El Pobrismo: de por qué no es (enteramente) justo culparle a la gente por los malos gobiernos

Charlando con un amigo, él me decía que el problema es que “los ecuatorianos son poco educados y por eso aquí ganan los populistas”. Interesante. El problema es que la Inglaterra que hizo la Revolución Industrial tenía 93% de analfabetos según cifras oficiales del gobierno inglés (fuente: IEA, Londres). Asumamos que el 10% de ecuatorianos es analfabeto. De todos modos tenemos 9 veces menos problemas de “poca educación” (comillas porque educación para mí es algo diametralmente distinto que para el MPD en al menos un par de temas, y diametralmente distinto que para la Iglesia Católica en otro par, y así sucesivamente hasta darnos cuenta que lo que es formación para uno es deformación para el otro.) y aún así, no veo ningúna revolución industrial ocurriendo en el Ecuador (ni cultural, ni artística, ni científica ni -ejem- ciudadana). En otras palabras tenemos un mejor punto de partida que la inculta Inglaterra pre-industrial, el corrupto caso perdido de Japón en los 1890’s, la desprovista de elites nacionales Hong-Kong o Taiwan y así una larguísima lista que desafia todas las explicaciones de cocktail.

Entonces, no faltan los elementos -la materia prima, si me permiten- constituyentes de cualquier otro proceso de despegue social. ¿Qué falla entonces?

  • Hay una tendencia en las élites socioecónomicas a culparle a “la gente” por elegir a los políticos más anti-empresa, anti-globalización y anti-progreso. “Estamos rodeados de brutos y por eso estamos condenados”. En parte esta es la idea aristocrática que lleva a crear repúblicas de gobierno limitado, en que la masa (pasiva) no sea manipulada por los líderes populistas carismáticos.
  • Hay una tendencia en la gente de a pie a culparle a los políticos por engañarles y no cumplir sus promesas de llevarles al tan prometido Primer Mundo en sólo 4 años. “Nos ven la cara pero si cumplieran todo funcionaría bien”. Esta es la idea que lleva a desinteresarse de lo público (no significa lo electoral o lo estatal, ojo) y resignarse a ser gobernados y maltratados desde el vértice del poder.

Lo que podemos ver aquí es que hay irresponsabilidad de parte y parte. No es enteramente falso que la gente arruine sus propias posibilidades de futuro eligiendo mal en las urnas (eligiendo en base más al miedo y el deseo de revancha que en base a la esperanza y el deseo de construcción), pero tampoco es enteramente falso que las élites socioeconómicas y culturales le hayan inflado las promesas y ocultado los sacrificios que se deben hacer a nivel individual y nacional para lograr el despegue.

En esto le quiero ceder rápidamente la palabra a mi filósofo argentino contemporáneo favorito, Alejandro Rozitchner, cuando nos habla del pobrismo, que impregna tanto a las élites como a todo el resto de nosotros en Latinoamérica:

Pobrismo es rechazar el crecimiento por ver en la riqueza que este genera la huella del diablo, pobrismo es ser más sensible a las pérdidas que todo crecimiento siempre produce que a los beneficios de tales metamorfosis. Pobrismo es estar enamorados de los momentos débiles del desarrollo, preferir subrayar esos costos antes que hacer pie en los posibles resultados de las apuestas osadas y tal vez exitosas. Pobrismo es no aspirar a una vida plena sino a una mera supervivencia, lo que constituye una forma de involucionar. Pobrismo es no querer crecer, ver en el crecimiento una tentación indebida, tener un repertorio de ideas para afear el camino de quien quiere crecer, para arruinárselo, con la moral absurda de que si yo no puedo o no quiero tampoco debe poder o querer nadie. Pobrismo es mirar para atrás, pensar para atrás, querer para atrás, asegurarse la quietud con estratégicas morales de respeto y de temor.

Para entender mejor lo que es el pobrismo y otras propuestas de Rozitchner -el “nutricionista intelectual”- sobre cómo entender un poco mejor una realidad retorcida pero llena de potenciales como es la del Ecuador en particular y la de Latinoamérica en general, les recomiendo con todo mi entusiasmo y admiración, en su propio website.

Submit a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *