La verdadera lección de Hong Kong

La verdadera lección de Hong Kong

por Milton Friedman*

Los economistas y sociólogos se quejan que estamos en desventaja con los científicos porque no podemos llevar a cabo experimentos controlados. Sin embargo, los experimentos que la naturaleza nos presenta pueden ser igualmente instructivos. Un ejemplo es el experimento de Hong Kong a lo largo de 50 años, desde el fin de la Segunda Guerra hasta julio del año pasado, cuando volvió a ser parte de China.

Al terminar la guerra, Hong Kong tenía una población de unos 600.000 habitantes y no recibió la independencia como la mayoría de las colonias inglesas. La razón era obvia: China se hubiera adueñado de ella. Después de que los comunistas se apoderaran de China, olas de refugiados llegaron a Hong Kong. Durante el siguiente medio siglo, la población se multiplicó 10 veces y hoy supera los 6 millones.

Gran Bretaña nos sirve de control en el experimento de Hong Kong porque como dictador benévolo impuso políticas diferentes en la colonia a las de la metrópolis. Israel también nos sirve de control porque tenía pocos habitantes al fin de la guerra y también fue inundada por refugiados, aumentando su población también alrededor de 10 veces. En ambos casos la inmigración fue de gente reconocidamente inteligente y hábil en los negocios: chinos unos y judíos los otros. Esos dos países que se parecían en asuntos claves adoptaron políticas opuestas. Tomo a EE.UU. como tercer control del experimento por ser el país más rico del mundo y supuesto ejemplo del libre mercado.

Hong Kong y Gran Bretaña

La diferencia de las políticas instrumentadas por estos dos países fue puro accidente. La oficina colonial inglesa casualmente envió al escocés John Cowperthwaite a Hong Kong como secretario de finanzas y resulta que éste era un discípulo de Adam Smith. Mientras Gran Bretaña se desplazaba hacia el socialismo y el Estado de Bienestar, Cowperthwaite insistía en laissez-faire y reducción de impuestos en Hong Kong.

Estuve por primera vez en Hong Kong en 1955, al poco tiempo del influjo inicial de refugiados. El lugar era miserable para la mayoría de sus habitantes. Las viviendas temporales que el gobierno había construido para los refugiados eran celdas de una habitación y muchos pisos. Una familia: una habitación. El hecho que la gente aceptara esas condiciones de vida comprobaba su intenso deseo de salir de China.

Conocí a Cowperthwaite en 1963, durante mi segunda visita. Le comenté sobre la falta de datos estadísticos y me contestó: “Si les dejo recopilar estadísticas querrán usarlas para planificar”.

Sin embargo conseguí algunos datos. En 1960, el ingreso promedio per capita en Hong Kong era 28% del de Gran Bretaña, mientras que para 1996 era 137%. Es muy fácil dar esas cifras, pero difícil entender su significado. Comparemos a Gran Bretaña, la cuna de la Revolución Industrial, el superpoder del siglo XIX, en cuyo imperio no se ponía el sol, con Hong Kong, una lengüeta de tierra, atestada de gente, sin recursos naturales más allá de su puerto. Sin embargo, en menos de cuatro décadas su gente gozaba de un ingreso 37% más alto que los residentes de la metrópolis.

Creo que la única explicación plausible de las diferentes tasas de crecimiento es el socialismo inglés versus la libre iniciativa y el libre mercado en Hong Kong.

Hong Kong e Israel

La comparación con Israel es aún más interesante. Israel tenía una gran desventaja y varias grandes ventajas. Su principal desventaja son los gastos en defensa por alrededor del 10% de su ingreso nacional, ante las amenazas de los enemigos que la rodean. Pero, por otra parte recibe inmensa ayuda económica de EE.UU. y de judíos alrededor del mundo. Esto yo no lo considero beneficioso.

Según los datos que analicé en mi visita a Israel en 1977, el grueso de los gastos militares se financian con dinero venido del extranjero, lo que para un economista indica que la defensa militar es una industria de exportación para Israel. Además, Israel es mucho más grande, su densidad una cuarta parte de la de Hong Kong y mucho más rica en recursos naturales. Sin embargo, el ingreso per capita en Israel varió de ser 60% más alto que el de Hong Kong en 1960 a ser 40% inferior en 1996.

De nuevo, la única explicación es que Israel siguió políticas socialistas en lugar de políticas de libre mercado. El gasto gubernamental alcanzó en Hong Kong un máximo de 15% del ingreso nacional, mientras que en Israel varias veces estuvo cerca del 100%. Eso parece ser imposible, pero no lo es por los misterios de la contabilidad pública.
El socialismo fue la tragedia de Israel, pero hizo menos daño que en Gran Bretaña porque allá se respetan más las leyes.

En Israel hay una tradición de 100 años de creer en el gobierno paternalista y de rechazo al capitalismo y al mercado. Por otra parte, hay una tradición de 2.000 años, desarrollada por las necesidades de la diáspora, de seguridad en sí mismo y de cooperación en salvar los controles gubernamentales para sobrevivir. Lamentablemente, la más vieja tradición ha perdido fuerza, aunque quizás el Sr. Netanyahu logre revertir este proceso.

Hong Kong y EE.UU.

El ingreso per capita de los dos países es casi idéntico. Algo increíble cuando comparamos a Hong Kong con esta nación de 260 millones de habitantes. La explicación es la misma que en los dos casos anteriores. El gasto directo del gobierno en Hong Kong es menos del 15% del ingreso nacional contra más de 40% en EE.UU. El gasto indirecto a través de decretos y regulaciones es insignificante en Hong Kong, pero de alrededor del 10% del ingreso nacional en EE.UU.

Somos más productivos que Hong Kong, pero hemos decidido o la política nos ha llevado a dedicar 50% de nuestros recursos a actividades en las que Hong Kong gasta entre 15% y 20%. Nuestra mayor productividad significa que podemos producir con sólo el 50% de los recursos el mismo ingreso per capita que Hong Kong produce con 80% o 85% de los suyos.

La verdadera lección de Hong Kong para EE.UU. es que estamos haciendo un uso ineficiente de nuestros recursos. El gobierno gasta nuestro dinero para subsidiar la siembra de tabaco y para penalizar el consumo de cigarrillos, para fabricar viviendas y para destruir viviendas, para subsidiar la agricultura y para penalizar la agricultura, etc. Además de convertir hectáreas de bosques en formularios y planillas que para llenarlas se gastan millones de horas/hombre.

En todo este proceso, el gobierno tiende a descuidar sus funciones básicas: proteger nuestra libertad tanto de los enemigos en el extranjero como de nuestros compatriotas; hacer cumplir las leyes y los contratos y fomentar mercados competitivos.

*Milton Friedman fue Premio Nobel del economía y académico del Hoover Institution.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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