No existe ninguna “mano invisible” sino la naturaleza humana

No existe ninguna “mano invisible” sino la naturaleza humana

Si uno pregunta a un grupo de personas en la calle “¿qué pasa con el precio de algo si su cantidad escasea de un día para el otro?” la respuesta unánime es “subirá”. Sin embargo el mismo grupo de personas denunciará o incluso usará la fuerza (leyes, policías, soldados) contra el “acaparador” que al día siguiente de un terremoto, suba el precio del agua embotella de -digamos- $1 usd a $5usd. ¿Cómo es posible vivir con tal disonancia conceptual, me pregunto yo?

Si por un lado asumimos como natural y lógico que suban los precios ante una mayor escasez de un bien, y por otro pensamos mal (es “avaro, codicioso, desalmado, inhumano”) de quien sube los precios en plena tragedia, creo que hemos aceptado inconscientemente la idea de que la economía la mueven fantasmas, duendes o cualquier tipo de “mano invisible”.

Me explico: para que un precio suba en respuesta a la escasez, es obvio que no son entidades invisibles o unas leyes de la economía que están flotando por ahí en el éter, quienes suben el precio. Lo hace el autointerés racional de las personas. Y es que ante dicha escasez sólo hay dos formas de reparto posible: económica y política. El reparto económico del agua escasa en medio de un terremoto se da via subasta abierta (un seller’s market) que eleva los precios del bien. El reparto político se hace mediante cuotas, colas o diplomacia (“conozco por años al dueño de la tienda, seguro me vende a $1 o $2usd el botellón de un galón de agua”) en cuyo caso se pagará mediante mala asignación, tiempo malgastado y favores a pagar después, ese descuento en el precio. El reparto político es notablemente injusto y torpemente lento. Es una tentación tan antigua (Hammurabi ya controlaba precios y cortaba la mano a quien violase sus precios máximos) como contraproducente. Veamos por qué.

Si el dueño de la tienda de barrio puede subir el precio a $5, siguiendo su autointerés (buscando un beneficio extra para él y su familia), ese precio extraordinario es una clara señal (e incentivo) para que los tenderos y comerciantes de poblaciones aledañas a la suya, lleven botellones de agua al área afectada. De este modo y por el efecto inverso al de la inicial subasta, el precio bajará a $4, $3 o tal vez incluso $2usd por litro si es fácil llevarla en buenas cantidades. Si en cambio el precio era fijado por decreto (un alcalde o gobernador que ponga multas o cárcel a quien venda por encima de $1usd como era factible antes) dicha señal/incentivo jamás se hubiera generado y hubiera habido agua de $1 por pocos días (¡u horas!) y no un suministro constante durante meses (o años si tardan las reparaciones) desde otras locaciones.

Ciertamente la Cruz Roja y decenas de organizaciones de voluntarios estarán ahí las primeras semanas con agua y otras vituallas para el terremoto. Pero lo único que asegurará un suministro sustentable de agua a la ciudad que ahora tiene las tuberías rotas por el terremoto, es la perspicacia comercial. Si no dejamos que el precio se eleve, no habrá suficiente incentivo para traer agua adicional, simplemente.

Además, un precio de $5 inicial hará que el agua sea cuidada como un tesoro (que de momento y por el terremoto en efecto, es) y sus usos más dispensables sean sacrificados a favor de los más indispensables en cada hogar. Incluso se sacrificará otros bienes para obtener agua, enfocando a la comunidad en su conjunto a mejores usos de sus ahorros e ingresos. En otras palabras, los precios nos ayudan a coordinar razonablemente nuestros comportamientos.

En este y otros ejemplos entonces queda claro que no se trata de una “mano invisible” ni que las leyes de la Economía se cumplan “solas” sino que son los tenderos, bodegueros “acaparadores” y comerciantes como los de este ejemplo los que suben los precios y nos ayudan a hacer uso adecuado de recursos escasos. La metáfora de la “mano invisible” jamás me gustó por eso: introduce un elemento animista, cuando en realidad es la capacidad humana de razonar sumada al afán de lucro lo que nos permite tener una economía funcional y que cada año beneficia más a todos, en especial a los más pobres.

7 Comments

  1. Juanfru
    Feb 23, 2011

    Muy buen artículo, como casi todos. Te sigo desde hace algún tiempo, y comparto mucho de lo que escribes. Sin embargo quisiera que me aclares tu posición respecto a algo sencillo: y los oligopolios? los monopolios? es decir, lo normal en un mercado “verdaderamente libre” (que también es un poquito utópico, lo aceptamos, verdad?) es que el precio elevado del botellón de agua genera incentivos para que otros actores lleguen a competir. Pero si estos otros actores se ponen de acuerdo para no bajar precios? Como más o menos es el pacto tácito entre las telefónicas ecuatorianas: tarifas similares, caducidad de las tarjetas prepago (eso es una verguenza, en Europa dejaron de hacerlo hace rato!), etc… En fin, sin desviarme… si el mercado no es tan perfecto (es decir, no tan verdaderamente libre) no es humano también pensar en algún tipo de regulación??

    Muchos saludos,

    • Juan Fernando Carpio
      Feb 28, 2011

      Hola Juanfru:

      Los pactos tácitos son a) éticamente válidos (es el uso de la propiedad privada de esas empresas, no existe tal cosa como el “derecho a la telefonía celular” sino que obtenemos el servicio pagando lo suficiente como para que esas empresas nos lo quieran proveer) y b) económicamente eficientes pues en la medida en que los actores no hagan trampa (bajando precios para ganarse cuota de mercado a costa de los otros) sabemos que están en su punto de eficiencia dada la existencia de barreras de entrada politico-legales a ese mercado.

      Pero me preocupa que menciones que el mercado “no es tan perfecto” como argumento para regularlo. Lo que hace que haya un duopolio celular (Alegro no cuenta, claro) es una regulación (es decir, la barrera politico-legal de entrada). No se apaga un incendio con más gasolina: eliminemos la regulación que impide entrar una 3era, 4ta o 5ta o 10ma empresa a ese mercado.

  2. y los habitantes que no tenían el suficiente dinero para comprar el botellón de agua durante la emergencia??

    • Juan Fernando Carpio
      Feb 25, 2012

      De todos modos si hay menos botellones, quienes vivan más lejos de la tienda llegarán más tarde. El tendero puede racionar el agua por familia entre familias conocidas, pero no con toda una población. A los conocidos, cupos; a los desconocidos, precios. Así se prioriza y se evita el derroche.

  3. ¿Cómo puedes afirmar que “el reparto político es notablemente injusto y torpemente lento”? Si se interviene en el mercado, es justamente para evitar que se produzcan repartos injustos. (Asumiendo un escenario donde los gobernantes sean más o menos ecuánimes, claro está). Cabe preguntar qué entiendes tú por justicia. Es decir, ¿qué repartición considerarías injusta? De tu escrito se entiende que sería cualquier repartición que no se haya dado como resultado del libre juego de la oferta y la demanda. Si es así, tu definición de justicia es demasiado estrecha. ¿Considerarías justo que, por poner un ejemplo, el 10% más rico de la población acapare el 70% del suministro de agua, sólo porque tiene los medios para hacerlo? Es decir, ¿es injusto un poder político no permita ese desenlace? Así mismo, continuando con tu ejemplo, ¿es justo que (en términos relativos a su ingreso) los pobres deban pagar mucho más que los ricos por un elemento tan vital como el agua? Como sabes, el incremento del precio del agua resulta prácticamente imperceptible para los ricos, mientras que para los pobres el mismo incremento causa un impacto significativo. Si como resultado de un reparto de mercado tenemos a los ricos con reservas abundantes de agua y a los pobres muriéndose de sed, ¿podemos hablar de justicia? Y por último, la suposición que haces que por efecto del incremento del precio, el suministro de agua incrementará de manera proporcional es falso. En primer lugar, si sería tan fácil hacer llegar los suministros de agua al lugar no tendría porque haber escasez, y por tanto la posibilidad de acaparar el bien sería muy reducida. Supongamos que se trata de de un desastre natural que se produjo en un lugar remoto, con un población no tan grande. La inversión necesaria para suministrar agua al lugar sería muy elevada (y demoraría mucho), mientras que los potenciales beneficios que se podrían obtener como resultado del alto precio no justificarían la inversión (dado que el mercado es pequeño). ¿Qué hacer en esos casos?

    Como economistas no podemos ser indolentes a la realidad y enfrascarnos en lo abstracto de la teoría. La realidad es sumamente compleja, y demanda ser analizada con sumo detenimiento. Por tanto no podemos recetar siempre la misma política (deje que el mercado actúe) frente a problemas tan diversos.

    • Juan Fernando Carpio
      Mar 21, 2013

      Sebastián: te voy a responder haciendo fisking, a fragmentos dentro de tu propio texto y utilizando un asterisco.
      ……………..
      ¿Cómo puedes afirmar que “el reparto político es notablemente injusto y torpemente lento”? Si se interviene en el mercado, es justamente para evitar que se produzcan repartos injustos.

      *¿Estás seguro de que para/por eso se interviene en el mercado? ¿Sabes por qué gana Buchanan el Nobel en 1996? Lo gana demostrando y sistematizando un viejo insight liberal: las políticas públicas obedecen a incentivos e intereses velados y concentrados en perjuicio de miles y millones de individuos dispersos que no están agremiados ni tienen acceso a esos privilegios. Me abruma la ligereza de tu afirmación a la luz de la historia humana, sin ánimo de ofender.

      (Asumiendo un escenario donde los gobernantes sean más o menos ecuánimes, claro está). Cabe preguntar qué entiendes tú por justicia. Es decir, ¿qué repartición considerarías injusta? De tu escrito se entiende que sería cualquier repartición que no se haya dado como resultado del libre juego de la oferta y la demanda. Si es así, tu definición de justicia es demasiado estrecha.

      *No es estrecha, simplemente es iusnturalista (respeta los derechos de propiedad lockeanos) y a la vez no es arrogante pues no asume que se sabe qué números deben arrojar exactamente los procesos de cooperación social.

      ¿Considerarías justo que, por poner un ejemplo, el 10% más rico de la población acapare el 70% del suministro de agua, sólo porque tiene los medios para hacerlo?

      *Esta no es una pregunta de economista. Acaparar no significa nada, o lo hace en el léxico de un político. ¿Te refieres a propiedad, a manejo o a distribución del bien? Intentemos ser específicos.

      Es decir, ¿es injusto un poder político no permita ese desenlace? Así mismo, continuando con tu ejemplo, ¿es justo que (en términos relativos a su ingreso) los pobres deban pagar mucho más que los ricos por un elemento tan vital como el agua? Como sabes, el incremento del precio del agua resulta prácticamente imperceptible para los ricos, mientras que para los pobres el mismo incremento causa un impacto significativo.

      *Te recomiendo la lectura urgente de “Agua a la venta” de Frederik Segerfeldt. Cuando el manejo del agua (ni siquiera dije propiedad como los ríos noruegos o ingleses, caso que puedo apostar que desconocías) es privado, la calidad sube y salvar vidas (mira Argentina, Nigeria) es prioridad por sobre un aumento de precio ligero a las clases medias. Además hay más acceso (mira la cobertura en Chile). Creo que elegiste mal el ejemplo y eso sin señalar que el tema era distribución de riqueza al inicio y ahora pasaste a un tema de acceso a un bien específico. Lee el estudio de Segerfeldt.

      Si como resultado de un reparto de mercado tenemos a los ricos con reservas abundantes de agua y a los pobres muriéndose de sed, ¿podemos hablar de justicia?

      *No pero esto no pasa porque “los ricos” ponen el agua a disposición del público de forma empresarial. Estudia la administración fiduciaria de los oasis en Oriente medio en el siglo XIII o de nuevo…lee a Segerfeldt.

      Y por último, la suposición que haces que por efecto del incremento del precio, el suministro de agua incrementará de manera proporcional es falso.

      *No, no es falso. Es falso que yo haya dicho “de manera proporcional”, eso sí. No es bueno ni necesario falsear el argumento de tu interlocutor para intentar refutarlo.

      En primer lugar, si sería tan fácil hacer llegar los suministros de agua al lugar no tendría porque haber escasez, y por tanto la posibilidad de acaparar el bien sería muy reducida.

      *No confundas escasez con carestía. Escasez hay siempre en el mundo o no necesitaríamos economizar y discutir estos temas. Justamente en mi ejemplo del desastre natural no hay facilidad de repente para que lleguen los suministros de agua. No entendiste el planteamiento, me llama mucho la atención eso. Si se rompen las tuberías, justamente pasa lo que pasa: hay un dilema precios vs. distribución política.

      Supongamos que se trata de de un desastre natural que se produjo en un lugar remoto, con un población no tan grande. La inversión necesaria para suministrar agua al lugar sería muy elevada (y demoraría mucho), mientras que los potenciales beneficios que se podrían obtener como resultado del alto precio no justificarían la inversión (dado que el mercado es pequeño). ¿Qué hacer en esos casos?

      *Un mercado pequeño (un pueblo pequeño por ejemplo) equivale a un barrio de un pueblo o ciudad grande. Asumes por alguna razón que alguien no va a tener interés en llegar. Lo cual me dice que no conoces la realidad nacional en la mayoría de zonas pobres de Latinoamérica: llegan y llegan siempre los tanqueros y las camionetas cargadas de bidones, tanques y botellones de agua. No veo por qué pensarías que no ocurriría con un pueblo vecino.

      Como economistas no podemos ser indolentes a la realidad y enfrascarnos en lo abstracto de la teoría. La realidad es sumamente compleja, y demanda ser analizada con sumo detenimiento. Por tanto no podemos recetar siempre la misma política (deje que el mercado actúe) frente a problemas tan diversos.

      *Creo que necesitas entender qué es el mercado a cabalidad, Sebastián. Te recomiendo revisitar las obras de Bastiat, Hazlitt, Rothbard, Mises y Hoppe. Por ejemplo “The Economics and Ethics of Private Property” de Hans-Hermann Hoppe o si quieres algo más técnico “Man, Economy and State” de Murray Rothbard.

      Lo de la indolencia prefiero no respondértelo, me parece terriblemente arrogante ir de visita a un blog ajeno a comparar indolencias y sensibilidades en vez de atenerse al tema en cuestión. Sobre la complejidad de la realidad justamente y porque concuerdo, necesitamos menos ligereza al juzgar como positivas o bienintencionadas las intenciones de los reguladores y policy makers. Y finalmente el mercado libre es un mecanismo que -si lo estudias con la profundidad debida- justamente ofrece la variedad de respuestas que el mercado regulado que hay en casi todo en este mundo socialdemócrata, no te permite visualizar. Buchanan, Segerfeldt, Rothbard: realismo político, datos empíricos y buena teoría económica en vez de esos modeluchos neoclásicos a los que fuimos sometidos y que no explican la realidad de los primates avanzados y creativos que somos.

  4. Juan Fernando, te agradezco por haberte tomado el tiempo de contestar con detalle mi comentario. En primer lugar lamento si te llegaste a sentir ofendido o si percibiste arrogancia en mi comentario. Esa no fue la intención. La intención es debatir y contrastar posturas, siendo crítico y duro con las ideas y gentil con las personas. Por tanto te ruego que no te tomes personal mis comentarios. Y si no lo has hecho, enhorabuena. Dicho esto solo quisiera hacer unas cuentas puntualizaciones, dado que, como buen profesor que eres, me has mandado bastantes deberes jajaja.

    En primer lugar dices que te abruma la ligereza de mi afirmación de que “si se interviene en el mercado, es justamente para evitar que se produzcan repartos injustos”. Antes que nada me parece un tanto divertido lo que dices dado que justamente lo que yo critico de tu post son las generalizaciones que te permites hacer, como por ejemplo: “el reparto político es notablemente injusto y torpemente lento”. No ignoro los incentivos perversos que muchas veces están detrás de las políticas públicas. No creo en la infabilidad del gobierno y ni en la buena voluntad de los políticos. ¡Sería absurdo! Pero tampoco creo que la lentitud y la injusticia son las marcas registradas de la intervención pública. Considero que hay muchos casos de intervenciones públicas exitosas. Por tanto pienso que no es preciso generalizar.

    En segundo lugar afirmas que no se puede dar una situación donde, digamos el quintil más rico se adueñe de las reservas de agua (para su consumo), privándoles del líquido al quintil más pobre. Y la razón por la cual esta situación no se puede dar es porque los ricos pondrán el agua a disposición del público de forma empresarial. ¿Por qué asumes este comportamiento empresarial? ¿Qué tal si no lo hacen, si en vista a la catástrofe deciden guardar el agua solo para su consumo? ¿Qué te dice que no lo van a hacer?

    Y por último, con respecto a mi comentario final, no pretendí ser arrogante ni poner en duda tu calidad humana o profesional al decir que ” como economistas no podemos ser indolentes a la realidad y enfrascarnos en lo abstracto de la teoría”. Si pareció así, lo lamento mucho. Personalmente creo que ante tanta injusticia en el mundo muchos economistas sentimos una desesperación por hacer algo al respecto, lo cual muchas veces se traduce en intervención pública. Creo que dejar que el mercado actúe libremente no siempre es la solución más eficaz para corregir estas injusticias. Por tanto, con mi comentario no pretendí criticarte a ti, sino a la doctrina. Creo que el mercado si puede ofrecer soluciones, pero bajo ciertos contextos estas pueden tardar mucho en darse. Por lo que pienso que la intervención pública muchas veces puede ser un potente catalizador de justicia social.

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