Por qué los animales no tienen derechos

Los derechos, sintetiza de forma muy lockeana Ayn Rand, son principios morales que definen y sancionan la libertad de acción de un individuo en un contexto social. Analicemos por partes esta definición.

20130215-200621.jpg Moralidad no se refiere -por supuesto- a ningún concepto religioso, sino a la existencia de algo llamado freno moral. El freno moral no es sino la posibilidad de reprimir, canalizar o postergar instintos utilizando alguna clase de regla interior o principios. Como explica Robert Wright, el ser humano es the moral animal. Desde luego hay seres humanos amorales en diversos grados (literalmente desprovistos de las conexiones neurales o aprendizajes necesarios para la empatía) pero incluso aquellos son capaces de un cálculo de consecuencias de sus acciones en un contexto social y limitar sus comportamientos en base a éste. Es decir que o bien por apego a alguna regla interior (principios) o exterior (malas consecuencias en sociedad) o ambas cosas, los seres humanos son capaces de imponer la razón por sobre sus instintos.

No se puede decir lo mismo de un delfín (y por eso es profundamente equivocado hablar de violaciones en esa especie), un león o una serpiente. El precio que pagamos los humanos por ese nivel de raciocinio (y capacidad introspectiva así como manejo del tiempo) es una reducción del peso de los instintos. Tenemos instintos relativamente débiles y fragilidades varias como precio evolutivo pagado por nuestras excepcionales ventajas de otro tipo. Un cachorro de perro de tres meses de vida puede encontrar alimento y refugio en Tokio con cierta facilidad, mientras que un cachorro humano de la misma edad seguramente moriría a menos que sea rescatado. La naturaleza humana implica el descubrimiento (o aprendizaje) de medios y fines para la supervivencia. Esta responsabilidad extra implica también posibilidades extra y el ser transformadores del entorno. Por eso necesitamos derechos: no podemos invadir el cuerpo ni los bienes legítimamente adquiridos de otros sujetos sin su consentimiento o ese entorno arbitrario impedirá nuestra supervivencia que no es automática sino muy contexto-dependiente. En este caso, dependiente de cierta productividad al menos mínima -y más delicada mientras más población tengamos- como cazadores-recolectores, agricultores o industriales. Necesitamos límites -y minimizar arbitrariedad así como conflictos- para sobrevivir como especie, a diferencia de otras en que la fuerza del macho alfa y sus alianzas determinan acceso o no a recursos o reproducción entre otras cosas. Los seres humanos son capaces de cooperación social voluntaria (es decir mercados, la capacidad de colaborar con extraños y no sólo con parientes) y de crear riqueza, no sólo tomar lo que el entorno provee. La vida del ser humano qua ser humano, es decir, qua ser poseedor de una mente y desprovisto de instintos automáticos, requiere de espacios de autonomía o libertad. Aunque la naturaleza humana sea falible y no toda cultura eduque por igual en el respeto al derecho ajeno (e incluso haya ideologías que propongan la agresión frontalmente) es ciertamente tendiente a la cooperación pacífica entre extraños.

La libertad de acción, de descubrimiento, de creación, debe reconocer igual libertad para otros sujetos. Esta es la razón por la cual los animales no son sujetos de derechos (ni de obligaciones). Los derechos traen una obligación inevitable: la de respetar idénticos derechos a otros sujetos también sujetos de derechos.

Pero, ¿no debemos tratar mejor a los animales? ¿Incluso obligarnos por ley a ello?

Sí, sin duda hay mucho que avanzar en ese sentido. Creo principalmente en la educación para la compasión y el ostracismo social (negarle tarjetas de crédito, empleos, acceso a restaurantes, etc) para quienes sean maltratadores de animales. Es decir mecanismos sociales -no-violentos, contractuales- de exclusión. Me parece que usar mecanismos legales (toda ley implica hombres armados y cárcel para hacerla cumplir) es largamente peor que el problema. Enjaular humanos para impedir malos tratos (o tortura o mutilaciones o abusos sexuales) a los animales es absolutamente degradante y contradictorio. Las leyes deben ser pocas y rodear de garantías a los portadores de derechos. Para todo lo que nos desagrada, incomoda o entristece, pero no viola derechos, existen las acciones sociales como el boicot, el desprestigio, la presión, el soborno (pagar a alguien para que cese X comportamiento o nos entregue a sus animales). No hay aprendizaje social alguno si prohibimos por ley algo que debe ser internalizado por una sociedad.

¿Qué alternativas hay entonces?

Se me ocurren dos alternativas: la propiedad condicionada y el tutelaje.

La propiedad condicionada funciona como los ríos en Noruega (y otros países): los vecinos son dueños del río por tramos. Pero no pueden modificarlo ni cambiar su carácter esencial. La propiedad sobre ciertos animales -en el discurso animalista nunca se menciona a cucarachas, mosquitos, solitarias estomacales, etc. y por una buena razón- podría ser reformada en este sentido. La propiedad podría implicar cierto limite en los usos y la relación con dicha propiedad.

El tutelaje sería más bien algo parecido a lo que hacemos con los niños o personas con ciertas discapacidades mentales: alguien o una organización adquiere -voluntariamente- la tutela de un animal, con la responsabilidad -autoadquirida, repitámoslo- ante un juez de aportar su sustento y con al menos tres límites: no torturar, no mutilar y no derivar placer sexual de la relación. El juez con peritos del área determinarían quienes son aptos -y sanos psicológicamente- para esta figura.

Conclusión

Los animales -en su conjunto y sin negarles la posibilidad a priori- no tienen derechos pues no tienen los mecanismos o -casos de primates avanzados- aún no han aprendido las normas básicas de respeto de idénticos derechos de otros sujetos. Sin ese pacto básico -no robar, no matar- no es posible distinguir moralmente entre acciones legítimas o acciones ilegítimas (que impliquen uso de tribunales y cárcel) en sociedad. Sin embargo podemos ir perfeccionando los mecanismos para reducir la crueldad hacia los animales con los que sentimos mayor empatía -si somos algo sinceros, con mamíferos y animales de ojos en el frente antes que otros- mediante una clasificación honesta de relaciones con ellos. Las especies no son iguales entre sí para efectos de empatía y normas: reconocerlo es el primer paso hacia una relación mejor.

3 Comments

  1. Ma Mercedes Arévalo
    Feb 15, 2013

    Conclusión: los animales no pueden tener derechos porque no pueden reconocer, en otros, su especie u otra; derechos.

  2. Integura
    Feb 16, 2013

    Binti Jua, Gorila del zoológico de Brookfield, cerca de Chicago.. ¿Actuó acaso por bondad y empatía?, ¿Creen que no supo diferenciar que aquel niño, no era de su especie?.. Creo que debemos dejar un poco abierta la brecha de percepción animal, por otro lado, me parece justo, modificar y promover métodos alternativos de respeto y límites, basándonos en nuestra “superioridad como especie”.

  3. Mario E. Archila
    Feb 18, 2013

    Reblogged this on Impuestos y Moral and commented:
    Es una buena idea leer esto para no decir “burradas”.

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