Sobre la (supuesta) acumulación de capitales en pocas manos

Uno de los argumentos habituales contra el libre mercado, es aquel que dice que la riqueza

circa 1920: A group of miners receiving their wages after finishing a shift in the coal mine. (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

circa 1920: Un grupo de mineros recibiendo su salario en los exteriores de una mina.

muy pronto empezará a concentrarse en pocas manos. Es decir, que el mercado lleva a más desigualdad, y a más concentración de los recursos.

Diferencia entre clases sociales aumenta: falso.

Sobre el primer punto, hay un gráfico totalmente diáfano en el libro de Johan Norberg que demuestra que las economías más liberales tienen una diferencia de ingreso de 14 veces entre su quintil (20%) más rico y el relativamente más pobre. En los países más totalitarios/intervencionistas/feudales, la diferencia es de 32 veces.

Concentración de la riqueza aumenta: falso

Otro gráfico de dicho libro demuestra el cada vez más reducido peso de las grandes corporaciones sobre la economía norteamericana. Y cuando digo peso, digo responsabilidad por las innovaciones, generación de empleo y mejora en métodos gerenciales. Se ha masificado el acceso al capital y por ende, al know-how necesario para crearlo y sostenerlo.

Sin embargo, el punto principal de mi exposición hoy es el descubrimiento en la magna obra de George Reisman del capítulo sobre Net Consumption / Net Investment, que pone el clavo final en el féretro del ataúd keynesiano/monetarista. Como demuestra paciente y detalladamente Reisman, en el contexto de una cantidad invariable de dinero (la misma cantidad de dinero cada año durante algunos años), las ganancias empresariales no tienden a desaparecer vía arbitraje. Sin embargo, mientras más capitalista es una economía (segura en propiedad y contrato, y largoplacista culturalmente concomitantemente) más bajas son las ganancias empresariales. Esto es así debido a que la capitalización de una empresa es inversamente proporcional al grado de consumo presente de sus accionistas/propietarios. Esto explica claramente (además del acopio de know-how internacional ya creado por Inglaterra, EEUU et al.) por qué el despegue japonés le permitió ser llamado un país “milagro”: las empresas tenían una fuerte orientación hacia la postergación del consumo. Era muy raro ver un despliegue de derroche de parte de sus directivos, y los propietarios no sangraban a la empresa en utilidades cada año; la capitalizaban para el siguiente. De esta forma las tasas de crecimiento económico son fenomenales.

Ahora bien, el concepto de la consultora Stern Stewart llamado EVA®, ha permitido a las empresas norteamericanas generar más valor para los accionistas sin caer en la falacia del modelo renano, es decir, la imposición de la redistribución o el stake-holding británico, donde la “comunidad” (elegida por funcionarios, y por ello las comillas) tenía que destinar los fondos de la empresa. El EVA® permite concentrarse en la creación de valor y junto con el concepto de gobierno corporativo, es posible armonizar los intereses de ejecutivos (demostrar resultados pronto y ascender) con los de los accionistas (valorizar sus acciones y elevar sus dividendos a la vez). Nuevamente es una solución de mercado, la que permite a los norteamericanos acoplar lo que parecería un descubrimiento nipón pero que simplemente era el reflejo de eras más liberales de la humanidad (pensemos en el s.XIX por ejemplo), donde el disfrute no implicaba sacrificio, gracias al Capitalismo. Japón simplemente tenía una cultura frugal por la postguerra, pero no debe considerarse eso virtuoso, si no una coincidencia favorable pero de ninguna manera necesaria para un despegue similar.

Volviendo al punto de la concentración: las empresas/propietarios que elijan presentar utilidades altas por encima de capitalizarse, incurrirán en consumo presente vs. Acopio de recursos (inversión). Por ende, las empresas que privilegien la valorización de sus acciones irán ganando tamaño en el mercado. Esto, desde luego y aunque ocurra a la par de la desconcentración que mencioné anteriormente, es un fenómeno totalmente favorable para la sociedad. Que quienes más ahorran, avizoran e invierten tengan cada vez más recursos en sus manos, y que quienes privilegian el ocio tengan menos para administrar, es bueno para la sociedad en su conjunto. Irónicamente, permite mejor producción y por ende mejor y más ocio. La armonía de intereses nuevamente se ve asegurada gracias a la economía de mercado (redundancia donde las hay), el Capitalismo.

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *