El (supuesto) poder económico de las corporaciones

¿LO GRANDE ES MALO?
EL PODER ECONOMICO DE LAS CORPORACIONES

Por Don Mathews

Todos los años, la revista Fortune publica su lista “Fortune 500”, de las quinientas corporaciones más grandes. Para algunos, la “Fortune 500” es un homenaje retorcido a la institución más ávida y letal que ofrece el capitalismo: la gran corporación. Los críticos del capitalismo y de las grandes corporaciones usualmente afirman que dichas compañías tienen un poder económico excesivo y utilizan ese poder para explotar a los consumidores y a los trabajadores.

Por supuesto, no todos piensan que las grandes corporaciones representan una amenaza económica, pero es sorprendente -al menos para mí- cuánta gente piensa que las grandes firmas explotan a los consumidores y trabajadores de una u otra forma.
Mi mujer y yo, una vez fuimos a una cena en la cual nuestro anfitrión y nuestra anfitriona, ambas personas encantadoras, se pasaron la mitad de la noche hablando acerca de las horribles grandes corporaciones. Lo gracioso fue que la comida que prepararon, los instrumentos que utilizaron para hacer la comida, los platos sobre los cuales sirvieron la comida, y los muebles sobre los cuales nos sentamos a comer, todos estaban producidos por grandes corporaciones. No creo que esté bien molestar a los amigos en su casa cuando uno es un invitado, por lo cual no destaqué estos detalles. Más tarde, con mi panza llena y mi dignidad intacta, volví a casa con mi mujer en nuestro auto que fue construido, sí, por una gran corporación.

¿Las grandes corporaciones explotan a los consumidores? Considero que “explotar” en este contexto significa producir bienes de menor calidad y venderlos a precios que dan grandes ganancias. ¿Las grandes corporaciones producen productos malos? Comparen la calidad y la variedad de bienes y servicios que hoy existen con aquellos que estaban a la venta hace cinco, diez o veinte años. ¿Cuál preferirán? La respuesta no requiere demasiado pensamiento. Por supuesto, los emprendedores son responsables por un gran número de innovaciones, pero sólo se necesita un día de compras para ver que las grandes corporaciones también han traído un montón de productos nuevos y mejores al mercado.

¿Las compañías cobran precios que les provocan grandes ganancias? Antes de mirar los datos empíricos, deberíamos destacar que realmente no tiene mucho sentido utilizar, como lo hacen muchos críticos de negocios, la ganancia y los márgenes de ganancia como medidas del nivel en que las corporaciones “explotan a los consumidores”. El intercambio es voluntario en un libre mercado. Si un consumidor paga un precio por un bien, y una corporación no está obligada por leyes que restrinjan la competencia y no falsea su producto, entonces no hay ninguna razón para concluir que la corporación explota al consumidor simplemente porque ganan mucho dinero en el intercambio (Si la ganancia es una medida de explotación, ¿las corporaciones que pierden plata, están siendo explotadas por los consumidores?).

Pero supongamos que cobrar precios que provocan grandes ganancias constituye la explotación del consumidor. La lista Fortune 500 nos informa que la empresa con mayores ganancias en 1994 fue Ford, con U$S 5.300 millones de ganancias. Es un montón de dinero, pero vino por réditos de U$S 128.400 millones. Las ganancias de Ford sumaban el 4,1 por ciento de sus réditos. General Motors, la corporación más grande en 1994, ganó 4.900 millones de dólares – 3,2 centavos por cada dólar de rédito. ¿Qué hay de esas antiguas grandes petroleras? De cada dólar recibido por Exxon, el productor de petróleo más grande, 5 centavos fueron de ganancia. Mobil, la segunda en tamaño, sólo se quedó con 1,7 centavos de cada dólar.

Para las compañías de Fortune 500 de 1994, el promedio de ganancia como porcentaje de ingresos por ventas fue de 4,6. El restante 95,4 por ciento cubrió costos: salarios y sueldos de trabajadores, costos de otras materias primas, e impuestos. El año 1994 no fue anormal. Durante los últimos diez años, el promedio de ganancia como porcentaje de las ventas para las 500 empresas más grandes ha estado entre 2,4 en 1992 y 5,5 en 1988. Estos números no parecen conducir a la explotación de los consumidores por parte de las corporaciones.

¿QUÉ HAY DE LOS TRABAJADORES? ¿Las empresas explotan a los trabajadores? Explotar, en este sentido, tradicionalmente significa que los dueños de capital -accionistas- emplean trabajadores para producir bienes pero expropian mucho del ingreso generado cuando los bienes son vendidos, dejando muy poco ingreso para los trabajadores. ¿El volumen de ingresos de la corporación va a los dueños del capital? En 1992, las ganancias post-impuestos de todas las corporaciones de Estados Unidos totalizaron U$S 249.100 millones. En el mismo año la compensación de los empleados de las corporaciones de Estados Unidos llegó a U$S 2.337.400 millones. Los trabajadores recibieron el 90,4 por ciento del ingreso total de la corporación. Las porciones de ingresos de 1992 no son extraordinarias: los trabajadores recibían al menos 90 por ciento del ingreso corporativo que les podía distribuir cada año entre 1985 y 1992. En resumen, el volumen de ingresos de la corporación va a los trabajadores no a los dueños.

La noción de que las corporaciones explotan a los consumidores y a los trabajadores es parte de un mayor cargo de que las grandes empresas tienen un poder económico excesivo. ¿Lo tienen? ¿Qué se podría considerar excesivo? En realidad, en 1994, las 500 mayores corporaciones tenían recursos por U$S 9.600.000 millones, U$S 4.300.000 millones en réditos y U$S 215.000 millones en ganancias, cosa que es significativo para cualquiera. Pero concluir que el poder económico está, por lo tanto, concentrado en grandes corporaciones es equivocado. ¿Por qué? Porque las firmas individuales actúan en su propio interés, no en los intereses de las grandes corporaciones como un grupo. Las compañías tienen intereses dispares, y compiten entre sí. Consideremos las tres primeras compañías de la Fortune 500: General Motors, Ford, y Exxon. GM quiere lo que le conviene a GM, no lo que le conviene a la Fortune 500. Sería mejor para GM si los precios del petróleo y el gas fueran muy bajos; los costos de producción de GM serían menores y sus autos serían más atractivos para los consumidores. Pero los precios bajos en petróleo y gas no estarían dentro de los intereses de Exxon. Exxon preferiría altos precios de petróleo y gas. GM y Exxon tienen intereses contrarios, y lo que es bueno para uno no necesariamente es bueno para el otro.

EMPRESA VERSUS EMPRESA. La divergencia de intereses entre GM y Ford es aún más aparente: estas corporaciones compiten directamente una con otra. Cuando GM expande su participación en el mercado, lo hace a expensas de la porción del mercado de su competidor, particularmente Ford. GM no querría nada más que desarrollar autos que pusieran a los productos de sus competidores como la vergüenza del mercado. Dada la naturaleza de la competencia entre GM y Ford, ¿cómo se puede llegar a la conclusión de que hay demasiado poder en la industria automotriz simplemente porque GM y Ford sean las empresas más grandes de Estados Unidos?

La rivalidad entre las empresas puede ser extraordinaria. El Wall Street Journal recientemente publicó un artículo sobre cómo las grandes petroleras -así es, petroleras- en forma individual gastan millones de dólares testeando productos de sus competencias para determinar si lo que ellos se atribuyen en sus publicidades es cierto. Cuando Chevron descubrió que Texaco estaba mintiendo con respecto a su nafta CleanSystem3, Cevron lo hizo público, y Texaco quitó su publicidad de 40 millones de dólares.
La cuestión no es que las grandes compañías son bebés puros e inocentes en los bosques de la economía. No lo son. Pero el poder económico de las grandes corporaciones no puede ser precisamente medido sin considerar la competencia generalmente feroz entre las empresas. Los negocios compiten entre sí por el dólar del consumidor y el trabajador calificado. Una empresa no puede forzar a los clientes a comprar sus productos; cuando intenta “explotar” a los consumidores llevando un producto “trucho” al mercado a un precio alto, pierde clientes rápidamente en un competidor que ofrece un mejor producto. Tampoco puede una compañía forzar a la gente para que trabaje en ella. Cuando intenta “explotar” a los trabajadores pagándoles poco, los empleados se van por trabajos mejores pagos. La competencia entre las corporaciones (y emprendedores) restringe el poder que las empresas tienen sobre los consumidores y los trabajadores, castigando a los negocios que explotan a los consumidores y a los trabajadores.

Algunos críticos del capitalismo sostienen que al ser “grandes” las corporaciones hacen imposible ingresar a la competencia de mercado. Pero siguiendo la línea de la historia económica de los Estados Unidos se podrán encontrar varias corporaciones gigantes que cayeron, destruidas enteramente por la competencia de mercado. ¿Dónde están American Motors, Continental Bank, Eastern Airlines, y Kaiser Steel, hoy? No existen. Estuvieron entre las compañías más grandes del país no hace mucho. En su libro “A History of American Business”, Joseph Pusateri, da una lista de las 25 corporaciones más grandes en Estados Unidos en 1917, 1957 y 1986. Si por ser “grandes”, las empresas estuvieran exentas de la competencia de mercado, las tres listas deberían ser más o menos las mismas. Las 25 grandes empresas de 1917 podían cobrar precios altos por productos mediocres sin perder clientes ni ganancias, pagar bajos salarios sin perder trabajadores, ni aumentos en los gastos, ignorar las estrategias de mercado de sus competidores más chicos y las innovaciones de los emprendedores, y crecer y mantenerse en la cima, encabezando la lista año tras año. Pero las listas no son las mismas. De las 25 empresas de la lista de 1917, 13 llegaron a la de 1957. Sólo siete -si tomamos a U.S. Steel y USX como la misma empresa- llegaron a la lista de 1986. Sólo 12 empresas de la lista de 1957 lograron aparecer en la de 1986. La competencia entre las corporaciones existe y es efectiva.

En el primer puesto de la lista de 1917 se encuentra U.S. Steel. Cuando se formó gracias a la fusión de ocho grandes empresas de acero en 1901, U.S. Steel se transformó en la empresa privada más grande del mundo: tenía una capitalización total de 1.400 millones de dólares y contaba con el 65,7 por ciento de las ventas de acero en los Estados Unidos. Hacia 1917, U.S. Steel tenía recursos valuados en más de U$S 2.400 millones, más de cuatro veces de lo que tenía Standard Oil de Nueva Jersey (Exxon), la segunda corporación más grande. Pero, el mercado de U.S. Steel cayó a 45 por ciento. Cuarenta años después, U.S. Steel era sólo la tercera compañía más grande y su porción de mercado era menor al 30 por ciento. Hoy U.S. Steel no es más U.S. Steel, sino USX, y tiene una porción del mercado de acero menor al 10 por ciento, recibe más ingresos por el petróleo que el acero, y está número 121 en la lista de grandes empresas de Estados Unidos, según los recursos. El concepto moral de la historia de U.S. Steel puede servir para todas las empresas: en el mercado, ninguna firma está exenta de la competencia.
Aquellos que se preocupan acerca del poder económico de grandes corporaciones harían bien en pensar acerca de cómo fue que esas corporaciones se hicieron grandes. GM y los otros miembros de la lista Fortune 500 no obtuvieron su nivel explotando a los consumidores y trabajadores. En 1994, GM ganaba U$S 155.000 millones en ventas y empleaba a 692.800 trabajadores. Una empresa no obtiene U$S 155.000 millones robando persistentemente a los consumidores y no retiene a 692.800 empleados abusando de ellos. ¿Cuán poderosas son las grandes corporaciones? Ni siquiera cercanamente tan poderosas como la competencia que las mantiene en su lugar.

Don Mathews es profesor de economía en Brunswick College, Brunswick, Georgia.
Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Hernán Alberro.

– Posted using BlogPress from my iPad.

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