Bienes, tiempo e imputación de valor

La teoría de la imputación

Tanto en el caso de los bienes como de las acciones humanas, los medios son valorados debido a que valoramos los fines. Es decir que los fines imputan -dotan de- valor a los medios. Ya en Aristóteles encontramos una teoría de la imputación cuando nos dice:

los instrumentos comúnmente así llamados son los instrumentos de producción, mientras que una posesión es un instrumento de acción. El hilo del telar, por ejemplo, no sólo útil; algo más se produce con él, mientras que un traje o una cama sólo tiene uso. Más aún, dado que la producción y la acción son diferentes en esencia, y ambas requieren instrumentos, los instrumentos que ellos emplean deben asimismo diferir en su clase

Aquí el gran filósofo griego ya nos da anticipa la relación que existe entre medios y fines. Apreciamos el trabajo ajeno en general no porque nos guste ver a otros trabajar en vez de descansar sino porque el fruto de ese trabajo serán los bienes culturales y materiales que –esos sí- apreciamos.

En otras palabras, podemos distinguir entre bienes de consumo (se producen para usarse) y bienes de producción (se producen para ayudarnos a producir más o mejor). Los bienes de producción se conocen también como  bienes de capital.

La imputación y los costos

Como podemos deducir ya, lo único que va transmitiendo el valor (de la forma más perfecta posible pero jamás exactapues el precio no mide sino que refleja apenas el valor) entre etapas del proceso productivo, son los  precios. Entonces, ¿por qué apreciamos un cierto terreno y en cuánto lo apreciamos? Si lo arrendamos para producir zapatos en una fábrica que montemos en él, ciertamente estamos apostando a que los consumidores valorarán más los zapatos que las partes (cuero, cordones, electricidad, maquinaria, trabajo humano, terreno alquilado, campaña publicitaria y etiquetas) que usamos para crearlos. Que el todo es más apreciado por nuestros semejantes más que la mera suma de sus partes.

¿Cómo le llamamos a ese valor que añadimos nosotros al proceso? Valor agregado¿Y cuánto es el valor agregado? Podemos decir que –nuevamente- aunque los precios no miden el valor sí lo reflejan y por eso sabemos que si restamos los precios a los que nos vendieron los materiales, las máquinas, la energía y el trabajo humano, del precio al cual logramos vender los zapatos, la diferencia nos indicará cuánto valor hemos creado.

¿Cómo llamamos a esos precios a los que nos vendieron a nosotros las partes para crear un todo que es más que la suma de ellas? Les llamamos costos.

Hay dos tipos de costos: materiales y psíquicos. Los costos reales provienen de materiales, energía, esfuerzo humano y demás que se desgastan o transforman en el proceso productivo. Los costos síquicos provienen del análisis que hacemos de otras alternativas que sacrificamos al elegir lo que efectivamente elegimos. Cuando cierto trabajo implica muchos sacrificios personales (ej. estar lejos de la familia) o empresariales (ej. otras inversiones más rentables o más seguras). La diferencia entre los primeros y los segundos es que los primeros afectan  directamente el proceso productivo y los segundos afectan  indirectamente el proceso productivo al informar y afectar las alternativas del productor.

Valor, Tiempo y Riesgo

Imagínese ud. que va a su médico de confianza y él le dice que a usted le quedan apenas 48 horas de vida. ¿A qué dedicará esos dos últimos días de vida? Piense brevemente en las cosas que haría, la gente con la que hablaría y dónde pasaría las horas. Ciertamente, a  consumir tanto el tiempo como los bienes que no pretenda dejar a sus seres queridos.

No tendría ningún sentido iniciar procesos como aprender un nuevo instrumento musical o un idioma extranjero dado que aquellos rinden frutos más allá de esas 48 horas. Por tanto podemos decir que su  preferencia temporal (la intensidad por el  presente en vez del futuro) se ha elevado drásticamente.

Pero, ¿qué pasaría si su médico le llamara y le dijera que por una lamentable confusión el resultado que le dio era para otro paciente?

En ese caso podemos decir que nuestro horizonte temporal (la lejanía de sus proyectos y la cosecha de sus frutos) se ha expandido. Dicho de otro modo, nuestra preferencia temporal ha bajado o disminuido.

Bienes presentes y bienes futuros

La acción humana implica una comprensión del paso del tiempo debido a la cual valoramos el mismo bien ahora que después. Nuevamente, no hay que confundir el bien con su vehículo material más tangible (si preferimos un abrigo en invierno y no ahora en verano, es porque el bien no es sólo el “abrigo” sino “abrigarse en invierno” vs. acalorarse con un abrigo en verano, lo cual no es un bien sino un no-bien o molestia).

La diferencia de valoración entre bienes presentes y bienes futuros, se conoce como preferencia temporal.

Economía

Apuntes adicionales sobre la definición, alcances y límites de la Economía o ciencia económica.

Lo positivo y lo normativo

La Economía no le dice a cada persona qué fines debe elegir. Eso ya es asunto para la Filosofía. Muchos fines pueden parecernos absurdos o “irracionales” porque no compartimos la escala de valores de uno o varios individuos. Pero la Economía no hace juicios de valor -es value-free en sus análisis- sobre los fines pero sí analiza rigurosamente si los medios elegidos van a llegar o no a los fines libremente elegidos.

Entonces encontramos que hay dos clases de aseveraciones sobre asuntos económicos: las de tipo positivo y las de tipo normativo. Las de tipo positivo (como en inglés, “are you positive?”) simplemente son observaciones/verificaciones de datos. Por ejemplo: “En Suecia 2/3 de gente se dedicaba a la agricultura en 1870, hoy sólo lo hace el 3% de suecos”. Las de tipo normativo en cambio dictan –norman- lo que se debería hacer. Por ejemplo: “El gobierno de Suecia debería motivar a los jóvenes con becas para que regresen a trabajar en el campo” (eso sería una pésima idea, por cierto, ya que la agricultura ahora es más eficiente y necesita menos gente sencillamente). Es decir que en Economía hay que saber separar entre meros datos y diagnósticos y prescripciones (recetas) basados en ellos. Para hacer afirmaciones normativas es necesario ser muy cuidadosos y conocer no sólo de teoría (causas y efectos) sino de historia, para no proponer cosas absurdas y destructivas para el bienestar humano. Los economistas qua economistas no pueden elegirle fines a los individuos ni a una sociedad en su conjunto. Sólo pueden ayudar en el análisis de las situaciones pasadas/presentes y aconsejar informadamente sobre los mejores medios para alcanzar unos fines basados en ese análisis situacional.

¿Por qué existen las sociedades humanas?

Es evidente que las familias e incluso las familias extendidas son un hecho biológico y los genes e instintos tienen mucho que ver con que permanezcan unidas. Pero los seres humanos somos la única especie en que existe la cooperación con extraños(Nota de pie:) Las abejas y hormigas tienen ordenes sociales aparentemente complejos pero en realidad su división del trabajo es limitada. Y además sus panales y hormigueros son -biológicamente hablando- familias extendidas en primer lugar. Como nos enseña el divulgador científico Matt Ridley, el ser humano es único entre todo el resto de especies porque descubrió el trueque. Y con el trueque, la posibilidad de extender su división del trabajo (y del conocimiento) más allá de su familia. Las sociedades humanas como señaló frontalmente el gran economista del siglo veinte, Ludwig von Mises, existen gracias a que los seres humanos descubrieron mediante la razón la posibilidad de cooperar con extraños en vez de competir destructivamente por los recursos escasos presentes su entorno. El gran descubrimiento que permite existencia de sociedades humanas es uno muy sencillo y muy potente a la vez: el comercio es más beneficioso que la guerra.

¿Se puede crear riqueza o la riqueza ya está “dada”?

En un mundo de recursos escasos parecería que estamos condenados a vencer o morir en un juego de suma-cero donde lo que el uno gana lo otro pierde. Pero a diferencia de los leones que compiten por una gacela, los seres humanos podemos cooperar competitivamente -o competir cooperativamente- para crear/descubrir/transformar recursos adicionales. Algunos podrían cuestionar la idea de que los seres humanos podemos crear riqueza. En realidad no somos dioses y por ende no podemos “crear” en el sentido de materializar cosas de la nada. Sin embargo podemos recoger, excavar, fundir, mezclar, cocinar, tejer, aplastar, modelar, dividir y recombinar los materiales que nos provee la Naturaleza. Todos esos actos de transformación del entorno, son actos creativos. De este modo ponemos más elementos naturales al servicio del ser humano y otros seres que nos importan (una casa para el perro, una reserva natural demarcada para proteger un ecosistema de aves).

Economia101

Esta wiki o enciclopedia de hipervínculos contiene las definiciones más importantes de Economia101 o Introducción a la Economía.

¿Qué es la Economía?

Podemos decir que es la disciplina que estudia cómo los seres humanos se coordinan mediante instituciones, principalmente el sistema de precios, para crear bienestar.

Empezaremos obviamente por la definición de valor, dado que es la piedra fundamental de cualquier edificio de pensamiento económico. Exploraremos las normas lockeanas para adquirir/crear propiedad de manera pacífica y legítima, porque la ética es esencial al análisis económico (nunca se analizan o manipulan los recursos «de todos»). Luego, la diferencia entre valor, precio y costo, pues no distinguir entre las tres cosas, impide entender temas como el valor agregado y el comercio (interpersonal e «internacional»). Proseguimos con el costo de oportunidad y la diferencia entre ocio y trabajo. Y podríamos profundizar en conceptos de la acción humana (de donde se deducen todas las leyes económicas). A continuación, el principio de intercambio nos explicará por qué el comercio es fundamentalmente de naturaleza ganar-ganar.

La Ley de Say nos explicará de dónde viene la capacidad («poder») adquisitivo, es decir, de demanda. Y desde luego, nos interesa entender aunque sea básicamente, la ley de demanda. Existen bienes de consumo y existen bienes de capital, pero la diferencia está dada por la acción humana, es decir, por su uso en un cierto momento. Y ambos tipos de bienes se relacionan a través de la ley de imputación, que es indispensable para entender la imposibilidad de transmitir valor en sistemas socialistas. Es decir, su incapacidad de coordinar la creación de valor (o su sostenimiento, incluso) entre los factores de producción y las necesidades, deseos y urgencias de la gente.

Las marcas (valor del bien final o de consumo) son el activo más importantes de las empresas. Definamos qué es una empresa. Y de paso, podemos explorar por qué la ganancia empresarial y el afán de lucro son fuerzas esencialmente benévolas en las sociedades humanas.

 

El capital

El capital: no es «dinero»

Uno de los conceptos peor entendidos incluso dentro de la propia profesión económica, es el de capital. El capital –en palabras del prof. George Reisman- es simplemente la porción de riqueza personal, familiar o nacional que destinamos a producir riqueza. Riqueza (bienes) destinada a producir riqueza. Hacen parte del capital los fondos en dinero, las maquinas, los terrenos, la energía y insumos que vamos a utilizar productivamente. Ciertamente, en una economía avanzada la única forma posible de saber si estamos siendo socialmente productivos (agregando valor a la vida de los demás) es mediante intercambios reales, es decir, ventas. Por tanto, la productividad se refleja en ingresos monetarios (ventas a cambio de dinero, de nuestra producción).

Algunos elementos del capital son específicos a un proyecto particular. Pensemos en la barra de una discoteca que tiene tallada en madera el nombre de la discoteca. Difícilmente o previas costosas modificaciones podrá ser utilizada en la siguiente discoteca que creen propietarios. A éstos se les llama bienes de capital específicos. Otros en cambio como el dinero o la energía eléctrica, se los conoce como bienes de capital no-específicos. Esta diferencia es de transcendental importancia cuando hay una crisis económica, puesto que al momento de reasignar bienes a usos ahora más prioritarios, los bienes de capital específicos pueden representar gastos adicionales o simplemente una pérdida irreparable.

El costo de oportunidad

El costo de oportunidad

Decimos que nuestras acciones tienen un costo de oportunidad pues aquello que elegimos hacer con X recursos y en Y momento, tiene como costo -gasto, sacrificio- las cosas que ya no elegimos hacer.

Por ejemplo, Andrés puede destinar su día sábado las siguientes cosas que componen su escala de valoración de alternativas:

1) Visitar a su novia (hay que llegar hasta donde vive)

2) Tomarse un helado (más cerca de su casa)

3) Arreglar su cuarto

Andrés, si decide visitar a su novia, habrá sacrificado el poder tomarse un helado cerca de casa. Por eso decimos que no tomarse un helado, es el costo de oportunidad de visitar a su novia.

Sin embargo aquí aparece un concepto que mencionamos antes: los fines y medios deben ser descubiertos. Supongamos que su novia le llama y le dice a Andrés que ya no va a estar en casa. Entonces ese cambio en la información disponible -el mundo y el resto de personas no se quedan estáticos mientras planeamos nuestras acciones- hará que para Andrés ahora tomarse un helado sea la prioridad número uno en su agenda de actividades del sábado.

El principio de intercambio

El principio de intercambio: por qué el comercio individual e «internacional» son de naturaleza ganar-ganar

Si dos personas intercambian sus bienes voluntariamente -manzanas por peras, un saco de sal por un número horas trabajadas, dinero por medicinas- ambas partes esperan beneficiarse de ese intercambio.

Esto es así ex ante. O antes de la transacción.

Ex post sin embargo, ambas partes evaluarán -podemos suponer que todos hemos comprado la prenda de ropa equivocada alguna vez- si efectivamente fue «buen negocio» y si repetirán a futuro o no.

Por supuesto el robo, la esclavitud y feudalismo y los impuestos no son ejemplos del principio de intercambio.

Y la estafa no es sino otra forma de robo, pues se trata de un intercambio en realidad no consentido.
Desnaturaliza el intercambio, que por naturaleza es ganar-ganar.

Sin embargo el peso de informarse sobre el bien -ej. llevar a un amigo que sabe más de mecánica, antes de comprar un auto usado- recae sobre el potencial comprador. Esto es, el principio clásico romano de caveat emptor (en inglés: «buyer beware»).

El sistema de precios

El sistema de precios, cómo se forman los precios y su rol coordinador en sociedades extendidas

 

Cuando las transacciones se repiten, los patrones de compra o de venta resultantes van conformando distintos tipos de mercados. Veamos las dos clases en que pueden dividirse:

El caso del  buyer’s market (mercado favorable al comprador)

Pensemos en un amigo –llamémosle Jack- que nos visita desde los Estados Unidos o Europa y le llevamos a comprar artesanías al mercado de Otavalo. Si Jack se coloca en frente a 4 puestos de venta que tienen una misma muñeca de mazapán, se encontrará en una situación tipo “buyer’s market”. Es decir, los vendedores estarán “a merced” del comprador. Probablemente tenga un acuerdo previo a la llegada de Jack para mantener el mismo precio para cierto tipo (calidad) de bienes. Ese tipo de pactos o asociaciones entre ofertantes se llaman carteles. Un cartel es ciertamente algo muy legítimo, de la misma manera en que cuando en Suecia los trabajadores deciden no vender sus servicios laborales por menos de X cantidad de coronas suecas (la moneda de ese país) o los diseñadores gráficos en Quito acuerdan no crear logotipos para empresas por menos de Y cantidad de dólares. La escala no debe importar en el análisis ético de ese tipo de tratos y pactos: si los ofertantes “pequeños” o individuos pueden concertar el no bajarse de un precio mínimo para “no dañar el mercado” de su producto o servicio, también es legítimo que lo hagan los “grandes” (bancos, empresas, regiones). Sin embargo los carteles son estructuras productivas inherentemente inestables pues alguien tenderá a hacer “trampa” bajando el precio o aumentando cantidad o mejorando calidad a favor del consumidor. En otras palabras, cuando existe un pacto explícito o tácito (que actúen “como si” se hubieran puesto de acuerdo”) entre productores, hay una tentación permanente a hacer trampa a favor de los consumidores, beneficiándoles.

En el caso de Jack y las artesanías, la vendedora tratará de darle algo adicional por su dinero (la “yapa” se diría en el mercado de Otavalo”) o darle un descuento por una compra en conjunto para que no le quede muy claro a sus vecinos (competidores y a la vez amigos) que redujo el precio a fin de cuentas.

En todo caso podemos ver que Jack es quien tiene las de ganar en un proceso de regateo puesto que existen múltiples vendedores (productores) y un solo comprador (consumidor).

El caso del seller’s market (mercado favorable al vendedor)

Pensemos ahora en la camiseta que utilizó Edson Arantes do Nascimento (mucho más conocido como Pelé) en su último partido como profesional. Si por azares de la vida logramos obtenerla apenas se la quita al terminar el partido, estaremos –frente a miles o millones de fans- en la situación de un  seller´s market: muchísimos potenciales compradores y apenas un vendedor.

Este tipo de situaciones generalmente suelen “resolverse” por medio de una subasta pública en una fecha previamente anunciada. La razón es que si no se hace conocer a muchos potenciales interesados la fecha y el lugar para “pujar” por el bien subastado, se tendrá menos participantes, volviendo menos “perfecta” la transacción.

Mercados, información y costos.

Los mercados son los mecanismos más humanamente perfectos para que los productores y los consumidores se encuentren. Sin embargo, es absurdo asumir que ambas clases de participantes poseen “información perfecta” o “completa” antes de que empiecen las transacciones. De hecho, hay negocios muy exitosos basados en perfeccionar los mercados (es decir, mejorar la información disponible y hacer que los compradores y vendedores de distintos bienes se encuentren más rápido o se encuentren de mejor manera). Aquí algunos ejemplos:

Las cooperativas de ahorro y crédito, empresas financieras y bancos: Si usted tiene $200usd para prestar, es difícil ir de casa en casa donde los vecinos a preguntarles quién desea tomarlos prestados al 5% anual. Sin embargo una mutualista o banco ganan dinero al facilitar el encuentro entre partes que no se coordinarían -al menos no fácilmente- por su cuenta.

¿Quién fija los precios: el productor o el comprador?

Como vemos, los intercambios son la única fuente posible para los precios. Los precios no “miden” el valor, sino que lo reflejan. Siempre el valor excede los precios y los aumentos de valor percibido provocan precios mayores; lo opuesto es cierto también.

Una idea altamente difundida pero errónea, es esa de que los empresarios fijan los precios (“pueden poner el precio que quieren y nosotros aceptamos”). En realidad como el dicho popular sobre el romance dice: “el hombre propone y la mujer dispone”, en este caso tenemos que “el productor propone y el consumidor dispone”. Por eso economistas como W.H. Hutt habló de la  soberanía del consumidor. Ciertamente son los productores quienes crean, modifican y retiran líneas enteras de productos del mercado pero no lo hacen caprichosamente sino en un esfuerzo por tratar de predecir o seducir al consumidor. Cuando un almacén de ropa hace “rebajas” o “liquidaciones” está en el fondo diciéndonos: “nos equivocamos en el precio o en la cantidad que ofrecimos”. El precio no es el precio propuesto en una etiqueta o escaparate, sino el precio “al que realmente se vendió”.

Así, vemos que si bien el productor intenta fijar pero en el fondo sólo puede proponer, un precio aparece sólo cuando hay una  venta.

¿Quién está a expensas de quién en una relación comercial? Las empresas hacen esfuerzos inmensos por generar programas de afiliación, tarjetas de descuento y otro tipo de mecanismos de fidelización del consumidor. Pero el consumidor y el productor no son personas particulares sino roles. Nosotros cuando somos productores buscamos la fidelidad del cliente para poder planear nuestros ingresos y tener seguridad. Pero en nuestro rol de consumidores de todo lo demás (y a veces incluso con los propios productos de la empresa para la cual trabajamos) solemos ser caprichosos, inconstantes y “crueles”. Pensemos en una discoteca: a sus dueños les conviene una clientela estable y que consuma lo suficiente dentro de ella. Pero al resto de nosotros nos encanta variar lugares o ser constantes mientras nos gusta su ambiente para abandonarla apenas esto cambia. Al igual que en otros temas de la Economía, las personas juegan distintos roles en distintos momentos y a veces la mismo tiempo. Al contrario de lo que pensaron los seguidores de Karl Marx y otros fatalistas, no se trata de “clases sociales” sino de papeles que jugamos en distintas etapas de nuestras vidas o momentos del mismo día.

¿Para qué sirven los precios?

Los precios nos sirven como un punto de encuentro entre la escasez o abundancia objetiva de ciertos bienes y su valoración subjetiva por parte de las personas. En otras palabras, un precio al ser una  tasa pasada de intercambio entre cantidades de bienes nos permite  calcular mediante una unidad común, el  dinero, cuánto estamos utilizando de ciertos bienes para producir otros. En otras palabras, nos permite economizar más allá de las fronteras de nuestra actividad individual. Las sociedades pueden coordinar procesos productivos complejísimos –muchos aparentemente sencillos como la producción de un simple lápiz, el cual nadie sabe fabricar desde cero- gracias a la existencia de  precios, mediante el cálculo económico.

