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La acción humana

La acción humana: algo único en la naturaleza

Los seres humanos somos únicos entre los seres vivos por un alto desarrollo de lo que conocemos como razón. Un ser humano recién nacido es el más vulnerable de todos los seres vivos -pensemos en un bebé humano abandonado en el centro de Tokio o una montaña de Ecuador: está condenado a una muerte segura- debido a que en él los instintos son mucho menos dominantes que en cualquier otro mamífero o especie animal. Lo que el ser humano necesita saber para sobrevivir -solo o en sociedad- debe aprenderse mediante la razón. Pero esa severa limitante es el costo que pagamos por un inmenso potencial: el ser humano tiene ciertas características únicas o al menos desarrolladas hasta un punto muy singular.

Podemos pensar en función de pasado, presente y futuro -un perro no piensa “¿a dónde va mi vida?”, podemos sostener diálogo interior -“¿está bien esto que estoy haciendo?”- y visualizar situaciones como escenarios y causa y efecto -“¿qué consecuencias tendrá esto que hago o eso otro que dejé de hacer?”. Esto significa que nos relacionamos de manera única con el entorno, al menos cuando se trata de acciones y no de reacciones (por ejemplo al dormir, nuestra parte insconsciente/instintiva toma el control o cuando reaccionamos sin pensarlo frente al fuego, etc). La acción humana es conducta deliberada.    (Nota de pie:) en palabras del prof. Jesús Huerta de Soto.

La acción humana es entonces de naturaleza teleológica, es decir que nos proponemos objetivos y metas para arribar a ellos. Otros seres simplemente funcionan en base a estímulo-reacción o instintos. Nosotros podemos decidir en cambio -dentro de lo posible- entre posibles cursos de acción en base al conocimiento que tenemos en ese momento. Y esa es la naturaleza humana: la de un ser vivo capaz de ignorar/moderar sus instintos -por eso la Ética y los Derechos Políticos sólo existen como tema entre los seres humanos- y elegir fines y buscar los medios más apropiados -y éticos- para realizarlos.

El axioma de la acción  humana

La acción humana, como dijimos, tiene ciertas características únicas. La naturaleza humana ha sido lo que es por cientos de miles de años y seguirá siéndolo. Es por ello que es posible saber a ciencia cierta qué efectos puede tener una acción humana dado cierto contexto -los límites que nos pone la realidad-, es decir que podemos deducir leyes económicas.

Porque somos actores humanos, sabemos que toda acción humana es el esfuerzo deliberado por pasar de una situación menos satisfactoria a una más satisfactoria, incurriendo en costos -incluido el costo de sacrificar otras alternativas de acción, a través del tiempo y sometidos a la posibilidad de éxito o de fracaso. 

En otras palabras toda acción humana es una iniciativa o emprendimiento -un acto empresarial- que busca transformar el entorno de tal manera que las cosas sean distintas de cómo serían si no hubiéramos actuado. Por eso en el lenguaje común hablamos de emprender acciones. Y se trata de emprendimiento en su estado más puro puesto que al ser seres sólo parcialmente instintivos, los seres humanos debemos descubrir y re-descubrir constantemente no sólo los fines a perseguir sino también los medios más adecuados para hacerlo.

El conocimiento para actuar exitosamente en el mundo real no está “dada” pues no somos omniscientes y además porque el entorno -objetos y otros sujetos- está cambiando. Una acción que fue exitosa ayer -visitar a la abuela- puede ser un fracaso hoy pues ella salió a escuchar misa. El próximo domingo ya sabremos que hay que llamar antes de intentar visitarle o simplemente evitar la hora de misa. A esa hora tal vez sea mejor limpiar nuestro cuarto. Así, con un sencillo ejemplo, podemos entender por qué debemos ajustar los medios constantemente para lograr nuestros fines pero incluso nuestros propios fines deben ser todo el tiempo revisados. A diferencia de otros seres vivos, los seres humanos debemos descubrir y pensar para poder sobrevivir y avanzar en la vida.

¿Pero qué implicaciones científicas tiene esto? De este axioma -es decir postulado esencial e irrefutable- que dice que los seres humanos actuamos, podemos deducir las leyes y principios de la Economía.

¿Por qué decimos que es un axioma? Porque quien intente decir que los seres humanos no actuamos buscando pasar de una situación menos satisfactoria a una más satisfactoria, es decir, quien intente refutar esa idea, estará cumpliendo con las características de esa idea en el intento de refutarla. Quien intente decir que no actuamos, al hablar para decirlo estará ejecutando una acción humana con todas las características antes descritas. Y al ser un axioma ese postulado -una verdad sólida- nos sirve para deducir de ella una serie de implicaciones muy potentes para describir el mundo de las acciones humanas, es decir la Economía.

Las Leyes de la Economía

Las Leyes de la Economía o leyes económicas, no son leyes (legislación) creadas por el ser humano -como la que prohibe cruzarse el semáforo en rojo- sino descubiertas y son parte de la naturaleza de la realidad. A diferencia de la legislación creada por congresos, parlamentos o asambleas que debe ser ejecutada (“enforced” en inglés) mediante el uso de la fuerza organizada, las leyes económicas son parte de cómo funciona el universo y en particular el ser humano. Y el método para descubrir las leyes económicas es axiomático-deductivo: del análisis de la acción humana individual y en sociedad podemos deducir lógicamente esos principios o leyes.

Un ejemplo de ley económica es la ley de demanda. Esta ley o principio de la realidad dice que “si el precio de un bien se eleva y nada más cambia, la cantidad que de ella demanden los seres humanos será igual o menor, nunca mayor (con respecto a la cantidad demandada al precio anterior)”. Y sabemos que esta ley es cierta en todo lugar y en cualquier momento porque sostener lo contrario violaría el axioma de la acción humana. Quien compre más cuando algo sea más caro (sin que nada más cambie, es decir, existiendo ceteris paribus) necesariamente estaría trabajando contra su propio bienestar subjetivamente trazado.

Otras leyes económicas que proceden de dicho axioma son también necesariamente ciertas como por ejemplo:

  • Siempre que dos personas intercambien, ambas deben esperar beneficiarse de ello.
  • Siempre que un intercambio sea forzoso, una parte se beneficia a expensas de la otra
  • Siempre que existiendo dos productores A y B, y A es mejor que B en la producción de dos bienes, de todos modos pueden entablar una división del trabajo mutuamente beneficiosa si A se especializa en el bien que produce relativamente mejor que el otro, y deja su producción a B

Las instituciones como un orden espontáneo

Las acciones exitosas de los seres humanos son imitadas y repetidas por otros, formando patrones o pautas que conforman lo que conocemos como instituciones.

Tomemos el lenguaje para empezar: distintas palabras fueron agregadas en distintos momentos por distintos individuos. No fue creado ni diseñado por nadie en particular y por el contrario las partes que le componen han ido sumándose a lo largo del tiempo. Entonces podemos decir que el lenguaje es un orden espontáneo.

Al igual que el lenguaje otras instituciones han ido emergiendo -son una propiedad emergente del sistema social pues hacen el todo algo mucho más que la sola suma de las partes- históricamente a través de prueba-y-error porque mejoran las interacciones entre las personas.

Ejemplos de instituciones de orden espontáneo:

  • la propiedad privada
  • el dinero
  • la familia
  • los contratos
  • la empresa
  •  la ley
  • la banca
  • los mercados en su conjunto

Ninguna de estas instituciones fue diseñada por una mente individual o un grupo de sabios sino que han aparecido en muchas -casi todas- sociedades de la historia a medida que va aumentando la complejidad de los desafíos que enfrentan esas sociedades. Han ido perfeccionándose con aportes de individuos y comunidades específicos, sí, pero son el fruto de muchas interacciones que siguen agregando o retirándoles características de forma evolutiva.

Ingreso monetario e ingreso psíquico (satisfacción psicológica)

Algunos economistas suelen apelar a la idea de un ser humano frio, que busca sólo maximizar sus ingresos de dinero a costa de casi cualquier cosa. Le llaman el homo economicus. Pero como podemos apreciar, en realidad ese sujeto es una caricatura de la realidad. No es necesario asumir tal cosa para explicarnos los comportamientos económicos de las personas.

En realidad ya sea en una economía de trueque o una basada en dinero (más avanzada), los seres humanos buscamos obtener dos tipos de ingreso en nuestros intercambios y tratos con los demás:

a) Un ingreso psíquico (satisfacción psicológica)

b) Un ingreso monetario (material)

Cada profesión o actividad que hacemos para otros nos provee de una combinación única y distinta (que como ya podemos deducir, también es distinta entre distintas personas) de ingreso psíquico y monetario. Hay actividades como el teatro, el circo y otras formas de arte por las cuales la sociedad no paga particularmente bien, pero que son elegidas porque son de alta satisfacción personal para el actor, malabarista o músico. Por otro lado existen profesiones y actividades de alto riesgo o muy fatigantes/desagradables que probablemente no proveen de mucha satisfacción a sus participantes pero son compensadas monetariamente de forma suficiente y por ende encuentran quién las quiera hacer (recoger basura o trabajar lejos de la familia en lugares inhóspitos).

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- Ulises Rodriguez U., miembro de la lista


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