¿Más seguridad a través del Estado?

 por Jörg Guido Hülsmann, PhD

Para la gran mayoría de los ciudadanos existe una sola sencilla y efectiva solución a nuestro problema de seguridad: otorgar el monopolio de la fuerza al Estado. Otra alternativa les resulta inconcebible. El objetivo de este artículo es poner dicha afirmación en duda.

Seguridad e inseguridad

Bajo seguridad entendemos la tenencia ininterrumpida de propiedad justamente obtenida, o sea la propiedad sobre:

1. el propio cuerpo.
2. objetos que no tenían dueño, y que el propietario transformó a través de sus acciones, convirtiéndose así en su primer propietario.
3. objetos que el propietario obtuvo a través de la transformación de objetos de los que es primer propietario.
4. objetos que pertenecían a otras personas, y que obtuvo a través de transacciones voluntarias con las mismas -regalo o intercambio.

Hablamos de una violación de la propiedad cuando un tercero se apodera o hace uso de un objeto en contra de la voluntad de su propietario (expropiación) o cuando hay amenaza de expropiación. “Inseguridad” implica que la resolución de este conflicto puede quedar en manos del expropiador. La producción de seguridad tiene como objetivo proteger la propiedad justamente obtenida, y todas las actividades que impiden o dificultan el uso y goce de la propiedad constituyen un factor de inseguridad.

Fuentes generales de inseguridad

¿Por qué hay personas que no cumplen con las normas de convivencia arriba nombradas? Podemos distinguir tres casos básicos: 1. Personas que no están para nada interesadas en la vida en sociedad. Este caso no nos interesa, ya que lo que nos ocupa es entender la organización de la sociedad. 2. Personas que son de la opinión de que las normas nombradas no constituyen elementos indispensables de la organización política de toda sociedad. Cuantas más personas de este tipo existan en una sociedad, más insegura será la misma. A este tipo de fuente de inseguridad la podemos denominar inseguridad política. 3. Existen algunas características de la naturaleza humana que constituyen una fuente de inseguridad, aún en aquellas sociedades en las que se aceptan las normas básicas. El origen de este tipo de inseguridad se origina en insuficiencias intelectuales y/o morales. –

Las insuficiencias intelectuales son causas de inseguridad porque a veces no es del todo simple y claro determinar a quién pertenece qué, por ejemplo, cuando surge un problema no previsto en el contrato original. Por lo general, la inseguridad que surge de esta fuente es de corto plazo. – Las insuficiencias morales constituyen una fuente de inseguridad muy diferente. Ocurre cuando una persona A sabe muy bien que otra persona B es el legítimo propietario de un determinado bien, y decide tomarlo de todas maneras. Este caso abarca delitos tales como robo, asalto, homicidio, etc. También en este caso, la inseguridad radica en la incompatibilidad de los deseos de dos personas de quedarse con un determinado bien. La inseguridad proveniente de esta fuente tiende a ser más importante. La pregunta que ahora queremos responder es: ¿Cuál es el tipo de organización política que nos permite reducir la inseguridad de manera más eficiente?

Los aspectos positivos de la inseguridad

Existen caminos indirectos a través de los cuales la existencia de cierto grado de inseguridad puede tener consecuencias positivas. Esto, pues los medios utilizados para combatirla aportan elementos que se pueden utilizar en otros aspectos relevantes de la vida. Al resolverse un conflicto con éxito, se crean antecedentes para resolver eficazmente conflictos similares en el futuro. Pero las ventajas indirectas de la inseguridad tienen un alcance aún mayor. El principal medio a través del que minimizamos la inseguridad es el lenguaje, que nos permite discutir y argumentar con nuestros oponentes, y que también nos permite ganar el apoyo de otras personas. Un medio relacionado con el lenguaje y la argumentación es la objetividad. El lenguaje, la argumentación, la objetividad y la racionalidad constituyen medios para resolver conflictos y reducir la inseguridad, pero nos son útiles en numerosos otros aspectos.