La acción humana

La acción humana: algo único en la naturaleza

Los seres humanos somos únicos entre los seres vivos por un alto desarrollo de lo que conocemos como razón. Un ser humano recién nacido es el más vulnerable de todos los seres vivos -pensemos en un bebé humano abandonado en el centro de Tokio o una montaña de Ecuador: está condenado a una muerte segura- debido a que en él los instintos son mucho menos dominantes que en cualquier otro mamífero o especie animal. Lo que el ser humano necesita saber para sobrevivir -solo o en sociedad- debe aprenderse mediante la razón. Pero esa severa limitante es el costo que pagamos por un inmenso potencial: el ser humano tiene ciertas características únicas o al menos desarrolladas hasta un punto muy singular.

Podemos pensar en función de pasado, presente y futuro -un perro no piensa “¿a dónde va mi vida?”, podemos sostener diálogo interior -“¿está bien esto que estoy haciendo?”- y visualizar situaciones como escenarios y causa y efecto -“¿qué consecuencias tendrá esto que hago o eso otro que dejé de hacer?”. Esto significa que nos relacionamos de manera única con el entorno, al menos cuando se trata de acciones y no de reacciones (por ejemplo al dormir, nuestra parte insconsciente/instintiva toma el control o cuando reaccionamos sin pensarlo frente al fuego, etc). La acción humana es conducta deliberada.    (Nota de pie:) en palabras del prof. Jesús Huerta de Soto.

La acción humana es entonces de naturaleza teleológica, es decir que nos proponemos objetivos y metas para arribar a ellos. Otros seres simplemente funcionan en base a estímulo-reacción o instintos. Nosotros podemos decidir en cambio -dentro de lo posible- entre posibles cursos de acción en base al conocimiento que tenemos en ese momento. Y esa es la naturaleza humana: la de un ser vivo capaz de ignorar/moderar sus instintos -por eso la Ética y los Derechos Políticos sólo existen como tema entre los seres humanos- y elegir fines y buscar los medios más apropiados -y éticos- para realizarlos.

El axioma de la acción  humana

La acción humana, como dijimos, tiene ciertas características únicas. La naturaleza humana ha sido lo que es por cientos de miles de años y seguirá siéndolo. Es por ello que es posible saber a ciencia cierta qué efectos puede tener una acción humana dado cierto contexto -los límites que nos pone la realidad-, es decir que podemos deducir leyes económicas.

Porque somos actores humanos, sabemos que toda acción humana es el esfuerzo deliberado por pasar de una situación menos satisfactoria a una más satisfactoria, incurriendo en costos -incluido el costo de sacrificar otras alternativas de acción, a través del tiempo y sometidos a la posibilidad de éxito o de fracaso. 

En otras palabras toda acción humana es una iniciativa o emprendimiento -un acto empresarial- que busca transformar el entorno de tal manera que las cosas sean distintas de cómo serían si no hubiéramos actuado. Por eso en el lenguaje común hablamos de emprender acciones. Y se trata de emprendimiento en su estado más puro puesto que al ser seres sólo parcialmente instintivos, los seres humanos debemos descubrir y re-descubrir constantemente no sólo los fines a perseguir sino también los medios más adecuados para hacerlo.

El conocimiento para actuar exitosamente en el mundo real no está “dada” pues no somos omniscientes y además porque el entorno -objetos y otros sujetos- está cambiando. Una acción que fue exitosa ayer -visitar a la abuela- puede ser un fracaso hoy pues ella salió a escuchar misa. El próximo domingo ya sabremos que hay que llamar antes de intentar visitarle o simplemente evitar la hora de misa. A esa hora tal vez sea mejor limpiar nuestro cuarto. Así, con un sencillo ejemplo, podemos entender por qué debemos ajustar los medios constantemente para lograr nuestros fines pero incluso nuestros propios fines deben ser todo el tiempo revisados. A diferencia de otros seres vivos, los seres humanos debemos descubrir y pensar para poder sobrevivir y avanzar en la vida.

¿Pero qué implicaciones científicas tiene esto? De este axioma -es decir postulado esencial e irrefutable- que dice que los seres humanos actuamos, podemos deducir las leyes y principios de la Economía.

¿Por qué decimos que es un axioma? Porque quien intente decir que los seres humanos no actuamos buscando pasar de una situación menos satisfactoria a una más satisfactoria, es decir, quien intente refutar esa idea, estará cumpliendo con las características de esa idea en el intento de refutarla. Quien intente decir que no actuamos, al hablar para decirlo estará ejecutando una acción humana con todas las características antes descritas. Y al ser un axioma ese postulado -una verdad sólida- nos sirve para deducir de ella una serie de implicaciones muy potentes para describir el mundo de las acciones humanas, es decir la Economía.

Las Leyes de la Economía

Las Leyes de la Economía o leyes económicas, no son leyes (legislación) creadas por el ser humano -como la que prohibe cruzarse el semáforo en rojo- sino descubiertas y son parte de la naturaleza de la realidad. A diferencia de la legislación creada por congresos, parlamentos o asambleas que debe ser ejecutada (“enforced” en inglés) mediante el uso de la fuerza organizada, las leyes económicas son parte de cómo funciona el universo y en particular el ser humano. Y el método para descubrir las leyes económicas es axiomático-deductivo: del análisis de la acción humana individual y en sociedad podemos deducir lógicamente esos principios o leyes.

Un ejemplo de ley económica es la ley de demanda. Esta ley o principio de la realidad dice que “si el precio de un bien se eleva y nada más cambia, la cantidad que de ella demanden los seres humanos será igual o menor, nunca mayor (con respecto a la cantidad demandada al precio anterior)”. Y sabemos que esta ley es cierta en todo lugar y en cualquier momento porque sostener lo contrario violaría el axioma de la acción humana. Quien compre más cuando algo sea más caro (sin que nada más cambie, es decir, existiendo ceteris paribus) necesariamente estaría trabajando contra su propio bienestar subjetivamente trazado.

Otras leyes económicas que proceden de dicho axioma son también necesariamente ciertas como por ejemplo:

  • Siempre que dos personas intercambien, ambas deben esperar beneficiarse de ello.
  • Siempre que un intercambio sea forzoso, una parte se beneficia a expensas de la otra
  • Siempre que existiendo dos productores A y B, y A es mejor que B en la producción de dos bienes, de todos modos pueden entablar una división del trabajo mutuamente beneficiosa si A se especializa en el bien que produce relativamente mejor que el otro, y deja su producción a B

Las instituciones como un orden espontáneo

Las acciones exitosas de los seres humanos son imitadas y repetidas por otros, formando patrones o pautas que conforman lo que conocemos como instituciones.

Tomemos el lenguaje para empezar: distintas palabras fueron agregadas en distintos momentos por distintos individuos. No fue creado ni diseñado por nadie en particular y por el contrario las partes que le componen han ido sumándose a lo largo del tiempo. Entonces podemos decir que el lenguaje es un orden espontáneo.

Al igual que el lenguaje otras instituciones han ido emergiendo -son una propiedad emergente del sistema social pues hacen el todo algo mucho más que la sola suma de las partes- históricamente a través de prueba-y-error porque mejoran las interacciones entre las personas.

Ejemplos de instituciones de orden espontáneo:

  • la propiedad privada
  • el dinero
  • la familia
  • los contratos
  • la empresa
  •  la ley
  • la banca
  • los mercados en su conjunto

Ninguna de estas instituciones fue diseñada por una mente individual o un grupo de sabios sino que han aparecido en muchas -casi todas- sociedades de la historia a medida que va aumentando la complejidad de los desafíos que enfrentan esas sociedades. Han ido perfeccionándose con aportes de individuos y comunidades específicos, sí, pero son el fruto de muchas interacciones que siguen agregando o retirándoles características de forma evolutiva.

Ingreso monetario e ingreso psíquico (satisfacción psicológica)

Algunos economistas suelen apelar a la idea de un ser humano frio, que busca sólo maximizar sus ingresos de dinero a costa de casi cualquier cosa. Le llaman el homo economicus. Pero como podemos apreciar, en realidad ese sujeto es una caricatura de la realidad. No es necesario asumir tal cosa para explicarnos los comportamientos económicos de las personas.

En realidad ya sea en una economía de trueque o una basada en dinero (más avanzada), los seres humanos buscamos obtener dos tipos de ingreso en nuestros intercambios y tratos con los demás:

a) Un ingreso psíquico (satisfacción psicológica)

b) Un ingreso monetario (material)

Cada profesión o actividad que hacemos para otros nos provee de una combinación única y distinta (que como ya podemos deducir, también es distinta entre distintas personas) de ingreso psíquico y monetario. Hay actividades como el teatro, el circo y otras formas de arte por las cuales la sociedad no paga particularmente bien, pero que son elegidas porque son de alta satisfacción personal para el actor, malabarista o músico. Por otro lado existen profesiones y actividades de alto riesgo o muy fatigantes/desagradables que probablemente no proveen de mucha satisfacción a sus participantes pero son compensadas monetariamente de forma suficiente y por ende encuentran quién las quiera hacer (recoger basura o trabajar lejos de la familia en lugares inhóspitos).

La empresa

La empresa es una red de contratos. Permite lograr productivamente (en creación de valor por hora) lo que otras organizaciones humanas (la familia, el grupo de amigos, etc) no podrían ni están pensadas para hacer.

La empresa se organiza para buscar crear valor por encima de los costos, riesgos y riesgo empresarial (comercial) incurridos. Es la forma organizada del entrepreneurship o función empresarial, que es inherente a la acción humana. Todos emprendemos acciones.

Quien evalúa si efectivamente crea valor -mecanismo de «feedback»- es el consumidor.

La empresa fue ignorada por los economistas del «mainstream» británico hasta 1953, en que Coase empieza a escribir sobre las firmas (que pueden ser una red de empresas, por ejemplo).

La ganancia empresarial

Dos ideas erradas sobre el origen de la ganancia empresarial

La primera idea errada dice que la ganancia empresarial sale de los trabajadores físicos de la empresa. En primer lugar, no solo el trabajo físico importa. No son «los trabajadores los que realmente crean la riqueza». Ventas, relaciones públicas, estrategia, y muchas otras importan.

Pero además el empresario-capitalista no «extrae» valor de los trabajadores. Es exactamente lo contrario. Las inversiones en herramientas y métodos, los contactos y clientes, la reputación y la marca y la propia visión del negocio, potencian la productividad -creación de valor– por hora, de cada colaborador (Plusvalía de Say).

La segunda idea errada sobre el origen de la ganancia empresarial dice que ésta sale de los clientes. Es decir, que la parte que lleva contabilidad de costos y obtuvo el dinero al intercambiar, es «la ganadora». Esto es un error por razones ya expuestas –valor subjetivo, principio de intercambio- y las que veremos a continuación.

Un mundo de incertidumbre y riesgos calculables

El origen de la ganancia empresarial

Dado que el valor el subjetivo, todo intento de ofrecer un bien con valor agregado, es apenas eso, un intento.

Ese intento está sometido a lo que (ver: Frank H. Knight) se conoce como «riesgo empresarial», que no es asegurable -como la posibilidad de un incendio o robo- y por tanto más que riesgo, es incertidumbre.

No se puede contratar un seguro contra la quiebra porque nuestros tacos mexicanos o diamantes verdes no fueron aceptados por la gente en los mercados.

Muchas cosas que hace un negocio son asegurables, pero su aceptación comercial en sí permanece por siempre en la incertidumbre (riesgo empresarial).

Por tanto, el riesgo empresarial es riesgo de que la propuesta de valor agregado, sea o no aceptada.

Quien hace lo que otros hacen, tiene mejores posibilidades de acertar. Sin embargo, quienes hacen algo extraordinario enfrentan mayor riesgo. Y sí, a mayor riesgo (de cualquier tipo, incluyendo riesgo empresarial), mayor rentabilidad.

La acción humana y el afán de lucro

La acción humana es teleológica -a diferencia de la primacía de los instintos en otras especies animales- es decir que se busca pasar a una situación más satisfactoria. Nos ponemos objetivos (visitar a un amigo, terminar nuestros estudios, etc).

la acción humana es inherentemente empresarial. Por eso hablamos de emprender acciones. Muchas fracasan, no solo las comerciales. Y fracasan porque son intentos, intentos de arribar a una situación más satisfactoria.

El afán de lucro entonces es simplemente una expresión de la acción humana. Si entendemos el principio de intercambio explicado arriba, sabemos ya que los intercambios comerciales pueden ser -y habitualmente son, o la gente no los repetiría- de naturaleza ganar-ganar.

La ley de demanda

La ley de demanda: por qué depende del contexto, siempre

La cantidad demandada de un bien si sube su precio, y otros factores no cambian, será igual o menor que la cantidad demandada antes, nunca mayor.

La supuesta excepción son los «bienes Giffen» pero en realidad no hay «bienes Giffen» sino situaciones Giffen, en que al desaparecer las alternativas -ej. la helada en Irlanda de mediados del s. XIX con las papas vs. otros alimentos- un bien recibe más demanda a pesar de subir su precio. Pero claramente una situación Giffen rompe con la cláusula de «y otros factores no cambian» y no son una contradicción sino una simple aplicación de la ley de demanda.

Otra supuesta excepción son los «bienes Veblen», bienes de lujo (o «superiores») cuya demanda aumenta atada a su precio. Sin embargo, cuando el bien es «status» o prestigio en una sociedad de primates avanzados (y otras tienen esos mecanismos evolutivos, no solo el ser humano), el precio «señaliza» el valor, escasez y puja por ese bien. Al igual que la Coca-Cola, no son valorados precisamente por sus componentes físico-químicos.

Ver también: el sistema de precios.

La Ley de Say

La Ley de Say: la oferta crea la demanda, no al revés

«Hay una ley macroeconómica que se suprime o se comprende y enseña mal para conveniencia de los políticos y las burocracias del mundo.
Para meternos en el mundo de gasto, deuda e inflación en el que vamos atrapados ya 90 años gracias a los bancos centrales y los políticos gastadores.
Se trata de la Ley de Say.
En versión vulgar se resume como «la oferta crea su propia demanda».
Expuesta así, es fácil de atacar.
Parecería que la oferta de productos y servicios puede desbordarse y no habría demanda suficiente a nivel general (macro).

A nivel micro: la oferta («la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas» – Steve Jobs) crea demanda que a su vez crea -vía expectativas- más oferta.
A nivel macro: la oferta (inversión, producción) crea la (capacidad de) demanda.

En realidad, los precios -el sistema de precios es la computadora social por excelencia- se ajustan si hay sobreproducción parcial -en cierta empresa o cierta industria entera- o total -en caso de una crisis o emergencia.
Si alguien sobreproduce pantalones, cosa que pasa todo el tiempo, la gente los comprará más baratos o serán regalados, pero eso no causa una crisis general ni de su industria.
Si no se entiende el rol de los precios, parecería que los gobiernos deben «salir a impulsar» la «demanda agregada» mediante política fiscal (gastar por ti) o política monetaria (crear más dinero fiat, por decreto).
En realidad cuando lo hacen crean burbujas sectoriales o incluso de préstamos sin ahorro real, lo cual lleva a recesiones o crisis como la llamada Gran Depresión o la del 2008.

Y para empezar, diluyen el valor del dinero y deforman los mercados.
Se culpa a los mercados -sistema coordinador- por las acciones previas de los gobiernos -sistema descoordinador.

La única forma de que oferta y demanda se divorcien -pensemos en que los entrepreneurs e inversionistas siempre buscan minimizar sus errores- de forma tan ciega o tonta, es por acciones masivas de los gobiernos.

Lo que asegura que haya suficiente «demanda agregada» es la existencia de una vigorosa «oferta agregada» mediante seguridad jurídica para inversiones, marco tributario atractivo y mentalidad cultural pro emprendimiento y prosperidad.»

Más apuntes: HT #Economia101  

Las normas lockeanas

Las normas lockeanas: las reglas para adquirir propiedad de manera pacífica y legítima

John Locke fue un inspirador crucial de las instituciones y formas de gobierno en el mundo anglosajón. Observando la historia humana, enumeró las tres formas de adquirir propiedad de forma pacífica y justa.

-Las normas lockeanas
1.- Potenciales bienes -recursos- sin dueño, modificados y delimitados en la naturaleza («homesteading» en inglés)
2.- Producción y modificación de bienes existentes
3.- Intercambios (incluye el regalo y el regalo a futuras generaciones, es decir, la herencia)

Cuando se obtiene propiedad respetando las normas lockeanas, tiene propiedad legítimamente adquirida (en contraste con sistemas de esclavitud, feudalismo, conquista, etc).

Los bienes (físicos o intangibles) que alguien pone a la venta en los mercados, son suyos en primer lugar. No tiene obligación alguna de venderlos. Ni de venderlos a un precio X que no le convence, etc.

 

Los factores de producción

Los factores de producción

Complementarios al capital, tenemos los recursos naturales y el trabajo humano como  factores de producción. Las máquinas y la energía (al igual que en el pasado y en zonas remotas las bestias de carga) también ejercen trabajo sobre el entorno pero es mejor clasificarles dentro del stock de capital (riqueza productiva) disponibles en un territorio. Esa tríada: Tierra, Trabajo y Capital como la denominaron los economistas clásicos es apenas una clasificación funcional que depende enteramente de la acción humana que les asigna como tales. En un futbolista de talla mundial encontraremos que lo que le provee la naturaleza, su bien de capital (su cuerpo, que ha cultivado mediante deliberadas inversiones en buena nutrición y entrenamiento) y su trabajo (actividad) forman un todo físico inseparable aunque podamos separar, para propósitos de análisis, sus aspectos.

La tierra

Los economistas clásicos llamaron “tierra” a los recursos naturales, que al ser trasladados y/o transformados por el ser humano, podían sumarse a su calidad de vida directamente (si eran ya bienes de consumo) o indirectamente (si servían como materia prima para generar bienes de capital o de consumo).

La tecnología y las ideas

La ciencia pura en muchas ocasiones –y gracias al ahorro de generaciones previas y actuales) se puede transformar en tecnología. No solamente en maquinaria, computadoras y microchips sino también en know-how empresarial, es decir, tecnología humana (conocimientos organizacionales, motivacionales y similares que hacen –hasta cierto límite- que un grupo jerárquico y organizado sea más productivo que uno desorganizado y sin reglas internas ni metas externas). Las ideas en este caso nos dice el prof. Murray Rothbard son “el factor de producción que es indispensable en cualquier etapa de todo proceso productivo. Esto es la “idea tecnológica”. Una vez generada es utilizable por todos quienes deseen hacerlo, es “un favor ilimitado de producción que nunca se desgasta ni necesita ser eocnomizado por la acción humana”.


El trabajo humano

Sin duda alguna el ser humano se halla en el centro no sólo de la valoración para el consumo sino de la producción misma. Sin embargo, el trabajo y el capital no son antagónicos como han intentado decirnos algunos pensadores. Por el contrario, si la clasificación clásica hablaba de tierra (recursos naturales), trabajo y capital como los factores de producción, el capital (y la tecnología e ideas que van de su mano) es el mejor amigo del trabajador pues le libera de hacer tareas pesadas y repetitivas como en épocas agrícolas o menos industrializadas de la humanidad. No sólo existe un alivio de tareas, sino que la productividad de un trabajador agrícola utilizando un tractor y una segadora es varias veces más alta que si utiliza un azadón y una hoz con sus propias manos. Esto le permite obtener un ingreso más alto por su trabajo dado que produce más para sus semejantes.

Ocio y trabajo

Como vemos hay actividades que son disfrutables por sí mismas (alto ingreso psíquico). Por ejemplo, visitar un amigo, ir al cine o salir de paseo en las afueras de la ciudad.

A estas actividades las podemos llamar ocio.

Otras actividades las hacemos por nosotros mismos o por otras personas pero no son disfrutables en sí mismas sino por los frutos que rinden (nuevamente, para nosotros u otros) a las que llamaremos trabajo.

El trabajo es un medio para otro fin (trabajo o disfrute mejor).

Ocio                                                      Trabajo

O————————————————–T

Cómo puede verse, hay un polo donde podemos colocar las actividades de disfrute puro, y en el opuesto, a las de trabajo puro. Pero claramente se trata de un continuum, de diversos grados en que el ocio y el trabajo se combinan en distintas actividades.

Ejemplo 1:

Ir de pesca con la familia. Hay mucho trabajo previo –preparar comida, revisar el estado del vehículo- y posterior –limpiar los pescados, lavar el automóvil y los aparejos de pesca- en una actividad disfrutable. Incluso una vez ya en el río o laguna, hay tareas que tal vez no son disfrutables en sí mismas pero indispensables como preparar la carnada, remar el bote hasta el punto deseado y desenredar el hilo nylon cuando se enreda.

Por tanto, podemos decir que es una forma de ocio trabajoso.

Ejemplo 2:

María es contratada para vender seguros de vida. Al principio el trabajo le resulta intimidante pero con el paso de las semanas se vuelve más hábil y empieza a descubrir cosas que le gustan cada vez más de vender.

Su trabajo se ha desplazado en nuestro eje imaginario desde trabajo puro hacia el trabajo disfrutable.

Nota: para el prof. Jorg Guido Hülsmann, el interés es la recompensa a la diferencia de valoración entre ocio y trabajo y coincide con pero no es causado por la preferencia temporal (diferencia de valoración entre bienes presentes y bienes futuros).

Nota: el rol del trabajo fue sobreenfatizado por Max Weber en su merecídamente célebre trabajo sobre «La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo», según el prof. Murray Rothbard. Los países católicos tienen otra combinación disfrute-trabajo en sus culturas (mediterráneas, por ejemplo) y basta con que exista libertad económica y cada país se especializará más en lo artesanal/experiencias/turismo/ocio/disfrute que en lo mecánico, de alta tecnología, etc relativamente, enriqueciéndose al máximo en «su estilo». Capitalismo no es sinónimo de ausencia de disfrute, ética protestante ni nada por el estilo. Por el contrario, es crear procesos, arte, conocimiento, etc que valorice el tiempo humano por hora en todas las actividades.

Valor

El valor: qué es y por qué no puede medirse

Hasta 1871 se pensaba que el valor podía quizás ser «objetivo». Por ejemplo, los diamantes serían más valiosos -y caros- que los panes porque es más costoso y riesgoso extraerlos, porque hay más «horas-hombre» involucradas, porque el objeto es «valioso en sí mismo» etc.

Sin embargo en 1871 la revolución marginalista -tres economistas de distintos lugares de Europa- resuelve el dilema diamantes vs. panes -la supuesta «paradoja del valor»- más o menos al mismo tiempo.

Resulta que el valor de un bien es subjetivo en origen y parcialmente objetivo, según el número de unidades de otros bienes más o menos alternativos a él. Y esto, dependiendo del contexto de quien lo valora.

En otras palabras, hay muchos más panes que diamantes en la mayoría de situaciones.

En situaciones de supervivencia, y como sabemos por náufragos, sobrevivientes, etc, el agua y el pan valen sin duda más que los diamantes.

Sin embargo el valor siempre es subjetivo en origen porque si la gente no valorara los diamantes (o pensemos en el petróleo o el guano de murciélago antes de descubrírseles usos), no importaría qué tan escasos sean.

Valor = significado + prioridad (entre alternativas, escasas o abundantes)

Desde la Antigua Grecia en adelante, muchos pensadores económicos han intentado entender por qué valoramos ciertos bienes más qué otros y qué hace que algo sea un bien en primer lugar.

Hesiodo, Demócrito, Xenofonte, Platón y Aristóteles

El primer pensador económico de la Historia, Hesiodo, vió que existía un conflicto entre los recursos escasos y las necesidades/deseos humanos crecientes en todo momento. Este problema era de naturaleza no sólo teórica sino también práctica para Hesiodo, debido a que en su pequeño pueblo llamado Ascra, la producción era autosuficiente (producian todo lo que iban a consumir ellos mismos) y por ende muy pobre.

Demócrito por su parte ya nos señalaba que un bien escaso se volvía más apetecible que uno abundante.

Xenofonte (430 A.C) señaló que la ‘riqueza’ debe definirse como un recurso que una persona puede y sabe utilizar.

Platón señaló que al ser desiguales en capacidades, los seres humanos aportamos y también apreciamos distinto esos aportes propios y ajenos.

Aristóteles por otro lado señaló que los seres humanos solemos valorar –y por tanto cuidar- mejor lo que nos resulta cercano y propio (propiedad privada). También nos dijo que “Es el mayor bien cuyo contrario representa el mayor mal, y cuya pérdida nos afecta más” adelantandose a lo que más adelante se denominará el enfoque marginalista. Lamentablemente Aristóteles también intentó sostener que la gente intercambia bienes que considera equivalentes.

¿Qué hace a algo un bien? ¿Por qué valoramos las cosas?

Para que algo sea un bien económico, debe cumplir con carácterísticas que Xenofonte ya previó, pero que Carl Menger (en 1871) sistematizó de la siguiente forma:

1.- La existencia de una necesidad

2.- Propiedades que vuelvan a una cosa capaz de ser llevada a una relación casual con la satisfacción de dicha necesidad

3.- Conocimiento humano de esta relación causal

4.- Control sobre la cosa suficiente como para dirigirlo a la satisfacción de tal necesidad

Sólo cuando los cuatro requisitos se cumplen, una cosa (o resultado de una acción) puede considerarse un bien. Si no la tienen, se trata de un no-bien o incluso tal vez de un mal.

Los bienes económicos pueden clasificarse en dos formas:

                                                                                                                                                      Escaso                                         No escaso

Pan, fábrica, zapatos, gente, escritorioReceta, idea, melodía, imagen, habilidad, fuego.
Pastel de lodo, sopa venenosa, cucaracha, animal muerto en la carretera.Mala idea, sonido desagradable, texto ininteligible.


Bien  

No-bien  

Los bienes escasos son sujetos de propiedad (la posesión de ellos por parte de alguien impide la posesión por parte de otros) mientras que los no escasos pueden ser compartidos generosamente sin que disminuya sino que por el contrario, aumente su cantidad.

También podemos clasificar a los bienes entre tangibles e intangibles. La existencia de bienes intangibles está respaldada por el hecho de que pagamos por un concierto, obra de teatro o salida al cine y no traemos a casa más que un recibo o ticket en el bolsillo. Un bien intangible no debe confundirse con su vehículo físico (por ejemplo, confundir el ticket con el concierto o la comida con la experiencia de comer en cierto restaurante) pues en este caso el bien es la experiencia obtenida. El bien muchas veces cambia cuando cambia su contexto.

La ley de utilidad marginal

Caso 1:

Si la familia Sánchez que tiene 4 personas posee un solo automóvil, éste será asignado a los usos más prioritarios, con la madre de familia llevando a su esposo a su trabajo, dejando al hijo mayor en la universidad y a la menor en el colegio. Si compran un segundo auto, ahora el padre usar el primer auto para dejar al hijo mayor en el campus camino a su trabajo, la esposa usa el segundo auto para dejar a la hija en el colegio y luego hacer cosas que ella necesite. Si compran un tercer auto, el hijo mayor puede ahora llevar a su hermana al colegio y llevarse el auto con él a la universidad. Un cuarto auto será para la hija. Un quinto, si es un todoterreno, será para ir de pesca los fines de semana. Un sexto auto –ganado en una rifa, digamos- puede ser incluso ya una molestia (un no-bien o un mal) si los gastos de mantenimiento son superiores a la satisfacción personal que provee a la familia.

Caso 2:

Alberto vive en un país de 4 estaciones. Luego de trabajar duramente durante el verano y el otoño, se alista a pasar el invierno acumulando sacos de granos para él y su familia. El primer saco de grano, piensa él, lo destinará a producir pan durante el invierno. El segundo, lo usará para intercambiar por carne con los vecinos del pueblo. El tercero planea usarlo para celebrar la llegada de la primavera con una fiesta con sus parientes cercanos. Pero apenas empezada la temporada fría, unas ratas acaban con un saco de granos entero de su bodega. ¿Qué planes (fines) sacrificará Alberto en ese caso? La fiesta de primavera. Los dos sacos que le quedan serán asignados a los dos usos más prioritarios.

