores tempranos, quienes si bien no crean -o no siempre lo hacen- las tendencias, son referentes al ser los primeros en adoptar una innovación o hábito.     Los adoptadores tempranos son los gatekeepers -guardianes del portal- de lo que será tendencia. Conforman el segundo círculo concéntrico. Un adoptador temprano es quien decide si lo que los pioneros hacen es apenas algo  excéntrico o es algo que “tiene que” ser adoptado para considerarse actualizado/sofisticado/moderno/bien enterado/etc según el área (ciencia/moda/tecnología/artes/lenguaje cotidiano) de la cual se trate. Es decir que los pioneros proponen y los adoptadores tempranos deciden si se trata de algo relevante o no. Al decidirlo, lo vuelven relevante para quienes les tengan como referentes en su área.        Manuel es a quien emulamos en temas de computación, Carlos nos comentará cuál es la banda interesante del momento y María nos dirá qué se ve bien en un hombre y en una mujer en términos de vestimenta en estos años. Y así sucesivamente. Es decir, quién es “una autoridad en un tema u otro. El tercer círculo concéntrico entonces está compuesto por los participantes comunes. En este punto hay que aclarar que el término “común” sólo se refiere a la forma de participar en una o varias tendencias.       Aunque hay roles en forjar las tendencias, los ocupantes de los roles no son siempre los mismos individuos (“los creadores de modas pasan de moda”, podríamos decir, y recordemos que moda significa “lo más usual” en jerga de Estadística). Cuando los participantes comunes han adoptado masivamente (grandes números relativos al universo total posible) una innovación o hábito, podemos decir que hay una nueva tendencia social en dicho asunto.      En el cuarto círculo tenemos a los participantes conservadores, los que sólo se unen cuando ya ha llegado una nueva normalidad. Esto suele ser muy notorio en los cambios tecnológicos o en la moda, cuando el uso de teléfono móvil o un cierto corte de cabello son adoptados por los participantes conservadores sólo cuando ya es un hecho consumado para el resto de la sociedad. De hecho hay una cierta transmisión de este tipo entre estratos sociales con ciertos grupos “huyendo” de los otros con cambios de lenguaje y moda para re-exclusivizarse todo el tiempo a medida que son “alcanzados” (emulados) por otros grupos.       Finalmente, en el quinto círculo concéntrico encontramos a los reacios, quienes se niegan a participar de una tendencia determinada. Hay gente que se niega a utilizar teléfono móvil o hacerse un corte de cabello o incluso utilizar una computadora personal. Todos conocemos algún caso directa o indirectamente.  Innovation cycle      La adopción de tecnología es particularmente concéntrica: quienes tienen mayor intensidad (interés) en un nuevo producto o tecnología lo adoptarán o comprarán cuando es caro. Al comprar su tiraje inicial, ayudan a recuperar la inversión inicial. Con esos fondos el entrepreneur producirá tirajes sucesivamente mayores en volumen y menores en precio, para llegar a quienes tienen menor intensidad (interés) y no pagarían una prima (precio extra) por la novedad o exclusividad inicial. Es así como los mercados masifican (“democratizan”) la tecnología y los bajos precios. Con o sin rivales en el horizonte, un entrepreneur visionario (miopes hay muchos) sabrá llegar a capas crecientes de la sociedad porque, simplemente, es un excelente negocio.    Las instituciones y los círculos concéntricos de la sociedad  Una vez que hemos explicado qué son las instituciones en sentido sociológico y cómo funcionan los círculos concéntricos de las tendencias sociales, es momento de conjugar ambos. (Por cierto, este es un vacío en la propia escuela de Menger, donde siguiendo a Hayek se sabe que es un orden espontáneo en el sentido de que no está diseñado verticalmente, sin embargo no lo es en el sentido de que no haya liderazgos e influencias asimétricas).       De alguna manera podríamos hablar de los pioneros y adoptadores tempranos como entrepreneurs sociales y al resto de la sociedad como su clientela. Y como a estas alturas de la Historia sabemos, la relación entre entrepreneur y consumidor/cliente puede resumirse en la siguiente fórmula: el productor propone y el consumidor dispone. Un adoptador temprano es el primero de los consumidores y pero a la vez un productor (proponente) hacia los demás. Un conservador es un cliente tardío. Un reacio se niega a participar, etc.       De nada sirve una moneda que nadie utilice, unas cortes que nadie utilice como referente de transparencia y justicia, unas empresas que no atraigan clientela o trabajadores capaces, etc etc. Las instituciones son instituciones pues han arraigado. Pero arraigan porque para empezar alguien propuso esos hábitos o protocolos sociales que llamamos instituciones. Y para arraigar, alguien debe dar el ejemplo de su utilización y éxito. Aquí es donde encontramos el punto de encuentro entre la noción mengeriana de instituciones y la de los círculos concéntricos de los mercados y las tendencias sociales en general. Son los pioneros y adoptadores tempranos quienes marcan en toda era de un país la existencia, la calidad y el éxito de sus instituciones. Por eso el rol de las élites (en el sentido cultural, intelectual y sólo adicionalmente, material) es tan determinante.  Conclusión       Las sociedades humanas tienden a algún tipo de aristocracia (hereditaria en esquemas feudales, política en sistemas totalitarios, meritocrática en sociedades abiertas, combinaciones de aquellas en sistemas mixtos). Los comportamientos, estilos e ideas de quienes se colocan en la arista, impactarán decisivamente sobre la calidad de vida en su sociedad. Aquellos determinarán si el resto de la sociedad percibe el orden social existente como justo o injusto, como abundante o escaso de oportunidades, como libre u opresivo, etc etc.       En otras palabras, nos afectamos mutuamente y en distintos temas siguiendo un esquema concéntrico y ese es el método de liderazgo de hábitos en sociedad. Mucho se ha dicho sobre el rol de las instituciones en el éxito de un país (y definamos éxito sencillamente como la capacidad de permitir una calidad de vida balanceada, sin carencias materiales o culturales a sus habitantes) pero la calidad de las instituciones depende de tener liderazgos y ejemplaridades cuando emergen y mientras se sostienen. Un país exitoso entonces es uno en que sus entrepreneurs sociales siembran y sostienen instituciones de cierta calidad. Un país exitoso sólo es posible cuando las cabezas -los liderazgos, grandes y pequeños- son los primeros en cumplir las reglas y hábitos que sugieren a los demás.  Lecturas recomendadas:– “Por qué fracasan los países” – Daron Acemoglu y James A. Robinson
– “Power & Market” – Murray N. Rothbard
-“The Tipping Point” – Malcolm Gladwell
– Video: El primer seguidor (un adoptador temprano) hace al líder, un líder. *A veces se define al dinero como un medio de pago de validez universal, pero hay que entender que un universo o totalidad puede ser reducido geográficamente aunque dentro de él, se acepte universalmente algo como dinero. O puede tratarse de un universo en red (redes entre fronteras) o entre nichos.**Gracias al dinero los intercambios pueden ser en el tiempo (no inmediatos en el sentido de una doble coincidencia de necesidades mutuas en el intercamio) y a través del espacio, entre lugares diversos. Esto permitió el intercambio intensivo entre zonas geográficas más allá de la subsistencia local.***Eugen von Böhm-Bawerk, alumno de Menger y profesor de Mises.

****A la usual pregunta de “¿Pero si el Estado no pone orden, quién va a crear reglas y hacerlas cumplir?” se puede responder recomendando la extraordinaria investigación del prof. Bruce Benson titulada “Justicia sin Estado” en que recoge casos antiguos y contemporáneos de órdenes y mecanismos legales producidos desde la propia comunidad y al margen de los políticos.

Por:  Juan Fernando Carpio
Publicado en Economia101, blog académico de la USFQ – Ecuador
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Keynes muere (de nuevo) en Europa del Este

El keynesianismo es una síntesis mecanicista de varias ideas previamente equivocadas y refutadas.

Keynes ha muerto. No en los EEUU ni Latinoamérica lamentablemente, donde aún es el economista mas influyente en izquierdas y derechas. Pero afortunadamente una región del mundo aparte de la sabiamente pragmática Asia, ya está dando pasos para enterrar a Lord Keynes y su influencia. Se trata de 8 países con mercados mayormente abiertos interna y externamente, impuestos de tasa fija y un sector privado entendido no como vaca lechera sino con existencia por derecho propio.

Lord Keynes se pasó la vida entera tratando de convencer al mundo de que “el mercado” no podia manejarse a sí mismo y necesitaba gente -como él, claro- para intervenirlo. Keynes es nada más y nada menos que el santo patrono de los tecnócratas de todo el mundo. De izquierdas, en forma de deficits elevados e impuestos altos. De derechas, en forma de retención de impuestos en la fuente y de intervenciones “para la eficiencia”. Pero el sistema keynesiano ignoraba dos realidades fundamentales: a) el mercado es un proceso, la suma de acciones individuales que buscan el acierto y tratan de evitar el error, y b) la Ley de Say de los mercados, que nos enseña que la producción genera capacidad de consumo inevitable y proporcionalmente. Por lo tanto, la causa de las crisis económicas debe buscarse en otro lado. En eventos impredecibles como guerras y desastres naturales, o en la igualmente desastrosa actividad del gobierno en la economía, que debe pagarse tarde o temprano. Pero las medidas keynesianas de castigar al ciudadano en periodo de vacas gordas, para supuestamente ayudarle en el de vacas flacas, en realidad nunca fueron acertadas. Más que cualquier otra cosa, sirvieron durante todo el siglo XX para que los gobernantes se volvieran gastadores y elevaran impuestos, adquirieran deuda y provocaran inflación sin consecuencias, porque tenian una teoría justificándoles.

Como dijo el keynesiano John K. Galbraith, “Hitler fue el verdadero exponente de las ideas keynesianas”. Su influencia llevada consecuentemente a la practica generó déficits, hiperinflaciones y pérdidas de inversiones y capital humano en todo el mundo, pero sobre todo en Latinoamérica. Gracias, Lord Keynes.

En contraste, cuando los estadounidenses de ideas keynesianas quisieron aplicárselas a la Alemania de posguerra, el sagaz ministro de finanzas Ludwig Erhard les dijo “no, gracias”. ¿El resultado? Ese país vivió un verdadero “milagro económico” en contraste con la keynesianamente administrada Francia, que hasta el dia de hoy sigue siendo un país receptor de subsidios internacionales. En contraste también, y luego de haber vivido 40 años de socialismo, 8 países de Europa del Este le dicen “no, gracias” a las ideas de economía mixta en el aula, la prensa y sus políticas. Las facultades de Economía enseñan autores que derrotaron a los keynesianos en la teoría y en resultados, como Milton Friedman (a pesar de ser en ciertos puntos un keynesiano de derechas) y sobre todo los grandes Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek y su Escuela Austriaca.

Tiene sentido: después de haber probado el desastre completo, no quedan ganas de probar el desastre a medias. Nada de economía mixta o pajaritos preñados, piensan en las mejores facultades de Republica Checa, Estonia o Lituania: hay que hacer lo que los estadounidenses, suecos e ingleses hicieron para desarrollarse, no las barbaridades que hacen ahora que ya pueden darse ese lujo. Como resultado, ellos también viven su propio milagro económico, creciendo a un 6-7% anual y abandonando muy velozmente la pobreza moral y material en que les dejó el socialismo. Sigamos el ejemplo de Europa del Este: ya no seamos keynecios.

(publicado originalmente en junio de 2013)