¿Por qué fracasa el socialismo?

La pregunta que da nombre a este artículo es contundente y –dirían algunos- pretenciosa. Dado a que en otros campos de la experiencia humana hay formas de organización o acción que pueden funcionar siempre que existan una serie de factores o condiciones, decir que el socialismo fracasa siempre y en sí mismo es una afirmación que necesita una fundamentación sólida. 

Para empezar debemos definir qué es socialismo. A pesar de que su nombre provenga de «social», algo muy inteligente por parte de quienes diseñaron la etiqueta en los siglos XVII al XX, lo que realmente implica es planificación central (socialización). Y claro, existen varios socialismos, desde el socialismo utópico, pasando por el socialismo marxista hasta llegar a su primo hermano, el nacionalsocialismo -nazi- alemán.

Pero, ¿qué tienen en común estas tendencias, cuyos integrantes pasaron tanto tiempo tratando de diferenciarse entre sí? Algo fundamental: la desconfianza o desprecio por la autonomía del individuo y la insistencia en politizar y planificar centralmente las actividades de una sociedad. Y eso es lo que debe ser entendido por socialismo o socialización. Entonces, lo que quiero señalar en este artículo es que independientemente de las aparentes buenas intenciones y argumentos de quienes nos proponen este modelo social, el socialismo fracasó y fracasará siempre que se intente.  

Ética, luego economía 

Mi argumentación toma prestados los descubrimientos de las mentes más grandes de las ciencias sociales, entre las cuales están Max Weber, Friedrich A. Hayek y el gran economista del siglo XX, Ludwig von Mises. Sin embargo, antes de llegar al meollo del asunto – el tema económico- no puedo pasar por alto un tema que debe siempre anteceder a cualquier análisis económico o político: la ética. Como observó el genial John Locke en el siglo XVIII, la actividad humana genera propiedad. Para empezar somos dueños de nuestro propio cuerpo, y por añadidura de los frutos obtenidos mediante su uso. Es bajo ese concepto que los liberales del siglo XIX habían formulado la gran verdad universal de que somos dueños de «nuestra vida y nuestra propiedad». Ya que nuestra supervivencia como seres humanos es inseparable de nuestras necesidades materiales, pero a la vez nuestros derechos terminan donde empiezan los del otro, la ética que emergió una y otra vez en la Historia confirma esos principios que son tan evidentes ahora. Consagrarlo en formas de gobierno competitivas o un monopolio de funciones mínimas y limitado por una constitución[1], aseguraba la convivencia social pacífica y la prosperidad relativa a los avances de ese tiempo. Nada de esto es posible si existe planificación central de la economía y otras áreas de la vida social. Puesto en otras palabras, el socialismo es por definición un modelo que actúa por encima de los derechos inalienables de los individuos, violándolos. La cooperación social voluntaria y mutuamente beneficiosa nunca requiere de imposición política de una mayoría, un dictador o un partido único.  

Imposibilidad del cálculo económico en el socialismo 

Una vez expuesto porqué un sistema socialista es ante todo ilegítimo, podemos pasar al plano de su funcionamiento económico, en el cual la planificación central tampoco pasa la prueba teórica e histórica. Este es el tema más importante que expondré, debido a que lastimosamente la ética poco le importa a mucha gente que se precia de ser «pragmática», pero cuando de economía y dinero se trata, todos nos sentimos implicados. Imagine usted, estimado lector, que su negocio es un pequeño quiosco de hot-dogs. Sus hot-dogs tienen una serie de ingredientes, y además usted incurre en otros costos para obtener el producto final.

La única forma dinámica, eficiente y legítima de saber si la gente quiere sus hot-dogs, es producirlos y ponerlos a la venta. Si la gente los compra, usted sabrá que el hot-dog vale más que la suma de sus partes: pan, salchicha, mostaza, cebollas, su tiempo, el gas de la cocina, la compra del quiosco, etc. En términos más precisos, el hot-dog es socialmente útil como actividad económica si la diferencia entre el precio final y los costos incurridos hace que valga la pena el esfuerzo. Eso, que sabemos a nivel individual en un negocio o actividad sin fines de lucro, es inexistente en el socialismo. Simplemente es imposible la contabilidad de costos, y si eso ocurre en una serie de industrias o la mayoría, es evidente la clase de desastre que se provoca. En ausencia de propiedad privada de los “medios de producción” y otros bienes, es imposible asignarlos a las tareas más prioritarias; su propia conservación y buen uso se ven comprometidos. Y hay que aclarar que en esto no tiene absolutamente nada que ver el carácter de los individuos que participan. Si se reúnen 10 millones de marxistas en una isla coherentemente socialista, no podrían coordinar sus actividades económicas y su supervivencia se vería comprometida casi enseguida. 

Este problema fue visualizado originalmente por el sueco Nicholas G. Pierson y el inglés Max Weber, antes de que fuese magistralmente expuesto por Ludwig von Mises. El tema es ineludible: dado que el valor es subjetivo y los precios reflejan la suma de esa subjetividad y la escasez de un bien, un sistema económico o industria que no cuente con precios libremente fijados –reales- va a desembocar siempre y cada vez en la entropía y el retroceso económicos. Este debate no es nuevo, y los autores socialistas nunca pudieron darle solución. A diferencia de lo que Marx pensaba, el mercado no representa una «anarquía de la producción»: es el único mecanismo capaz de coordinar cientos de miles de actividades simples y complejas hacia la elaboración de bienes que eleven la calidad de vida del consumidor final[2]. A través del sistema de precios se reflejan millones de gustos, preferencias y disponibilidad de bienes productivos y de consumo. ¿Es perfecto? Nada humano lo es. ¿Existe desperdicio e ineficiencia en muchas ocasiones? Por supuesto, pero su alternativa es peor. Sencillamente no hay reemplazo para el sistema de precios, que refleja las prioridades sociales y guía el proceso económico. Intentar sustituirlo con planes nacionales, regulaciones económicas o nacionalizaciones es un esfuerzo vano y económicamente destructivo. Ya entendido el argumento teórico, veamos lo que nos dice la Historia al respecto.