Como podemos notar, cada unidad adicional equivalente de un bien se asigna a fines de prioridad menor que la previamente obtenida.  Esto se conoce como la Ley de Utilidad Marginal. Por marginal nos referimos a la última unidad agregada y cómo afecta ésta al conjunto.

Esto explica de qué manera la abundancia y escasez relativa afectan el valor de un bien. Es la última unidad añadida al conjunto (la unidad marginal) la que debe concentrar nuestra atención. Nunca elegimos entre todos los panes y todos los diamantes del mundo por lo cual, en casi cualquier contexto, un diamante es más valioso que un pan aunque éste último sea más inmediatamente necesario para la vida humana.

La escala de preferencias

Al actuar, los seres humanos ordenamos nuestras prioridades de uso de tiempo, energía y recursos, en una escala (mental) de preferencias o valoración subjetiva.

Un ejemplo es cuando Paula quisiera ir con su novio al cine. Pero también sabe que su abuela está un poco delicada de salud y eso le parece más importante. En este caso, podemos decir que la escala de preferencias de Paula es:

1.- Visitar a la abuela

2.- Ir al cine con el novio

3.- Hablar por teléfono con una amiga

4.- Releer un libro que le gustó

Vemos también que si su novio estuviera muy ocupado y le llamara su tía a informarle que la abuela está mejor de salud y se encuentra con ella (la tía) en una reunión familiar, Paula probablemente optaría por hablar por teléfono con su amiga y si su amiga no estuviera en casa, releería un libro que le gusta. Por supuesto, esta escala no es nada más que una metáfora para decir lo siguiente: los seres humanos ordenamos nuestras actividades y bienes materiales según las prioridades que tenemos en ese momento. Como pudimos ver, cuando cambia la información o si cambian los principios (forma de ser, gustos) de una persona, su escala de preferencia cambiará. De hecho, para temas menores, cambia muchas veces a lo largo del día según el éxito o fracaso de nuestras acciones previas y de la información resultante (las cosas de las que “nos damos cuenta” o “analizamos mejor”).

Valor agregado

El valor agregado

El valor agregado en un bien puede tomar muy distintas formas. Llevar varios paraguas (sombrillas) a donde va a llover y otros requieren uno, agrega valor en forma de oportunidad (ser oportuno) y tiempo, para otros.

Almacenar bienes por otros quienes no tienen o no quieren tener una bodega propia, agrega valor en forma de infraestructura física y personal de seguridad.

Crear una narrativa publicitaria o interna que vuelva superior el disfrute del bien, agrega valor porque la misma cosa o experiencia, se valorará distinto y será más única o inolvidable.

Las experiencias pueden crear valor, las artes pueden crear valor, etc..

El valor no es un fenómeno físico en la mayor parte de casos. Eso se pensaba a veces y como mucho hasta el siglo XVII.

Otras formas mucho más obvias de valor agregado son:

– aumentar cantidad o calidad física/química del bien
– agregar características y funciones al bien, que incluyen también un distinto o mejor empaque
– eliminar errores de una versión anterior del bien, volviéndolo más sencillo o eficiente

Sin embargo debe quedar claro que el valor agregado es solo una propuesta de valor agregado hasta que es aceptada por el comprador.

Si no, fue apenas eso, un intento de agregar valor (muchos cambios, «mejoras», etc en los bienes son «desmejoras» en muchas ocasiones y la marca sufre, etc).

Valor, precio y costo

Valor, precio y costo: cosas muy distintas

Si le preguntamos el valor de un bien a quien lo ofrece a la venta, le estamos pidiendo algo imposible.
La medicina para la tía diabética en un día de crisis no vale -en ningún sentido del término- el precio requerido para llevársela.
El valor no puede medirse. No existe unidad ni instrumento capaces de medirlo.

El precio es la tasa pasada de intercambio entre dos cantidades de bienes. Cuántas manzanas por una pera, cuántos yenes japoneses por un euro, etc. Gracias a la revolución marginalista de 1871, sabemos que mientras más unidades y alternativas haya de un bien, menor será el precio que se puede pedir por él.
(Por eso los vendedores y empresas no pueden imponer precios; por eso importan oferta y demanda).

Y el precio es una tasa pasada porque sin transacción no hay precio. Lo que consta en las etiquetas es el precio propuesto, que será más o menos rígido (en una tienda Apple casi no podemos regatear; al comprar un automóvil usado es generalmente -salvo en emergencias- necio no hacerlo).

El precio refleja o «sigue» al valor de los bienes para distintas personas y en distintos momentos, pero no lo «mide» ni son lo mismo.

Los costos, en cambio, son la suma de recursos tangibles e intangibles gastados para obtener algo.
Tomarse una foto o traer una flor de una cima de los Himalayas tiene costos de todo tipo, sin embargo no tienen un precio, porque no se obtienen comerciando con nadie.
Los salarios y otros gastos incurridos al contratar a otros para un proyecto o plan -comercial o no- son entonces costos de producción.

«Solo el necio, confunde valor y precio» – Antonio Machado

Para que ocurra un intercambio, el valor (percibido) debe superar al precio en ranking de prioridades. Si no, el comprador se quedaría exactamente igual. Por la razón que sea, el comprador valorará más el bien que obtiene que el bien -en especie o dinero- al que está renunciando voluntariamente.

El comercio es diez (10) veces más antiguo que la agricultura según múltiples hallazgos arqueológicos

De hecho, existe un rango entre las agendas de A y B antes de intercambiar. En ese rango se puede negociar, lo cual significa que hay un pequeño juego ganar-perder dentro de un intercambio que globalmente es ganar-ganar.

La diferencia entre el valor total y el precio pagado, es la ganancia del comprador. La diferencia entre el precio y los costos totales de producción, distribución y comunicación, es la ganancia del vendedor o empresario.

Valor > precio > costo(s)

Por eso es bueno salir ganando: significa que se creó valor agregado (y total) en exceso de lo que pagó el otro por obtenerlo. En inglés se llama «doing well while doing good».

Por ejemplo, alguien -y todos variamos en temperamentos, prioridades y urgencias, no solo entre nosotros sino entre un momento y otro- quisiera obtener $15.000usd por su automóvil. Sin embargo si nadie le ofrece sino hasta $13.000usd, lo vendería a ese precio.

Debido a que existen estos $2.000 de espacio de negociación, muchos autores, gente de negocios, películas de los 1980’s, etc, han pintado una caricatura -y técnicas de negociación para muchísima gente incluso- sobre las negociaciones como una «guerra» o algo inherentemente «agresivo».

En realidad hay muchos estilos de negociación -y gente que ha vuelto su tiempo tan valioso que en muchísimos temas ni siquiera negocia y hasta deja una propina- y si el intercambio ocurre, sigue siendo en sí mismo ganar-ganar.