Nuestras actitudes hacia los demás también provienen, en muchos casos, del manejo en situaciones de inseguridad. El estar abierto a distintas opiniones y puntos de vista constituye parte de una estrategia de prevención. Un caso similar lo constituye la tolerancia, que permite reducir el número de conflictos posibles a los que nos podríamos enfrentar. Estas habilidades y actitudes se ven promovidas por el hecho de que los individuos se ven obligados a lidiar con conflictos. De manera que los potenciales conflictos producen incentivos que promueven el desarrollo cultural. Esto a su vez significa que una drástica disminución de la inseguridad reduce al mismo tiempo estos incentivos. De esto se desprenden dos consecuencias relevantes:

1. No se puede tener ambas cosas al mismo tiempo: Seguridad absoluta y una vida cultural activa y rica.

2. Ver a la seguridad absoluta como el ideal a alcanzar, más allá de las pérdidas culturales en que se debería incurrir para ello, sería una estrategia contraproducente.

Pues la seguridad depende en gran medida de la práctica que tenga la gente en la resolución de conflictos. Si se logra eliminar por completo la inseguridad, entonces la gente perdería la capacidad de lidiar con conflictos. Los conflictos potenciales seguirían existiendo, y crecería un enorme potencial de violencia tras el velo de una seguridad aparente.

¿Deben solucionarse todos los conflictos?

Los recursos son siempre escasos, razón por la cual la producción de seguridad no es gratuita. Es por ello que es razonable soportar un cierto grado de inseguridad, dado que para eliminarla se deberían utilizar recursos que habría que sacar de otras actividades más necesarias. Ejemplifiquemos este punto aplicando esta idea a los dos principales medios con que contamos para combatir la inseguridad: la argumentación y el uso de la fuerza. Las palabras y los argumentos requieren de tiempo, y el tiempo es un recurso escaso. Llega un punto en el cual preferimos utilizar nuestro tiempo para otras actividades, estando dispuestos a soportar a cambio algunos delitos que podríamos haber evitado si hubiéramos invertido más tiempo. Lo mismo se aplica en el caso del uso de la fuerza. El uso de la fuerza es costoso: nos puede costar la salud, e incluso la vida. En consecuencia, la mayor parte de la gente es muy cuidadosa en el uso de la fuerza. Aceptan violaciones de su propiedad cuando el uso de la fuerza para impedirlo podría infligirles daños aún mayores. Soluciones privadas a los conflictos ¿Cuáles serían las características de un sistema de producción privada de seguridad? En una sociedad libre, existirían numerosas formas de producción de seguridad. No tenemos porque asumir que la seguridad únicamente sería provista por empresas privadas de seguridad en el mercado. La naturaleza de la producción privada de servicios de seguridad posee dos particularidades: 1. Cada ciudadano está limitado a utilizar los recursos que él puede movilizar: su trabajo o su capital. 2. Cada ciudadano es el último responsable del proceso de producción de su propia seguridad. Solo él decidirá cuanto tiempo y dinero invertir a tal fin. Y solo él carga con las consecuencias de sus decisiones: seguridad en el caso de que sus decisiones hayan sido correctas, daños materiales y corporales en el caso de no haber tomado decisiones correctas.

Soluciones de conflictos por el Estado

No hay duda de que los productores privados de seguridad cometerán errores. Cometer errores es algo inherente a todo emprendimiento humano, y por ello no podemos medir la eficiencia de la producción privada de seguridad a través del grado de errores que se cometen. La única medida relevante desde el punto de vista práctico se encuentra en su comparación con la producción estatal de servicios de seguridad. Queremos ver cual es la influencia de la naturaleza política (privado o estatal) de un productor de servicios de seguridad sobre la eficiencia del servicio. Para nuestro propósito, la diferencia relevante entre una organización estatal y una organización privada radica en lo siguiente: las organizaciones privadas deben respetar los derechos de propiedad de todas las personas implicadas, y están sujetas a la participación voluntaria de los individuos, mientras que las organizaciones estatales en parte no necesitan respetar la propiedad privada. Todas las organizaciones estatales se basan en el financiamiento a través de impuestos o en el hecho de que les es prohibido a otras organizaciones privadas cumplir con la misma función. Esto les permite desatender mucho más los deseos de sus clientes. Y por el mismo motivo son menos responsables que las organizaciones privadas. De este hecho se desprenden las siguientes características de la producción estatal de seguridad:

1. Se reducen los costos relativos del uso de la violencia. Resolver un conflicto a través de la argumentación requiere de tiempo y paciencia. Es mucho más sencillo sacar la pistola. El Estado puede darse el lujo de obviar las opiniones de los ciudadanos. En consecuencia, se hará un mayor uso de la violencia del que habría en otras condiciones. Obviamente no se puede descartar que ocurra un baño de sangre a manos de agencias privadas de seguridad, pero es menos probable que en el caso del monopolio de la fuerza del Estado, ya que las consecuencias negativas del uso de la violencia no recaen sobre él. Por ello podemos afirmar que la producción estatal de seguridad no crea otra cosa que más inseguridad.

2. La producción de seguridad se concentra en casos sencillos, aunque estos sean de menor importancia. Los jueces y la policía del Estado no se ven afectados por la opinión de sus clientes, lo que hace que no tengan incentivos a resolver con mayor urgencia los casos que la población considere más necesarios. Los criminales saben esto, y lo usan a su favor, aumentando el número de delitos. Nuevamente, el Estado nos trae mayor inseguridad.

3. El aparato de seguridad del Estado es utilizado excesivamente para proteger a las personas y grupos relacionados al mismo. Esto se puede ver en las fortalezas de protección en las que viven los políticos de turno, y en el número de dispositivos de seguridad y escoltas que los acompañan en toda ocasión. A pesar de los enormes gastos estatales en seguridad, los recursos realmente invertidos en protección de la sociedad civil son menores que en un sistema de seguridad privada.

4. Los costos individuales de la seguridad se reducen drásticamente. El sistema de producción privada de seguridad pone fuertes límites a la participación activa en conflictos de terceros, pues todos los participantes pagan individualmente. Esto cambia drásticamente cuando hablamos de la seguridad provista por el Estado. Los costos se “socializan”, o sea, son llevados por todos los contribuyentes. Esto tiene dos consecuencias. En primer lugar, para los ciudadanos aumentan los incentivos a solucionar sus conflictos sin tomar en cuenta el costo, ya que el mismo se distribuye entre todos los contribuyentes. Conflictos menores son llevados ante la justicia, monopolizando el tiempo de los jueces, que cuentan entonces con menos tiempo para resolver conflictos más importantes. En segundo lugar, al Estado no le importa tanto cual de las partes tiene razón como a las organizaciones privadas, ya que los políticos y funcionarios no tienen que cargar con las consecuencias de un fallo errado, lo cual no ocurre en el caso de las empresas privadas. Por otro lado, el Estado toma para sí conflictos que la sociedad civil solía resolver sola, transformándolos en “conflictos sociales”, como es el caso de la “discriminación sexual”, entre muchos otros. La sociedad se politiza, mientras los ciudadanos pierden cada vez más la costumbre de resolver los conflictos por sí mismos. También en este punto la conclusión es la misma: cuando el Estado quiere asegurar nuestra seguridad, lo único que obtenemos es más inseguridad. La conclusión que se desprende de este análisis es que la producción estatal de seguridad nos deja con una mayor inseguridad de la que habría si el sector privado cumpliera dicha función. Cabe preguntarse por qué seguimos tolerando esta situación.

1 Comment

  1. riro2010
    May 1, 2012

    Aunque felicito a Juan Fernando por estar labrandose un espacio como ‘intelectual moderno’, muy necesario en un Ecuador absuelto en el ‘vivir sin pensar’, no comparto sus ideas. El principio de que el Estado mantenga el ‘monopolio sobre la capacidad de cohercion’ es lo que ha ayudado a los paises mas desarrollados del planeta a llegar a ese punto, y va de la mano con la idea de la necesidad de la ‘division de labores’, defendida por ‘libertarios ilustres’ como el mismo Hayek. – El poder tener la confianza de que el Estado otorga seguridad es lo que permite al individuo desarrollar sus facultades diariamente, especializandose en la actividad en la que el es el mejor. – Pienso que mucho mas puede hacer un ser pensante como Juan Fernando por un pais como Ecuador si es que aplica su conocimiento para buscar soluciones a las trabas que han sido historicamente interpuestas a los sistemas de produccion y de mercado el pais: la gente necesita producir para poder comer, pero sin estar en paz no se puede producir nada.

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