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Bienes, tiempo e imputación de valor

La teoría de la imputación

Tanto en el caso de los bienes como de las acciones humanas, los medios son valorados debido a que valoramos los fines. Es decir que los fines imputan -dotan de- valor a los medios. Ya en Aristóteles encontramos una teoría de la imputación cuando nos dice:

los instrumentos comúnmente así llamados son los instrumentos de producción, mientras que una posesión es un instrumento de acción. El hilo del telar, por ejemplo, no sólo útil; algo más se produce con él, mientras que un traje o una cama sólo tiene uso. Más aún, dado que la producción y la acción son diferentes en esencia, y ambas requieren instrumentos, los instrumentos que ellos emplean deben asimismo diferir en su clase

Aquí el gran filósofo griego ya nos da anticipa la relación que existe entre medios y fines. Apreciamos el trabajo ajeno en general no porque nos guste ver a otros trabajar en vez de descansar sino porque el fruto de ese trabajo serán los bienes culturales y materiales que –esos sí- apreciamos.

En otras palabras, podemos distinguir entre bienes de consumo (se producen para usarse) y bienes de producción (se producen para ayudarnos a producir más o mejor). Los bienes de producción se conocen también como  bienes de capital.

La imputación y los costos

Como podemos deducir ya, lo único que va transmitiendo el valor (de la forma más perfecta posible pero jamás exactapues el precio no mide sino que refleja apenas el valor) entre etapas del proceso productivo, son los  precios. Entonces, ¿por qué apreciamos un cierto terreno y en cuánto lo apreciamos? Si lo arrendamos para producir zapatos en una fábrica que montemos en él, ciertamente estamos apostando a que los consumidores valorarán más los zapatos que las partes (cuero, cordones, electricidad, maquinaria, trabajo humano, terreno alquilado, campaña publicitaria y etiquetas) que usamos para crearlos. Que el todo es más apreciado por nuestros semejantes más que la mera suma de sus partes.

¿Cómo le llamamos a ese valor que añadimos nosotros al proceso? Valor agregado¿Y cuánto es el valor agregado? Podemos decir que –nuevamente- aunque los precios no miden el valor sí lo reflejan y por eso sabemos que si restamos los precios a los que nos vendieron los materiales, las máquinas, la energía y el trabajo humano, del precio al cual logramos vender los zapatos, la diferencia nos indicará cuánto valor hemos creado.

¿Cómo llamamos a esos precios a los que nos vendieron a nosotros las partes para crear un todo que es más que la suma de ellas? Les llamamos costos.

Hay dos tipos de costos: materiales y psíquicos. Los costos reales provienen de materiales, energía, esfuerzo humano y demás que se desgastan o transforman en el proceso productivo. Los costos síquicos provienen del análisis que hacemos de otras alternativas que sacrificamos al elegir lo que efectivamente elegimos. Cuando cierto trabajo implica muchos sacrificios personales (ej. estar lejos de la familia) o empresariales (ej. otras inversiones más rentables o más seguras). La diferencia entre los primeros y los segundos es que los primeros afectan  directamente el proceso productivo y los segundos afectan  indirectamente el proceso productivo al informar y afectar las alternativas del productor.

Valor, Tiempo y Riesgo

Imagínese ud. que va a su médico de confianza y él le dice que a usted le quedan apenas 48 horas de vida. ¿A qué dedicará esos dos últimos días de vida? Piense brevemente en las cosas que haría, la gente con la que hablaría y dónde pasaría las horas. Ciertamente, a  consumir tanto el tiempo como los bienes que no pretenda dejar a sus seres queridos.

No tendría ningún sentido iniciar procesos como aprender un nuevo instrumento musical o un idioma extranjero dado que aquellos rinden frutos más allá de esas 48 horas. Por tanto podemos decir que su  preferencia temporal (la intensidad por el  presente en vez del futuro) se ha elevado drásticamente.

Pero, ¿qué pasaría si su médico le llamara y le dijera que por una lamentable confusión el resultado que le dio era para otro paciente?

En ese caso podemos decir que nuestro horizonte temporal (la lejanía de sus proyectos y la cosecha de sus frutos) se ha expandido. Dicho de otro modo, nuestra preferencia temporal ha bajado o disminuido.

Bienes presentes y bienes futuros

La acción humana implica una comprensión del paso del tiempo debido a la cual valoramos el mismo bien ahora que después. Nuevamente, no hay que confundir el bien con su vehículo material más tangible (si preferimos un abrigo en invierno y no ahora en verano, es porque el bien no es sólo el “abrigo” sino “abrigarse en invierno” vs. acalorarse con un abrigo en verano, lo cual no es un bien sino un no-bien o molestia).

La diferencia de valoración entre bienes presentes y bienes futuros, se conoce como preferencia temporal.

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- Ulises Rodriguez U., miembro de la lista


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