La deflación puede ser muy buena

La herencia de Lord Keynes sobre la Economía contemporánea ha permeado incluso a círculos que no comparten su ideario estatista-intervencionista. El caso más lamentable es desde luego la propia Escuela de Chicago, que en su momento fue la más grande opositora al keynesianismo. Ambas vertientes comparten una concepción errada sobre los temas monetarios, y en particular, sobre la deflación.

La Gran Depresión de los 1930’s, generada por la Fed norteamericana aumentando el M2 durante los 1920’s bajo Hoover y generando un boom artificial, ha sido objeto de grandes debates entre las escuelas de Economía. Lo que para los keynesianos fue una bendición, el intervencionismo burocrático de Franklin D. Roosevelt, para los chicagoenses fue un impedimento para una recuperación más breve. Pero ambas escuelas consideran que la Fed cometió un error al desacelerar el ritmo de impresión de dinero y medios fiduciarios. Se puede ver como ejemplo la afamada “A Monetary History of the United States: 1867-1960” de Milton Friedman y Anna Schwartz. Ambas escuelas comparten una especie de pánico ante la posibilidad de que el llamado nivel de precios baje, pues lo relacionan con eventos como aquél, en que la contracción monetaria llevó a quiebras masivas y la imposibilidad de cumplir obligaciones con los bancos, en forma de un espiral destructivo que llevo al desempleo masivo y una gravísima crisis social.

Desde entonces, el término “deflación” tiene connotaciones negativas. Tanto es así que los keynesianos y chicagoenses tienen dos versiones gemelas sobre lo que debe hacer el gobierno para mantener el pleno empleo o la estabilidad de precios respectivamente, pues de lo contrario los efectos serán desastrosos. Es hora de rechazar esa posición por razones teóricas e históricas, basados en lo que Mises y otros han demostrado ampliamente sobre el dinero, el valor y los precios.

La deflación negativa: un efecto de una crisis natural o artificial

Cuando los gobiernos de corte “neoliberal”, es decir de intervencionismo tecnocrático disfrazado de libre mercado, como el de Color de Mello en Brasil de los 80’s, buscaban ajustar los desmanes inflacionistas de gobiernos anteriores, echaron mano a contracciones monetarias súbitas. El efecto general sobre los precios sin duda será la deflación, pero una causada de forma artificial. ¿Por qué llamar a algo así “deflación negativa”? Porque una contracción monetaria pone en aprietos a los deudores frente a los prestamistas, y con ello viene un espiral recesivo o incluso depresivo para la economía. Lo mismo podemos decir sobre el más reciente “corralito” argentino y también el desastroso feriado bancario ecuatoriano de 1999.

Si existe un shock externo u otra crisis económica “natural” como una caida en las exportaciones, también ocurrirá algo parecido. Habrá un ajuste de precios a la baja, pero de carácter negativo. Lo grave en este caso es que hay precios que son política y culturalmente dificiles de ajustar, principalmente los salarios. Sin embargo, si los economistas vuelven a entender que la deflación de precios permite ajustar los cálculos empresariales a la nueva situación de crisis (recesión post-boom artificial o por fenómenos exógenos) y hacer pleno empleo de recursos, en especial el recurso humano, es factible comunicarselo a la población para hacer lo correcto aunque se vea mal a primera vista.

Parte del encanto de Keynes para los políticos es que les permitía crear una ilusión monetaria reduciendo los salarios reales sin reducir los nominales, imprimiendo más dinero. Más dinero para la misma cantidad de bienes y servicios, menor poder adquisitivo. Pero como la teoría de las expectativas racionales de Muth y Lucas demostró, la gente no puede ser engañada todo el tiempo y pronto vendrán exigencias de indexar los salarios a la inflación o de congelar precios, causando peores daños a la economía de las familias y generandose un engaño dificil de desmantelar.

La deflación positiva: el orden natural de las cosas

Hasta la Segunda Guerra Mundial, y en especial el tratado de Bretton Woods, los gobiernos solían manipular el dinero sólo en situaciones excepcionales, para financiar guerras o shocks externos políticamente. Fue típico de reyes y emperadores, pero desde 1948, lo hacen los bancos centrales. Y esto causa booms artificiales con quiebras masivas posteriores, pues una variable vital como la tasa de interés, deja de ser indicador de la cantidad de ahorro realmente disponible cuando se manipula políticamente inflando la oferta monetaria o de medios fiduciarios. Las implicaciones del proceso le valieron el Premio Nobel de Economía a Friedrich Hayek en 1974, como refinador de la teoría del ciclo económico que Ludwig von Mises, muerto el año anterior había ya sistematizado.

En ausencia de dicha emisión monetaria, empezaría a ocurrir lo que fue una constante en la historia humana: la baja de precios, o dicho de otro modo, una mejora del poder adquisitivo de las personas, debido al crecimiento económico. Sin bancos centrales presionando al consumo keynesiano ni a la estabilidad de precios chicagoense, la cantidad de dinero crecía según un limitante natural: la capacidad física de minería. ¿Por qué? Porque el dinero era un metal precioso o al menos los billetes eran automáticamente convertibles si se los presentaba en un banco. Dado que la cantidad de dinero dependía del mercado, los precios fluctuaban según la oferta y demanda de dinero generada por la propia sociedad (léase: mercado). Pero en este orden natural de las cosas, la cantidad de dinero crecía a un ritmo mucho más lento que la productividad de la mayoría de sectores de la economía. Y esto, sólo puede tener un efecto: el dinero se vuelve más valioso frente a otros bienes y servicios cada año. En otras palabras, el conjunto de la sociedad se vería beneficiado por el trabajo de los más ambiciosos, visionarios y creativos, que al competir, mejoraban la calidad y los precios para todos. Si una anciana que vive en la montaña, baja una vez al año para comprar provisiones, va a ver cómo sus monedas de oro compran más cada año. Igualmente pasará a nivel general con los salarios y los ahorros de los jubilados y la gente en situaciones más vulnerables. Esta deflación positiva es el resultado de tener una moneda de mercado, y dar rienda suelta (impuestos bajos, imperio de la ley, economía abierta internamente y al mundo) a los casi nunca apreciados benefactores de las grandes mayorías como Edison, Ford, Vanderbildt, Rockefeller o Bill Gates.

Otro efecto importante, es que los tomadores de préstamos cada año están en mejor posición frente a los prestamistas, pues su dinero gana valor. Es lo contrario a lo que ocurre con la inflación, donde pagar las deudas se vuelve más difícil. Por tanto, con deflación positiva la relación entre banqueros y clientes cambia a favor de los segundos, beneficiando a los primeros también inevitablemente. Los efectos

Finalmente, la razón por la cual el miedo a los precios decrecientes está totalmente infundado es que al contrario de lo que la teoría de la ganancia de Keynes y la teoría cuantitativa del dinero de los monetaristas chicagoenses sostienen, la rentabilidad empresarial no se ve afectada por la caída de precios ni el “consumo” debe ser el indicador más importante. Como La Ley de Say enseña, la producción lleva al consumo, y no al revés. Esto es tan simple y tan históricamente cierto (el que las familias vean sus salarios comprar menos cada año es algo nuevo en la historia, desde la Revolución Industrial hasta la Segunda Guerra Mundial lo común era que ganen poder adquisitivo), como el hecho de que si bien caen los precios de los bienes de consumo, también caen los precios de los bienes de capital y los insumos productivos. Esto mantiene rentables los proyectos empresariales, mientras beneficia a las grandes mayorías con creciente capacidad adquisitiva.

Conclusión

La baja constante de precios, tan temida por keynesianos y chicagoenses, en realidad es una característica original del sistema de mercado. Cuando ocurre porque la oferta monetaria es nula o lo suficientemente baja, y la productividad trae mejores precios, es un efecto completamente deseable del capitalismo. Los temores teóricos deben ser abandonados: la cantidad de dinero puede ser estable y los precios estar constantemente a la baja. Aunque eso no beneficie a las elites financieras que viven actualmente de la inflación y la redistribución de pobres a ricos así como de los menos políticamente conectados a los mejor políticamente conectados, retornariamos a lo que la benevolencia del capitalismo significa: una economía progresivamente mejor para todos, en que las necesidades básicas dejen de ser un problema y los bienes culturales y educativos estén al alcance de cada vez más gente pues ya superó la pobreza que la humanidad vivió durante 7.000 siglos precapitalistas. Es hora de que los economistas ecuatorianos estudiemos “La Teoria del Dinero y el Crédito” de Mises, o la más reciente “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos” del prof. Jesús Huerta de Soto. De lo contrario, le estaremos negando a nuestros conciudadanos una mejora constante en la calidad de vida, en especial la de los más pobres.

Juan Fernando Carpio
 para Revista Ekos de Ecuador, con modificaciones para su publicación online.

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3 Comments

  1. Martin Rossi
    Jul 26, 2010

    Muy bien Juan Fernando ya vas cerca, ya estás un poco más convencido que el DINERO en sí, es TODO el problema, ahora solo te falta descubrir porque y como la tasa de interés es una imposibilidad matemática en un mundo finito. Claro un tanto difícil por tu ideología, pero no me hago problema por eso, en el momento que los ciudadanos habremos roto el monopolio de emisión de dinero, y empecemos con total LIBERTAD a imprimir nuestro propio dinero, y no solo con “patrón oro” como les gusta a los seguidores de la Escuela Austriaca, en ese momento por efecto del real libre mercado, el medio de intercambio, por fin dejará de ser escaso y su costo habrá llegado a la sensatez: “cero”.

    • jfcarpio2@gmail.com
      Jul 26, 2010

      Martin:

      No conoces mi ideologia: yo soy libertario y creo que cada individuo puede producir y por ende utilizar lo que desee como dinero, igual que podemos usar el lenguaje que inventemos: pero en ambos casos es obvio que usar un bien de uso comun (un commodity) tiene grandes ventajas. No se a que te refieres con que el dinero es “todo el problema”. El dinero es la solucion: al trueque, a la distancia y al paso del tiempo. Ahora bien, como economista predigo basado en la historia humana y el fenomeno de la preferencia temporal, que el interes seguira existiendo pues no va a desaparecer el costo de oportunidad ni el paso del tiempo porque usemos oro. Si recuerdo bien, tu propones un sistema Gesselliano de dinero que expira: pero eso es como olvidarnos de los lenguajes en cada generacion o cada anio y limitante en exactamente la misma forma.
      Enviado desde mi BlackBerry de Movistar

      • Martin Rossi
        Jul 26, 2010

        al decir “todo el problema” me refiero al dinero fiat o fiduciario creado como un medio de intercambio escaso por medio de deuda bancaria. Y como Eco-nomista predigo basado en la evolución humana y su naturaleza: mantener la especie y el altruismo-empatía, que las ideologías se transformaran en ciencia una vez que desnacionalicemos el dinero (en palabras de Hayek).
        Y si conozco bastante bien tu ideología, que yo no la llamaría Libertaria, la llamaría con nombre propio “seguidores de la escuela austriaca”, el problema es su desmedido y profundo anhelo de certeza en sus conocimientos. Me gusta su ideología creo que si logramos romper el sistema monetario, será el camino a seguir, pero muchas veces su odio a los opuestos no les deja ver ciertas cosas.

        Por último, no solo propongo el sistema Gesselliano sino todas las formas de dinero que se puedan introducir incluido las respaldadas en commodities. Las formas de dinero deberían ser tan diversas como diverso es el cerebro humano, no es lo mismo “obligar” a usar un dinero con tasa de interés a una persona que tiene desarrollado el lado derecho de su cerebro, a otra que tiene desarrollado el lado izquierdo, que en este caso no se sentirá “obligada” sino encantada.

        Y aclaro el Sistema gesselliano desaparecerá con el tiempo, cuando se vayan desactivando ciertas actitudes y comportamientos creadas artificialmente por la escases del medio de intercambio que usamos hoy por moneda. La experiencia lo demostró con el Wir Suizo

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