Economía libre: ¿lucha de clases o armonía de intereses razonables?

Leyendo “Teoría e Historia” de Ludwig von Mises, encuentro una mención de su Ley de Asociación (que es, a su vez, una mejora de la Ley de Ventajas Comparativas de David Ricardo) como explicación de que debido a la insalvable diferencia de talentos y personalidades entre seres humanos. Ambas partes ganan cuando hay intercambios y especialización entre dos personas, dos organizaciones o dos regiones geográficas. El opuesto de esta doctrina científica jamás refutada en más de 200 años, es el Dogma Montaigne (“para que unos ganen, otros tienen que perder”). Éste estipula que existe un conflicto irreconciliable entre los intereses de las clases sociales de una nación, “mientras que los intereses de los proletarios demandan la sustitución del capitalismo por el socialismo, aquellos de los explotadores demandan la preservación del capitalismo”. (Mises, 1957)

Es obvio, nos dice Mises, que el conflicto entre ambas doctrinas (armonía de intereses vs. conflicto de intereses) sólo puede ser resuelto por medio del razonamiento lógico. “Pero los opositores de la doctrina de la armonía de intereses no están preparados para someter su idea a tal examen. Apenas alguien critique su argumento [del conflicto] y trate de demostrar que más bien existe una armonía, ellos alegarán que hay un sesgo” (ibid).

¿A qué sesgo se refiere aquí Mises? A la idea tan repetida y tan técnicamente falsa de que los socialistas (y sus antepasados mercantilistas/conservadores) velan por los intereses de todos, mientras que el liberalismo esgrime argumentos teóricos “al servicio de la clase explotadora”.

Sin embargo, el hecho de que sean los socialistas quienes esgrimen este argumento y no los liberales, arroja serias dudas sobre su capacidad de argumentar contra la Ley de Asociación y de su predecesora Ley de Ventajas Comparativas.

Lo cierto es que no sólo la división del trabajo horizontal (intercambio y especialización comerciales) sino también la vertical (jerarquías productivas y el mercado de bienes de capital), son más productivas para la parte relativamente más pobre (o “débil” como le llaman algunos).

La economía libre es una en que a través de los precios se transmite el valor (deseos y escaseces relativos) y así sabemos a qué dedicarnos para servir mejor a los demás. No todos los planes y proyectos individuales pueden realizarse frente a la existencia insalvable de recursos y tiempo escasos. Sin embargo cuáles encuentran cabida y cuáles no, es algo que va hallandose sobre la marcha, en conjunto con los demás participantes. Los proyectos razonables son armónicos en el mediano plazo. La lucha de clases es apenas una mala interpretación de la inherente subasta abierta que por los recursos, vive cada sociedad humana.

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