La socialización de la agricultura había ya acabado con la vida de millones de personas por hambrunas en la naciente U.R.S.S., cuando Lenin decide aplicar la llamada Nueva Política Económica (NPE). Lenin, un marxista de formación, introduce entonces y por emergencia los primeros elementos de capitalismo cabal en Rusia. Reprivatiza alrededor del 4% de granjas colectivizadas, elimina ciertos controles, y establece el patrón oro (moneda dura) con respaldo para el rublo. Estos incipientes elementos de capitalismo fueron responsables por la supervivencia material del pueblo ruso. Ese pequeño porcentaje de kulaks que recuperaron su propiedad, generaron el 28% de la producción agrícola de la U.R.S.S. durante los siguientes 70 años. Tan concientes estaban los soviéticos de que los precios eran el sistema de señales de una economía (cosa que nuestros economistas neokeynesianos locales, por el contrario, ignoran o pretenden obviar) que mantenían suscripciones regulares a catálogos industriales y de tiendas departamentales de los EEUU y Europa, para tener algún tipo de referencia.

Alrededor de 18.000 economistas participaban de la tarea centralizada en el Kremlin por fijar precios sin mercado, un esfuerzo vano por definición. Cada año más fábricas quedaban paradas por falta de partes pequeñas que no podían solicitarse dinámicamente mediante compras libres. La economía soviética, en palabras de un economista ruso contemporáneo, era un «ferrocarril tosco y feo, detenido por falta de tornillos». Lo mismo le sucede a Cuba. Sólo un 13% de los ingenios azucareros que la Revolución confiscó a sus propietarios sigue en condiciones funcionales, el resto son chatarra gracias a la falta de piezas de repuesto. Ni la U.R.S.S. ni Cuba pudieron ni podrían sostenerse sin socios más cercanos al concepto capitalista, ya sea por imitación permanente de industrias, métodos y especializaciones profesionales, o bien por comercio estatal, en lo que se conoce como «capitalismo de estado». Los ciudadanos de los modelos totalitarios por su parte complementaron siempre sus necesidades en el mercado negro.  

¿Qué sucede con las industrias socializadas en países relativamente libres? 

Cada actividad económica que se aísle del sistema de precios, empezará necesariamente un lento declive y deformación[3]. Así lo atestiguan tanto la educación francesa, con la pérdida de sus estándares de posguerra, como la medicina socializada en Canadá, que hace esperar a pacientes críticos alrededor de 6-18 meses y cuenta con una tecnología muy inferior a la de su vecino EEUU. Lo mismo sucede con el sistema de pensiones en Suecia, que empieza ya a imitar a Chile en un modelo individual de ahorro en vez de la mal llamada seguridad social. En el Ecuador de hoy en día -el cual por cierto se clasifica entre los países de menor libertad económica del mundo- hay una larga serie de actividades e industrias que siguen intervenidas o directamente en manos estatales, eliminándose cualquier tipo de racionalidad económica e innovación local. Pero ni la administración extranjera, la concesión u otros parches podrán subsanar el problema fundamental: al igual que en un quiosco de hot-dogs, se necesita información real y libre para crear valor agregado.  

El socialismo no es social, es político 

Luego de una objeción desde la ética y una exposición de por qué la planificación central (socialismo) no es viable, hagamos una última disección del término para aliviar a quienes sienten que este artículo ofende su sensibilidad política o incluso cultural. Como dije al principio los ingenieros sociales, diseñadores de utopías a costa de vida y propiedad ajenas, tuvieron el mejor acierto en la historia del marketing político al apropiarse del nombre socialista para autoetiquetarse. Sin embargo el nombre sigue causando confusión entre quienes tienen una gran sensibilidad social y aman el concepto de comunidad, sobre todo en nuestro estilo latino. Sencillamente, el socialismo es lo contrario a la comunidad, en su concepto pacífico y voluntario. La imposición gubernamental es la señal de fracaso de quienes no lograron liderar voluntariamente un tema o proyecto social. Si usted al igual que yo, cree en la comunidad, en el liderazgo y en la ayuda a los más necesitados, no piense que es socialista. Sencillamente usted es humano. Politizar esas nobles intenciones provoca el efecto contrario: autoritarismo y subdesarrollo. Y por eso precisamente, el socialismo fracasa.


[1] La filósofa rusa Ayn Rand, autora de “La Rebelión de Atlas” y “El Manantial”, decía que “El gobierno se crea para proteger a la gente de los criminales. La constitución se crea para proteger a la gente del gobierno”. [2] «En el capitalismo, todas estas decisiones se determinan en base a cálculos económicos (de costos). Por tanto, la producción de zapatos en su conjunto tiende a ser efectuada hasta el punto en que una mayor producción haría que la industria del zapato se vuelva relativamente menos rentable en comparación a otras; los estilos son aquellos que los consumidores están dispuestos a volver rentables; los métodos de producción, los materiales utilizados, las locaciones geográficas son las del menor costo posible excepto cuando tengan ventajas especiales por las cuales los consumidores estén dispuestos a pagar». Reisman, 1996 Y a manera de anécdota: “Si algo en concreto puede mostrar la deshonestidad intelectual del departamento de economía de [la universidad de] Columbia en aquellos días, era esto. Mientras que se evitaba u ‘olvidaba’ hacer disponible un solo de los textos de Ludwig von Mises, o inclusive mencionar la existencia de ellos en las lecturas asignadas, o hasta donde tuve conciencia, en un aula, el departamento se aseguró de mantener disponibles docenas de copias del intento de refutación de Oskar Lange a la doctrina de Mises sobre la imposibilidad de cálculo económico del socialismo -en el área de reserva de la biblioteca como una lectura suplementaria y opcional al curso de introducción a la economía” Reisman, 1996 La ‘solución’ planteada por Oskar Lange y otros socialistas neoclásicos (el término es casi redundante) es que el ensayo y error y la coordinación entre planificadores centrales es más eficiente y justa que los monopolios, oligopolios, carteles permanentes y monopsonias a las que el modelo neoclásico lleva como conclusión sobre la realidad. Nuevamente un marco teórico de epistemología falaz lleva a peligrosísimas conclusiones. Ni la información es estática, ni los actores son lineales, ni las necesidades son iguales año tras año. Tres supuestos tan pueriles al desmantelarlos demolería nuevamente el esfuerzo de Lange y otros marxistas por resolver el problema teóricamente. En la práctica sin embargo, no fue necesario, el Kremlin basaba sus Gosplan en información exterior como mencioné anteriormente y permitía ciertos niveles de mercado, dando la razón a Mises y cualquier otro ser humano conciente de las limitaciones de la acción humana individual sobre un conjunto dado de recursos y voluntades independientes. “Todos deberíamos estar agradecidos a los soviéticos porque probaron de forma concluyente que el socialismo no funciona. Nadie puede decir que no tuvieron suficiente poder o suficiente burocracia o suficientes planificadores o que no llevaron las cosas hasta el grado suficiente” Paul Craig Roberts. Sin embargo el caso también aplica, como lo planteé al prof. Cachanosky, a una isla en que Microsoft –digamos- internalice todas las actividades necesarias para los seres humanos que en ella trabajan. Se perderían de tal forma los costos reales de vista en cada actividad, (no existirían, pues su precondición es la valoración subjetiva) que la isla Microsoft generaría su propia entropía económica en muy poco tiempo. “…paradójicamente, la razon por la cual una economía socialista no puede hacer cálculos no se debe específicamente a que sea socialista! El Socialismo es el sistema en el cual el Estado toma control a la fuerza de todos los medios de producción en la economía. La razón de la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo es que un solo agente posee o dirige todos los recursos de la economía. Debe estar claro que no hay diferencia en esto si el agente es el Estado o un individuo o un cartel empresarial” Murray N. Rothbard, Man, Economy and State El análisis inverso es precisamente la mejor justificación para la tercerización o outsourcing, basada en los principios ricardianos y miseanos de ventajas comparativas y competitivas utilizados en la “Ley de asociación” de L. von Mises (ver Acción Humana). En esto hay que coincidir con el economista José Piñera, en que la base de toda economía sana es “competencia, competencia, competencia”. Eso sólo es posible si la propiedad es dispersa, legítima y no hay barreras de entrada para las actividades. Entonces entra también y en segundo plano el tema hayekiano-schumpetereano de la dispersión de la información y la capacidad (conocimiento, asimetrías informativas, talentos y creatividad) a complementar el argumento. [3] Mi análisis de las áreas socializadas se inspira en el tema Miseano, que Rothbard también aplicó en su análisis del Estado per se. El Estado es la socialización de la justicia, la seguridad y el castigo o retribución y tiene en su concepción el mismo defecto de cualquier otra actividad socializada. “Rothbard llevó un paso adelante los argumentos de Mises en el tema del cálculo económico. Consecuentemente, Rothbard concluyó que si el socialismo no puede funcionar, tampoco pueden hacerlo los actos de intervención del gobierno en el mercado. Esta posición es sostenida por un número reciente de economistas que comparte la visión Miseana-Rothbardeana de los defectos internos del socialismo. Paul R. Gregory y Robert C. Stuart, en un libro popular sobre la economía soviética, escriben “La lección primordial que debe aprenderse de este análisis del sistema de mando y administración vertical, es que falló debido a contradicciones internas, no al error humano. Esta verdad es importante. Las generaciones siguientes, atraídas por las características ‘atractivas’ del sistema de mando y administración vertical –igualdad, derecho al trabajo, desarrollo administrado verticalmente- podrían concluir que el sistema en sí era posible. En esta perspectiva, sus administradores –desde fines de los 1920’s hasta principios de los 1990’s simplemente no supieron manejarlo. Tal conclusión llevaría a una repetición del experimento con resultados que podrían no ser previstos por generaciones futuras” Yuri Maltsev, Murray N. Rothbard as a critic of socialism

Socialismo de las propinas en Ecuador: por qué abolir el 10% obligatorio en restaurantes y hoteles

Las propinas son un indicador de qué tanto una cultura valora el trato y la calidad en el servicio en las llamadas industrias de servicios. La restaurantería y el turismo principalmente, aunque casi todas implican algún nivel de servicio personal en lo que se conoce como el «delivery» del bien adquirido.

En los E.E.U.U. se acostumbra a dar una propina (tip) de 15-18% del total de la cuenta. Este 15% suplementa considerablemente el salario mínimo de un mesero o bell-boy. Pero aún más importante es que al ser voluntario, mantiene atento (exigente) al cliente y atento (esmerado/a) al empleado. Alguien que obtiene buenas propias puede estar seguro de que ha encontrado una actividad en que su esfuerzo es apreciado por la sociedad.

En Ecuador esta importante señal de mercado ha sido atropellada por una medida socialista (no dudo que impulsada por complejo o por complejo secundada por la derecha política del país) en forma de un 10% de «servicios» cobrados con la cuenta, por ley, siempre y cada vez. Para colmo, se reparte igualitariamente (ojo, lo opuesto a equitativamente o con justicia: no son sinónimos) entre quienes tratan con los clientes y quienes no lo hacen (por ejemplo, los cocineros y otros que trabajan en el «back-end», es decir, tras bastidores.

¿Y si el servicio fue malo? Ud. paga el 10% quiera o no.
¿Y si quiere recompensar a alguien en particular? Ud. paga el 10% quiera o no.
¿Y si alguien no merece una propina por su trato desconsiderado o torpe? Ud. paga el 10% quiera o no.

Como toda medida socialista, se ve bien a primera vista pero a) atropella derechos individuales y b) causa consecuencias peores que el supuesto problema que pretende acometer.

Si no se reparte el 10% a los cocineros sino solo a los meseros, los cocineros no contarán con ese 10% para su ingreso. Eso parece malo e inhumano a primera vista, pero en realidad el dueño del restaurante u hotel tendrá que poner de su bolsillo la diferencia pues es parte del ingreso por el cual se acepta esa carga de trabajo en dicha industria.

Si no se reparte el 10% ni siquiera entre los meseros, los malos meseros no contarán con ese 10% para su ingreso. Eso también podría parecer malo e inhumano a primera vista. En realidad dejarán esa actividad quienes no posean los modales, la imagen personal y el carisma para generar un ambiente agradable y *sumar* (en vez de resultar indiferentes o incluso un *negativo*) a la experiencia del cliente. De ese modo, quienes no sean buenos para ser meseros, lo sabrán a ciencia cierta. Quienes sean buenos también lo sabrán y serán recompensados proporcionalmente. Eso sí es justo y equitativo. Pero además gana la sociedad en su conjunto pues cuenta con gente trabajando en donde sí se desempeña con calidad (mejor asignación del llamado «recurso humano») y con mejor atención al cliente para locales y turistas, desencadenandose una serie de consecuencias positivas.

¿Pero y qué pasa con los clientes que no dan propina? Veamos los datos de este estudio:

A new study finds many waiters and waitresses feel that black Americans generally tip less than restaurant diners who are white. The study, by a researcher at Cornell University’s School of Hotel Administration, found that blacks tip on average 20 percent less than whites. In addition, restaurant workers of all races dislike waiting on black people because they assume the tips will be less no matter how good the service. NPR’s Juan Williams reports.

The study found that 63 percent of blacks and 30 percent of whites didn’t understand that the standard restaurant tip in the United States is 15 to 20 percent. The difference between how blacks and whites view tipping has serious ramifications for restaurants, including lawsuits and lost profits, Williams reports. «The average tip from a black customer is about 13 percent of the bill. The average tip from a white customer is about 16.5 percent of the bill,» says Dr. Michael Lynn, the study’s author.

In some cases the difference in tipping may be the result of poor service, but blacks interviewed in one of Lynn’s studies rated the service slightly higher yet still tipped less than whites, he says.

(Ver: http://bit.ly/13A4dE )

De ese modo, el mercado permite una discriminación de clientes también, sobre la base del derecho de libre asociación (cuyo anverso es el de libre disociación) que descansa sobre las instituciones de la propiedad privada y los contratos. Quienes sean mezquinos en sus propinas, serán peor atendidos y menos bienvenidos en los locales. Si en el peor de los casos eso no educara (vía incentivos) para mejores comportamientos en lugares públicos, al menos evidenciaría que la calentura no está en las sábanas: no se puede curar la fiebre forzando el mercurio hacia abajo en el termómetro con una ley. Debe permitirse tal sinceramiento y así -recién- podremos trabajar en una cultura de tratarse bien a uno mismo y a los demás de forma sincera, es decir, voluntaria.

Debe abolirse el 10% obligatorio en servicios para que los ecuatorianos podamos manifestar nuestras preferencias en nuestros tratos cotidianos de forma tangible.

Emprendedores: lo bueno, lo malo y lo feo


Una reciente investigación conducida por la ESPOL de Guayaquil coloca al Ecuador en uno de los primeros lugares a nivel mundial en número de emprendedores sobre total de la población. Pero, ¿es esto algo positivo? Hay al menos tres ángulos para entender el fenómeno.

Lo bueno: es el emprendedor y no el administrador quien hace funcionar una economía. Acuñado por los economistas franceses R. Cantillon y J.B. Say, el término “Entrepreneur” representa el rol de quien inicia acciones, arriesgando recursos y sometiéndose a la posibilidad de fracasar. Como podemos darnos cuenta, toda acción humana es entonces esencialmente empresarial.

Pero el entrepreneur va un poco más allá de lo individual en sus alcances y ha merecido un estudio detallado por los mejores economistas de la historia. Joseph Schumpeter por ejemplo, veía al entrepreneur detrás de su celebre idea de “destrucción creativa” en que un Henry Ford sacaba de su zona de confort a la sociedad -en especial a los herreros y criadores de caballos- para llevarla a un siguiente nivel de bienestar. Israel Kirzner por otro lado en su obra “Competition and Entepreneurship” nos dice que su papel es el de encontrar oportunidades subvaluadas y llevar agua donde hay sedientos, lo cual sin duda se deriva del rol predominante que sus antecesores F.A. Hayek y M. Polanyi dieron a la información dispersa y tácita en la sociedad humana. Finalmente Ludwig von Mises le atribuye al entrepreneur un rol coordinador pues los recursos  y talentos humanos serán por su intermedio -y el del rol irreemplazable del sistema de precios- asignados allí donde mejor atiendan las necesidades del público.

Una economía sin entrepreneurs es una economía que se limita a mal copiar y gerenciar su propia erosión. El mejor ejemplo es la difunta U.R.S.S. que graduaba administradores de empresas en cantidades industriales. Pero la economia no es un problema de administración, sino de toma de riesgos y creación de (nueva) riqueza. Lo malo: el Ecuador sigue ofreciendo un entorno hostil al emprendimiento. El verdadero hallazgo de la ESPOL es simplemente la contracara de la cifra de Subempleo del INEC. Mientras menos empleos haya en empresas pequeñas, medianas y grandes, más emprendedores habrá pues cada uno tendrá que hallarse a sí mismo trabajo al margen de un Estado obeso, confiscatorio y asfixiante.

Cuando las empresas crecen y se vuelven de categoría mundial, contratan a muchísima gente que ya no necesita seguir siendo emprendedora. Y es que hay un trade-off entre emprendimiento y estabilidad: a más exitoso un país, más grandes sus empresas, más asalariados y menos auto-emprendimientos hay. Ahora lo feo: seguimos sin entender el rol vital de muchos emprendedores. Por mencionar sólo dos: el intermediario y el revendedor de boletos. El intermediario compra a un precio competitivo donde es barato para vender a un precio competitivo allí donde es caro. La palabra quechua para esta función es “kutirpa”. Al parecer los indios precolombinos entendían que el intermediario nos facilita la vida. En este caso me evita gastar $5 usd para ir a Cayambe por un litro de leche y sólo me cobra $0,60 por comprar con calidad consistente y transportarlo, llámese Don Fausto-con-su-camioneta o Parmalat.

Pero además le evita al productor distraerse de lo que mejor sabe hacer (zapatero, ¡a tus zapatos!) para salir a vender en la ciudad. Gana el productor, aunque se queje y gano yo, aunque me queje. La persecución periódica que hacen los gobiernos municipales y provinciales a los intermediarios es apenas una instancia más de analfabetismo económico, común entre las clases gobernantes. El caso del revendedor de boletos es similar: me evitar abandonar mis actividades al comprar por mí el boleto, y luego obtiene una ganancia en tanto haya gente como yo dispuesta a intercambiar tiempo por dinero. Y como todo entrepreneur fracasa de vez en cuando si predice mal los comportamientos de otras personas.

Para concluir, podemos decir que el Ecuador es un país lleno de emprendedores porque su gente es mayormente tesonera e ingeniosa, pero nuestra cultura e instituciones trabajan aún en su contra. El emprendedor cultural y material es el motor de la sociedad, pero depende de todos nosotros sacarle del chaquiñán y construirle una autopista.

-Publicado originalmente en 2009-

¿Es sólo la producción material la que cuenta?

¿Es solo la producción material la que cuenta?

La producción material no es la única forma de producción. De hecho aquella depende de intangibles como la propiedad, las normas privadas o comunes, el lenguaje, la confianza, etc. La idea simplona de que unos producen (porque producen objetos materiales) y otros son “teóricos” (incluye científicos, inventores, profesores, consultores, contadores, auditores, analistas de entorno, asesores legales, etc) es un error pre-1871. Pre descubrimiento del principio de utilidad marginal y el valor subietivo. En realidad los servicios también agregan valor y de hecho suelen dar sentido a la producción material (un Nike sin marca/marketing, es sólo cuero y caucho). Más valor agregan socialmente Madonna o Michael Jordan que un campesino al azar aunque este produzca algo “real” (en la visión materialista). En realidad todo lo que nos rodea y no viene de la Naturaleza es una suma de ideas encarnadas en productos. Desde la agricultura y el comercio (que es diez veces más antiguo que la agricultura) en adelante. Siempre se trata de ideas y conocimientos. Toda economía es siempre una economía del conocimiento.

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Por qué la dolarización es (muy) buena para el Ecuador

Por qué la dolarización es buena para el Ecuador
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El dinero es un producto social -una institución en sentido mengeriano– que no ha sido creado por autoridades políticas sino por los intercambios entre desconocidos mediante lo que los griegos llamaban “catalaxia”, es decir, volver amigos a los extraños. Eso hace el comercio. Y el comercio ampliado requiere de un medio de intercambio como el dinero para evitar sistemas locales de deuda (don y dar incluído) o de trueque. El dinero tiene tres funciones en las sociedades humanas: ser medio de pago, ser unidad de cuenta (para poder hacer comparaciones entre otros bienes y entre distintos proyectos que requieren contabilidad rigurosa) y ser depósito de valor. Las dos últimas parecen no ser comprendidas ni apreciadas cabalmente por una parte importante de intelectuales y economistas del mundo. Como otras instituciones mengerianas -el lenguaje, la propiedad, la familia nuclear, la empresa, el derecho, etc- el dinero puede ser de alta calidad o de baja calidad, con consecuencias más o menos coordinadoras para el bienestar de las sociedades humanas.

1.- Medio de pago: debe ser un bien ampliamente aceptado. Algo que sea “fácil de deshacerse de”, en otras palabras que tenga como característica la liquidez. El dinero es el bien más líquido dentro de una escala de liquidez y en general de dinerabilidad de los bienes disponibles.

2.- Unidad de cuenta: permite el cálculo económico, es decir, la contabilidad de costos. Un dinero de calidad permite saber cuántos recursos tangibles e intangibles se gastan en producir un bien intermedio o un bien final. De ese modo, las sociedades humanas saben que están agregando valor en sus actividades, es decir, creando riqueza.

3.- Depósito de valor: el dinero sirve para mantener un balance de efectivo frente a emergencias, condiciones cambiantes o simplemente ahorrar. El ahorro es el fundamento de una economía sana en el corto y largo plazo pues permite hacer inversión y reinversión en métodos y conocimientos -es decir, capital- para crear riqueza.

Las dos últimas dependen de que el dinero sea dinero de calidad, poco o nada manipulable por autoridades políticas.

El dólar norteamericano no es la plata ni el oro, que emergieron espontáneamente como las mejores formas de dinero a través de siglos de prueba y error, superando al ganado, los granos, la sal y otros metales debido a algunas características particulares. De hecho, ha perdido ya 97% de su valor (un dólar de hoy compra lo que compraban $0,03 en 1912 antes de la creación de la Fed estadounidense. Sin embargo, es un dinero de relativa buena calidad comparado con otros dineros fiat.

¿Qué efectos ha tenido la dolarización ecuatoriana? ¿Qué predicciones negativas había sobre ella?

La dolarización ha detenido la operación del Efecto Cantillon en el Ecuador. Es decir, los políticos locales no pueden diluir el valor de los ahorros y salarios –poder adquisitivo que se pierde porque va a parar a manos de grupos bien conectados con el Estado. La inflación disminuyó de 95% en el año 1999 a una de 4,15% en 2014. Pero en su momento la idea de dolarizar (formalmente) la economía ecuatoriana recibió una oposición virulenta de parte de ciertos sectores empresariales, financieros e intelectuales. ¿Qué se decía en contra de la dolarización? ¿Tuvieron razón esas predicciones?

1.- Se decía que las exportaciones iban a contraerse

Falso. Entre 2001 y 2011 las exportaciones totales crecieron en un 377,17% con un componente de 62,59% de parte de las exportaciones petroleras y el restante por las no petroleras. Aunque las exportaciones industriales y las primarias sin petróleo se han multiplicado en más de tres veces, las exportaciones petroleras lo han hecho en 6,81 veces, demostrando el distorsionante peso que tiene el petróleo sobre el crecimiento de las exportaciones del Ecuador. Esto exacerba la falta de control del contribuyente sobre el erario público y la falta de libertad empresarial para diversificar las exportaciones así como generar fuentes de empleo real para los graduados universitarios. Los empresarios encuentran que entre la estabilidad y la capacidad de exportar usando devaluaciones, la primera es más importante. Una moneda fuerte permite el cálculo económico y fomenta largoplacismo familiar y empresarial. El largoplacismo implica menos consumismo y más inversionismo. En suma, más progreso.

2.- Se decía que las importaciones iban a aumentar y las industrias ecuatorianas iban a quebrar

Falso. El desempleo abierto bajó de 17% en el año 2000 a aproximadamente 7-8% (empleos reales) en 2014. Y donde hay empleo hay una de dos cosas: proyectos empresariales reales o puestos burocráticos que viven de los impuestos que pagan los participantes de esos proyectos. Entre el 2007 y el 2012, el crecimiento de la demanda de cemento fue del 7% anual. Y en el 2013, llegó a 10%. La mayor parte, aunque espoleada por tasas subsidiadas distorsionando el proceso, sigue siendo inversión privada. Por cada 10.000 habitantes hay 124 empresas, significativamente más que hace 14 años. Para mejorar eso y elevar la demanda de profesionales capacitados hay que reducir trabas, impuestos y reducir la corrupción. Además el comercio internacional no quiebra economías sino que relocaliza industrias enteras para mayor división del trabajo (especialización) entre países. La re especialización es una oportunidad de hallar nuevas eficiencias y según estudios crea más y no menos empleo que cerrarse al mundo.

3.- Se decía que la pobreza estaba aumentando por la dolarización

Falso. Durante de la dolarización -y de forma más rápida entre 2000 y 2007- la pobreza ha estado disminuyendo en el Ecuador. Luego de la crisis de 1999, el 52,18% de la población estaba sumida en la pobreza y el 20,10% en la indigencia. El año pasado, la pobreza urbana fue de 14,93% y la rural al 16,99%. Si la dolarización fuese negativa, la pobreza debería estar aumentando. O debía reducirse más rápidamente con el gobierno que ha intervenido más (2007-2014) para supuestamente ayudar a reducirla. En realidad la dolarización es un esquema que permite a la gente trabajar en paz y a un país lo hace su gente, no los políticos.

4.- Se decía que la inflación iba a ser igual a la de Estados Unidos

Parcialmente verdadero. Sin embargo los gobiernos ecuatorianos aún pueden inyectar papeles (o dinero electrónico) respaldados sólo parcialmente en el dólar, inyectar deuda en la economía. De ese modo hay inflación sin máquina. Se necesita limitar aún más la capacidad de los gobiernos de inflar el dinero y los fondos prestables. También se necesita integrar financieramente al país al mundo para terminar de perfeccionar las bondades de la dolarización como fuente de estabilidad económica de los ecuatorianos.

Conclusiones

Como podemos ver, la dolarización ha rebasado las expectativas más optimistas de sus proponentes hace 15 años. Se buscaba estabilidad pero se obtuvo adicionalmente mejor contabilidad general para lograr valor agregado y también más largoplacismo en los proyectos privados y públicos. Los ecuatorianos viven mejor que nunca antes, incluso si el crecimiento es muy pobre frente al de economías más libres en el mundo. Al detener en gran medida la operación del Efecto Cantillon la dolarización ha protegido a los ecuatorianos de la torpeza o malicia de las clases políticas y financieras. Y finalmente, algo muy importante: la dolarización no necesita ser «sostenida», más bien ella sostiene -genera confianza- a los ecuatorianos. Y hoy, más que nunca, el futuro de la dolarización depende de que eso se comprenda a cabalidad.


Fuentes e información adicional
:

  • El origen del dinero, Carl Menger, http://www.eumed.net/cursecon/textos/Menger-origen-dinero.pdf
  • “El desempeño económico en dolarización”, Diario El Telégrafo, 31 de diciembre de 2012, http://www.telegrafo.com.ec/economia/masqmenos/item/el-desempeno-economico-en-dolarizacion.html
  • “La dolarización en Ecuador y su impacto”, Mario Barzallo Mendieta, Gestiopolis, http://www.gestiopolis.com/recursos/documentos/fulldocs/eco/dolarecuamario.htm
  • “BBC Mundo: Diez años de dolarización en Ecuador” – http://www.bbc.co.uk/mundo/economia/2010/01/100108_0053_dolarizacion_ecuador_jaw.shtml
  • “Dolarización: ¿un amor eterno?”, Pablo Lucio-Paredes, Grupo Santillana, 2004

Las Instituciones y los Círculos Concéntricos de la Sociedad

     Suele atribuirse el éxito material y cultural de los países y territorios a una serie de elementos. Se argumenta a favor de la disponibilidad de recursos naturales, la “unidad nacional”, alguna guerra reciente que haya “reanimado” o “despertado” a la población, haber imperializado a algún otro territorio y así sucesivamente. Sin embargo hay abundantes excepciones para todos esos argumentos. Al parecer, lo único que tienen en común los países prósperos y de alta producción cultural son unas instituciones de calidad.  Pero, ¿qué son las instituciones?      Mientras la Economía del mainstream -corriente dominante- buscaba asemejarse a la Física para parecer “más científica”, la Escuela Austriaca (a la par de la Neoinstitucionalista aunque en otro sentido probablemente complementario) se enfocó en el análisis de las instituciones en las sociedades humanas.       Su fundador, Carl Menger, planteaba que -por ejemplo- el dinero no es fruto del diseño deliberado de nadie. Ciertamente se puede diseñar monedas pero no se les puede imponer el rol de dinero en sociedad. Históricamente el dinero emerge de manera espontánea en cada sociedad como el bien más líquido (más mercadeable) y que adquiere dinerabilidad por dicha liquidez incluso antes que por otras características importantes. El ganado, la concha spondylus, las hojas de té prensado, ciertos granos, los metales y la sal han sido dinero en la historia humana. Ninguno de los anteriores tiene en común nada físico salvo cierta durabilidad (lo cual le vuelve un buen depósito de valor), la fungibilidad (lo cual le vuelve buena unidad de cuenta) y sobre todo y ante todo, liquidez (lo cual le vuelve un medio de pago de aceptación general*).  Pero el uso de un bien como dinero (y ya no solamente para sus usos originales y alternativo) no fue un diseño ni imposición de nadie. Permitió superar las severas limitaciones del trueque -aunque hayan aparecido juntos- y sigan coexistiendo**.      European good manners Desde luego el dinero, que como vemos era un producto puramente social, ha sido confiscado por los gobernantes en distintas épocas. Y de hecho, vivimos en una de las más largas era -y ciertamente la más mundialmente extendida- de dinero confiscado y envilecido por las clases políticas.  Eso no anula en absoluto el análisis de Menger sobre el dinero como orden espontáneo. Un continuador de su tradición***, Ludwig von Mises, explica en su indispensable obra “La Teoría del Dinero y el Crédito”  cómo el dinero fiat (decretado, sin respaldo) que aceptamos hoy en día sólo se utiliza porque se hizo un canje masivo y las poblaciones recordaban el dinero pasado como valioso y lo asignaron sin cuestionamiento, al dinero sin respaldo.       Sin embargo no ha ocurrido lo mismo con el Esperanto. El Esperanto es una lengua que, a decir de muchos lingüistas, contiene buena parte de las fortalezas de los idiomas más difundidos en el mundo pero a la vez evita defectos e irregularidades. A pesar de ser un producto humano bastante pulido, no ha arraigado,  es decir que no ha sido recogido y utilizado por grandes números de personas en algún territorio. El lenguaje no ha sido nunca un producto del diseño humano sino de la acción humana (praxeológico, como diría el brillante autor Enrique Ghersi).  Son instituciones en el sentido mengeriano, es decir órdenes espontáneos: 

  • El lenguje
  • La propiedad
  • La familia
  • El dinero
  • Los modales
  • Los sistemas judiciales no-estatales (incluyendo el romano temprano y el common law anglosajón)
  • La empresa
  • La banca
  • Etc, etc.

    Es decir, todas tienen en común que son prácticas socialmente arraigadas y que aparecen así como se perfeccionan, mediante prueba y error. Ninguna fue concebida por una mente individual. Son la suma de experimentos y mentes a lo largo de muchas repeticiones e incluso generaciones humanas.       El más célebre estudioso de las instituciones como órdenes espontáneos ha sido sin duda el Premio Nobel de Economía F. A. Hayek (alumno a su vez de Ludwig von Mises). Su trabajo general respecto a muchas de las instituciones arriba listadas fue aplicado por su colega italiano Bruno Leoni en su obra “La libertad y la ley” para explicar cómo los sistemas legales de mercado son superiores en capacidad de adaptarse y de autocorregirse a los estatales, que hoy nos han vendido como la única alternativa****.       El prof. Juan Ramón Rallo dice que las instituciones tienen 6 características: a) ausencia de autor o mente creadora concreta, b) continua evolución descentralizada de las mismas a través del mecanismo de prueba y error, c) utilidad que le atribuyen sus participantes, d) la voluntariedad, e) la estabilidad y f) autocorrección      El prof. Jesús Huerta de Soto define a las instituciones como “esquema pautado de comportamiento, con carácter evolutivo”. Nos dice que sirven para lidiar con la incertidumbre inherente al futuro. Proveen de pautas. Son comportamientos. ¿Pero, quién da la pauta inicial?  Los círculos concéntricos de las tendencias sociales       Si las instituciones son comportamientos de raigambre social, ¿aportamos todos por igual a su mantenimiento o conformación? No. Eso sería físicamente imposible.

Círculos concéntricos
Los círculos concéntricos de las instituciones y la innovación.

     Los seres humanos tenemos distintas preferencias y talentos. Eso significa que nos involucraremos de distinta manera en distintos ámbitos de la compleja experiencia humana. Pongamos sencillos ejemplos. Manuel puede ser altamente influyente con sus conocidos en temas de tecnología pero nadie le pediría un consejo sobre cómo vestirse para una fiesta en un lugar de moda. María es muy popular socialmente, lo cual le permite aprobar y desaprobar palabras en el lenguaje cotidiano para su círculo de influencia, pero nadie le pide consejos sobre cómo manejar sus finanzas personales.

