Valor

El valor: qué es y por qué no puede medirse

Hasta 1871 se pensaba que el valor podía quizás ser «objetivo». Por ejemplo, los diamantes serían más valiosos -y caros- que los panes porque es más costoso y riesgoso extraerlos, porque hay más «horas-hombre» involucradas, porque el objeto es «valioso en sí mismo» etc.

Sin embargo en 1871 la revolución marginalista -tres economistas de distintos lugares de Europa- resuelve el dilema diamantes vs. panes -la supuesta «paradoja del valor»- más o menos al mismo tiempo.

Resulta que el valor de un bien es subjetivo en origen y parcialmente objetivo, según el número de unidades de otros bienes más o menos alternativos a él. Y esto, dependiendo del contexto de quien lo valora.

En otras palabras, hay muchos más panes que diamantes en la mayoría de situaciones.

En situaciones de supervivencia, y como sabemos por náufragos, sobrevivientes, etc, el agua y el pan valen sin duda más que los diamantes.

Sin embargo el valor siempre es subjetivo en origen porque si la gente no valorara los diamantes (o pensemos en el petróleo o el guano de murciélago antes de descubrírseles usos), no importaría qué tan escasos sean.

Valor = significado + prioridad (entre alternativas, escasas o abundantes)

Desde la Antigua Grecia en adelante, muchos pensadores económicos han intentado entender por qué valoramos ciertos bienes más qué otros y qué hace que algo sea un bien en primer lugar.

Hesiodo, Demócrito, Xenofonte, Platón y Aristóteles

El primer pensador económico de la Historia, Hesiodo, vió que existía un conflicto entre los recursos escasos y las necesidades/deseos humanos crecientes en todo momento. Este problema era de naturaleza no sólo teórica sino también práctica para Hesiodo, debido a que en su pequeño pueblo llamado Ascra, la producción era autosuficiente (producian todo lo que iban a consumir ellos mismos) y por ende muy pobre.

Demócrito por su parte ya nos señalaba que un bien escaso se volvía más apetecible que uno abundante.

Xenofonte (430 A.C) señaló que la ‘riqueza’ debe definirse como un recurso que una persona puede y sabe utilizar.

Platón señaló que al ser desiguales en capacidades, los seres humanos aportamos y también apreciamos distinto esos aportes propios y ajenos.

Aristóteles por otro lado señaló que los seres humanos solemos valorar –y por tanto cuidar- mejor lo que nos resulta cercano y propio (propiedad privada). También nos dijo que “Es el mayor bien cuyo contrario representa el mayor mal, y cuya pérdida nos afecta más” adelantandose a lo que más adelante se denominará el enfoque marginalista. Lamentablemente Aristóteles también intentó sostener que la gente intercambia bienes que considera equivalentes.

¿Qué hace a algo un bien? ¿Por qué valoramos las cosas?

Para que algo sea un bien económico, debe cumplir con carácterísticas que Xenofonte ya previó, pero que Carl Menger (en 1871) sistematizó de la siguiente forma:

1.- La existencia de una necesidad

2.- Propiedades que vuelvan a una cosa capaz de ser llevada a una relación casual con la satisfacción de dicha necesidad

3.- Conocimiento humano de esta relación causal

4.- Control sobre la cosa suficiente como para dirigirlo a la satisfacción de tal necesidad

Sólo cuando los cuatro requisitos se cumplen, una cosa (o resultado de una acción) puede considerarse un bien. Si no la tienen, se trata de un no-bien o incluso tal vez de un mal.

Los bienes económicos pueden clasificarse en dos formas:

                                                                                                                                                      Escaso                                         No escaso

Pan, fábrica, zapatos, gente, escritorioReceta, idea, melodía, imagen, habilidad, fuego.
Pastel de lodo, sopa venenosa, cucaracha, animal muerto en la carretera.Mala idea, sonido desagradable, texto ininteligible.


Bien  

No-bien  

Los bienes escasos son sujetos de propiedad (la posesión de ellos por parte de alguien impide la posesión por parte de otros) mientras que los no escasos pueden ser compartidos generosamente sin que disminuya sino que por el contrario, aumente su cantidad.

También podemos clasificar a los bienes entre tangibles e intangibles. La existencia de bienes intangibles está respaldada por el hecho de que pagamos por un concierto, obra de teatro o salida al cine y no traemos a casa más que un recibo o ticket en el bolsillo. Un bien intangible no debe confundirse con su vehículo físico (por ejemplo, confundir el ticket con el concierto o la comida con la experiencia de comer en cierto restaurante) pues en este caso el bien es la experiencia obtenida. El bien muchas veces cambia cuando cambia su contexto.

La ley de utilidad marginal

Caso 1:

Si la familia Sánchez que tiene 4 personas posee un solo automóvil, éste será asignado a los usos más prioritarios, con la madre de familia llevando a su esposo a su trabajo, dejando al hijo mayor en la universidad y a la menor en el colegio. Si compran un segundo auto, ahora el padre usar el primer auto para dejar al hijo mayor en el campus camino a su trabajo, la esposa usa el segundo auto para dejar a la hija en el colegio y luego hacer cosas que ella necesite. Si compran un tercer auto, el hijo mayor puede ahora llevar a su hermana al colegio y llevarse el auto con él a la universidad. Un cuarto auto será para la hija. Un quinto, si es un todoterreno, será para ir de pesca los fines de semana. Un sexto auto –ganado en una rifa, digamos- puede ser incluso ya una molestia (un no-bien o un mal) si los gastos de mantenimiento son superiores a la satisfacción personal que provee a la familia.

Caso 2:

Alberto vive en un país de 4 estaciones. Luego de trabajar duramente durante el verano y el otoño, se alista a pasar el invierno acumulando sacos de granos para él y su familia. El primer saco de grano, piensa él, lo destinará a producir pan durante el invierno. El segundo, lo usará para intercambiar por carne con los vecinos del pueblo. El tercero planea usarlo para celebrar la llegada de la primavera con una fiesta con sus parientes cercanos. Pero apenas empezada la temporada fría, unas ratas acaban con un saco de granos entero de su bodega. ¿Qué planes (fines) sacrificará Alberto en ese caso? La fiesta de primavera. Los dos sacos que le quedan serán asignados a los dos usos más prioritarios.

Como podemos notar, cada unidad adicional equivalente de un bien se asigna a fines de prioridad menor que la previamente obtenida.  Esto se conoce como la Ley de Utilidad Marginal. Por marginal nos referimos a la última unidad agregada y cómo afecta ésta al conjunto.

Esto explica de qué manera la abundancia y escasez relativa afectan el valor de un bien. Es la última unidad añadida al conjunto (la unidad marginal) la que debe concentrar nuestra atención. Nunca elegimos entre todos los panes y todos los diamantes del mundo por lo cual, en casi cualquier contexto, un diamante es más valioso que un pan aunque éste último sea más inmediatamente necesario para la vida humana.

La escala de preferencias

Al actuar, los seres humanos ordenamos nuestras prioridades de uso de tiempo, energía y recursos, en una escala (mental) de preferencias o valoración subjetiva.

Un ejemplo es cuando Paula quisiera ir con su novio al cine. Pero también sabe que su abuela está un poco delicada de salud y eso le parece más importante. En este caso, podemos decir que la escala de preferencias de Paula es:

1.- Visitar a la abuela

2.- Ir al cine con el novio

3.- Hablar por teléfono con una amiga

4.- Releer un libro que le gustó

Vemos también que si su novio estuviera muy ocupado y le llamara su tía a informarle que la abuela está mejor de salud y se encuentra con ella (la tía) en una reunión familiar, Paula probablemente optaría por hablar por teléfono con su amiga y si su amiga no estuviera en casa, releería un libro que le gusta. Por supuesto, esta escala no es nada más que una metáfora para decir lo siguiente: los seres humanos ordenamos nuestras actividades y bienes materiales según las prioridades que tenemos en ese momento. Como pudimos ver, cuando cambia la información o si cambian los principios (forma de ser, gustos) de una persona, su escala de preferencia cambiará. De hecho, para temas menores, cambia muchas veces a lo largo del día según el éxito o fracaso de nuestras acciones previas y de la información resultante (las cosas de las que “nos damos cuenta” o “analizamos mejor”).

Valor agregado

El valor agregado

El valor agregado en un bien puede tomar muy distintas formas. Llevar varios paraguas (sombrillas) a donde va a llover y otros requieren uno, agrega valor en forma de oportunidad (ser oportuno) y tiempo, para otros.

Almacenar bienes por otros quienes no tienen o no quieren tener una bodega propia, agrega valor en forma de infraestructura física y personal de seguridad.

