¿Quién fija los precios en el mercado: el productor o el consumidor?

Como podemos darnos cuenta, los intercambios son la única fuente posible para los precios. Los precios no “miden” el valor, sino que lo reflejan. Siempre el valor excede los precios y los aumentos de valor percibido provocan precios mayores; lo opuesto es cierto también.

Una idea altamente difundida pero errónea, es esa de que los empresarios fijan los precios (“pueden poner el precio que quieren y nosotros aceptamos”). En realidad como el dicho popular sobre el romance dice: “el hombre propone y la mujer dispone”, en este caso tenemos que “el productor propone y el consumidor dispone”. Por eso economistas como W.H. Hutt habló de la soberanía del consumidor. Ciertamente son los productores quienes crean, modifican y retiran líneas enteras de productos del mercado pero no lo hacen caprichosamente sino en un esfuerzo por tratar de predecir o seducir al consumidor. Cuando un almacén de ropa hace “rebajas” o “liquidaciones” está en el fondo diciéndonos: “nos equivocamos en el precio o en la cantidad que ofrecimos”. El precio no es el precio propuesto en una etiqueta o escaparate, sino el precio “al que realmente se vendió”.

Así, vemos que si bien el productor intenta fijar pero en el fondo sólo puede proponer, un precio aparece sólo cuando hay una venta.

¿Quién está a expensas de quién en una relación comercial? Las empresas hacen esfuerzos inmensos por generar programas de afiliación, tarjetas de descuento y otro tipo de mecanismos de fidelización del consumidor. Pero el consumidor y el productor no son personas particulares sino roles. Nosotros cuando somos productores buscamos la fidelidad del cliente para poder planear nuestros ingresos y tener seguridad. Pero en nuestro rol de consumidores de todo lo demás (y a veces incluso con los propios productos de la empresa para la cual trabajamos) solemos ser caprichosos, inconstantes y “crueles”. Pensemos en una discoteca: a sus dueños les conviene una clientela estable y que consuma lo suficiente dentro de ella. Pero al resto de nosotros nos encanta variar lugares o ser constantes mientras nos gusta su ambiente para abandonarla apenas esto cambia. Al igual que en otros temas de la Economía, las personas juegan distintos roles en distintos momentos y a veces la mismo tiempo. Al contrario de lo que pensaron los seguidores de Karl Marx y otros fatalistas, no se trata de “clases sociales” sino de papeles que jugamos en distintas etapas de nuestras vidas o momentos del mismo día.

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