¿Es ilegítimo un acuerdo Google-Apple-Intel para fijar salarios en IT?

¿Es ilegítimo un acuerdo Google-Apple-Intel para fijar salarios en IT?

El Departamento de Justicia de los EE.UU. acaba de investigar e intervenir en el comportamiento de siete compañías de alta tecnología que incluyen a Apple, Google e Intel. Se les acusó de conformar un cartel para fijar los salarios de los ingenieros informáticos. Luego fueron golpeadas por una demanda civil -de tipo class action y que se define esta semana- de parte de los empleados que se sintieron perjudicados por esas prácticas.

Acaban de salir a la luz algunos memorandos entre las empresas.

MemoGoogleApple

The following companies have special agreements with Google and are part of the “Do Not Cold Call” list.

Google ingresa al convenio en marzo 6 de 2005 con las siguientes:

• Genentech, Inc.
• Intel Corporation
• Apple Computer
• Paypal, Inc.
• Comcast Corporation

El convenio ha sido llamado “wage-fixing” y un “wage-theft pact”.

Sin embargo hay que preguntarse inmediatamente: ¿es legítimo un convenio así entre empresas? ¿por qué lo harían? ¿cuáles son sus efectos?

En primer lugar un acuerdo entre particulares que no viole derechos individuales, es legítimo. Las empresas pueden hacer pactos sobre precios, calidades o salarios pagados a sus empleados y es legítimo. No tiene por qué gustarnos el que lo hagan. Y claro, existe un nombre para esa práctica: cartelización. Los carteles, a pesar del ataque de los economistas neoclásicos (que pretenden saber cómo deben comportarse los mercados y qué forma deben tener), no son estructuras dañinas para el bienestar de los consumidores y la sociedad en conjunto. Por el contrario, tienden a ser estructuras productivas muy eficientes (ver paper del prof. Pascal Salin) actuando en conjunto como una firma para no romperse rápidamente porque los participantes hacen trampa a favor del consumidor. Siempre alguien, generalmente un recién llegado con menos costos fijos para operar, hace rebajas a favor de los clientes y arruina hasta el más pulido pacto cartelizador.

Las empresas pueden ponerse de acuerdo en no rivalizar por sus empleados top o sus niveles medios de la misma manera en que los diseñadores gráficos o médicos pueden pactar -y lo hacen a diario en todo el mundo y nosotros les ofrecemos nuestra simpatía- no malbaratar sus servicios (la expresión coloquial es “no dañar el mercado”). Las empresas no sólo pueden hacer pactos de no-agresión (lo cual puede ser frustrante para quienes abusan de las metáforas de guerra al hablar del mundo empresarial) sino que los pequeños y medianos lo hacen todo el tiempo. Todo el tiempo las vendedoras de artesanías pactan precios y todo el tiempo se hacen trampa entregando un extra (yapa en Ecuador, pilón en México, etc) para ofrecer un descuento disimulado. Todo el tiempo los profesionales agremiados(1) y las empresas en cámaras gremiales intentan publicar listas oficiales de productos tangibles e intangibles para mantener a flote la rentabilidad, lejos de la excesiva (?) rivalidad. Cuando los Estados de países en vías de desarrollo se cartelizan para mantener altos los precios del petróleo (la OPEP, por sus siglas en castellano) muchos lo aplauden y consideran noble y necesario.

Además, el efecto de un convenio entre empresas como Apple, Google e Intel para que sus departamentos de RR.HH. no llamen a intentar seducir hacia ellas a los empleados de otras empresas será muy parcial. Incluso si no se lo hace formalmente, los propios empleados y las empresas rivales tienen formas de encontrarse y saber cuánto pagan los otros y qué prestaciones ofrecen. Es parte inherente al mundo empresarial el tener amigos y contactos en toda la industria. Un convenio así es un intento bastante inefectivo aunque, como ya se dijo arriba, legítimo en principio.

Conclusión

El daño que le han hecho los economistas neoclásicos a la ciencia económica es inconmensurable. Han provisto a los legisladores y reguladores estatales de un supuesto modelo ideal (“competencia perfecta”) en el cual la gente no conversa, no intenta pactar voluntaria y pacíficamente asuntos de calidades o precios y todo ocurre sin fricciones. En realidad los mercados son la suma de muchos elementos culturales, institucionales y pactos que se crean y se rompen todo el tiempo. Deshumanizar el análisis de los mercados sólo hace que los frenéticos políticos y tecnócratas quieran intervenir cada vez que la realidad no se parezca al supuesto ideal. Los economistas de las nuevas generaciones harán bien en estudiar más a Menger y Buchanan y menos a Stigler y Friedman.

(1): el caso del Colegio de Economistas en Ecuador es notable: la profesión que explica cómo los salarios se forman en los mercados en base a productividad y/o responsabilidades tiene un escalafón publicado en su puerta de vidrio basado en “años de ser economista”

 

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