Crear una narrativa publicitaria o interna que vuelva superior el disfrute del bien, agrega valor porque la misma cosa o experiencia, se valorará distinto y será más única o inolvidable.

Las experiencias pueden crear valor, las artes pueden crear valor, etc..

El valor no es un fenómeno físico en la mayor parte de casos. Eso se pensaba a veces y como mucho hasta el siglo XVII.

Otras formas mucho más obvias de valor agregado son:

– aumentar cantidad o calidad física/química del bien
– agregar características y funciones al bien, que incluyen también un distinto o mejor empaque
– eliminar errores de una versión anterior del bien, volviéndolo más sencillo o eficiente

Sin embargo debe quedar claro que el valor agregado es solo una propuesta de valor agregado hasta que es aceptada por el comprador.

Si no, fue apenas eso, un intento de agregar valor (muchos cambios, «mejoras», etc en los bienes son «desmejoras» en muchas ocasiones y la marca sufre, etc).

Valor, precio y costo

Valor, precio y costo: cosas muy distintas

Si le preguntamos el valor de un bien a quien lo ofrece a la venta, le estamos pidiendo algo imposible.
La medicina para la tía diabética en un día de crisis no vale -en ningún sentido del término- el precio requerido para llevársela.
El valor no puede medirse. No existe unidad ni instrumento capaces de medirlo.

El precio es la tasa pasada de intercambio entre dos cantidades de bienes. Cuántas manzanas por una pera, cuántos yenes japoneses por un euro, etc. Gracias a la revolución marginalista de 1871, sabemos que mientras más unidades y alternativas haya de un bien, menor será el precio que se puede pedir por él.
(Por eso los vendedores y empresas no pueden imponer precios; por eso importan oferta y demanda).

Y el precio es una tasa pasada porque sin transacción no hay precio. Lo que consta en las etiquetas es el precio propuesto, que será más o menos rígido (en una tienda Apple casi no podemos regatear; al comprar un automóvil usado es generalmente -salvo en emergencias- necio no hacerlo).

El precio refleja o «sigue» al valor de los bienes para distintas personas y en distintos momentos, pero no lo «mide» ni son lo mismo.

Los costos, en cambio, son la suma de recursos tangibles e intangibles gastados para obtener algo.
Tomarse una foto o traer una flor de una cima de los Himalayas tiene costos de todo tipo, sin embargo no tienen un precio, porque no se obtienen comerciando con nadie.
Los salarios y otros gastos incurridos al contratar a otros para un proyecto o plan -comercial o no- son entonces costos de producción.

«Solo el necio, confunde valor y precio» – Antonio Machado

Para que ocurra un intercambio, el valor (percibido) debe superar al precio en ranking de prioridades. Si no, el comprador se quedaría exactamente igual. Por la razón que sea, el comprador valorará más el bien que obtiene que el bien -en especie o dinero- al que está renunciando voluntariamente.

El comercio es diez (10) veces más antiguo que la agricultura según múltiples hallazgos arqueológicos

De hecho, existe un rango entre las agendas de A y B antes de intercambiar. En ese rango se puede negociar, lo cual significa que hay un pequeño juego ganar-perder dentro de un intercambio que globalmente es ganar-ganar.

La diferencia entre el valor total y el precio pagado, es la ganancia del comprador. La diferencia entre el precio y los costos totales de producción, distribución y comunicación, es la ganancia del vendedor o empresario.

Valor > precio > costo(s)

Por eso es bueno salir ganando: significa que se creó valor agregado (y total) en exceso de lo que pagó el otro por obtenerlo. En inglés se llama «doing well while doing good».

Por ejemplo, alguien -y todos variamos en temperamentos, prioridades y urgencias, no solo entre nosotros sino entre un momento y otro- quisiera obtener $15.000usd por su automóvil. Sin embargo si nadie le ofrece sino hasta $13.000usd, lo vendería a ese precio.

Debido a que existen estos $2.000 de espacio de negociación, muchos autores, gente de negocios, películas de los 1980’s, etc, han pintado una caricatura -y técnicas de negociación para muchísima gente incluso- sobre las negociaciones como una «guerra» o algo inherentemente «agresivo».

En realidad hay muchos estilos de negociación -y gente que ha vuelto su tiempo tan valioso que en muchísimos temas ni siquiera negocia y hasta deja una propina- y si el intercambio ocurre, sigue siendo en sí mismo ganar-ganar.