     A Carlos le interesa poco el cine pero mucho la música, de la cual habla constantemente en su programa de radio. Claramente estos tres sujetos humanos van a involucrarse en distintas actividades del pensar y el hacer humanos; al involucrarse van a moldear gustos y comportamientos ajenos. Cuando se estudia el comportamiento del consumidor en los distintos mercados, se recurre a un dispositivo sociológico que llamaremos “los círculos concéntricos de las tendencias sociales”.      La combinación de talento y práctica -cualquiera sea la relación determinante entre ambos- va a elevar como trend-setter (marcador de tendencias) o pionero a ciertos individuos. Constituyen el círculo interior. Estos a su vez contagiarán -y este es el primer paso del contagio o liderazgo de tendencias sociales- a los adoptadores tempranos, quienes si bien no crean -o no siempre lo hacen- las tendencias, son referentes al ser los primeros en adoptar una innovación o hábito.     Los adoptadores tempranos son los gatekeepers -guardianes del portal- de lo que será tendencia. Conforman el segundo círculo concéntrico. Un adoptador temprano es quien decide si lo que los pioneros hacen es apenas algo  excéntrico o es algo que “tiene que” ser adoptado para considerarse actualizado/sofisticado/moderno/bien enterado/etc según el área (ciencia/moda/tecnología/artes/lenguaje cotidiano) de la cual se trate. Es decir que los pioneros proponen y los adoptadores tempranos deciden si se trata de algo relevante o no. Al decidirlo, lo vuelven relevante para quienes les tengan como referentes en su área.        Manuel es a quien emulamos en temas de computación, Carlos nos comentará cuál es la banda interesante del momento y María nos dirá qué se ve bien en un hombre y en una mujer en términos de vestimenta en estos años. Y así sucesivamente. Es decir, quién es “una autoridad en un tema u otro. El tercer círculo concéntrico entonces está compuesto por los participantes comunes. En este punto hay que aclarar que el término “común” sólo se refiere a la forma de participar en una o varias tendencias.       Aunque hay roles en forjar las tendencias, los ocupantes de los roles no son siempre los mismos individuos (“los creadores de modas pasan de moda”, podríamos decir, y recordemos que moda significa “lo más usual” en jerga de Estadística). Cuando los participantes comunes han adoptado masivamente (grandes números relativos al universo total posible) una innovación o hábito, podemos decir que hay una nueva tendencia social en dicho asunto.      En el cuarto círculo tenemos a los participantes conservadores, los que sólo se unen cuando ya ha llegado una nueva normalidad. Esto suele ser muy notorio en los cambios tecnológicos o en la moda, cuando el uso de teléfono móvil o un cierto corte de cabello son adoptados por los participantes conservadores sólo cuando ya es un hecho consumado para el resto de la sociedad. De hecho hay una cierta transmisión de este tipo entre estratos sociales con ciertos grupos “huyendo” de los otros con cambios de lenguaje y moda para re-exclusivizarse todo el tiempo a medida que son “alcanzados” (emulados) por otros grupos.       Finalmente, en el quinto círculo concéntrico encontramos a los reacios, quienes se niegan a participar de una tendencia determinada. Hay gente que se niega a utilizar teléfono móvil o hacerse un corte de cabello o incluso utilizar una computadora personal. Todos conocemos algún caso directa o indirectamente.  Innovation cycle      La adopción de tecnología es particularmente concéntrica: quienes tienen mayor intensidad (interés) en un nuevo producto o tecnología lo adoptarán o comprarán cuando es caro. Al comprar su tiraje inicial, ayudan a recuperar la inversión inicial. Con esos fondos el entrepreneur producirá tirajes sucesivamente mayores en volumen y menores en precio, para llegar a quienes tienen menor intensidad (interés) y no pagarían una prima (precio extra) por la novedad o exclusividad inicial. Es así como los mercados masifican (“democratizan”) la tecnología y los bajos precios. Con o sin rivales en el horizonte, un entrepreneur visionario (miopes hay muchos) sabrá llegar a capas crecientes de la sociedad porque, simplemente, es un excelente negocio.    Las instituciones y los círculos concéntricos de la sociedad  Una vez que hemos explicado qué son las instituciones en sentido sociológico y cómo funcionan los círculos concéntricos de las tendencias sociales, es momento de conjugar ambos. (Por cierto, este es un vacío en la propia escuela de Menger, donde siguiendo a Hayek se sabe que es un orden espontáneo en el sentido de que no está diseñado verticalmente, sin embargo no lo es en el sentido de que no haya liderazgos e influencias asimétricas).       De alguna manera podríamos hablar de los pioneros y adoptadores tempranos como entrepreneurs sociales y al resto de la sociedad como su clientela. Y como a estas alturas de la Historia sabemos, la relación entre entrepreneur y consumidor/cliente puede resumirse en la siguiente fórmula: el productor propone y el consumidor dispone. Un adoptador temprano es el primero de los consumidores y pero a la vez un productor (proponente) hacia los demás. Un conservador es un cliente tardío. Un reacio se niega a participar, etc.       De nada sirve una moneda que nadie utilice, unas cortes que nadie utilice como referente de transparencia y justicia, unas empresas que no atraigan clientela o trabajadores capaces, etc etc. Las instituciones son instituciones pues han arraigado. Pero arraigan porque para empezar alguien propuso esos hábitos o protocolos sociales que llamamos instituciones. Y para arraigar, alguien debe dar el ejemplo de su utilización y éxito. Aquí es donde encontramos el punto de encuentro entre la noción mengeriana de instituciones y la de los círculos concéntricos de los mercados y las tendencias sociales en general. Son los pioneros y adoptadores tempranos quienes marcan en toda era de un país la existencia, la calidad y el éxito de sus instituciones. Por eso el rol de las élites (en el sentido cultural, intelectual y sólo adicionalmente, material) es tan determinante.  Conclusión       Las sociedades humanas tienden a algún tipo de aristocracia (hereditaria en esquemas feudales, política en sistemas totalitarios, meritocrática en sociedades abiertas, combinaciones de aquellas en sistemas mixtos). Los comportamientos, estilos e ideas de quienes se colocan en la arista, impactarán decisivamente sobre la calidad de vida en su sociedad. Aquellos determinarán si el resto de la sociedad percibe el orden social existente como justo o injusto, como abundante o escaso de oportunidades, como libre u opresivo, etc etc.       En otras palabras, nos afectamos mutuamente y en distintos temas siguiendo un esquema concéntrico y ese es el método de liderazgo de hábitos en sociedad. Mucho se ha dicho sobre el rol de las instituciones en el éxito de un país (y definamos éxito sencillamente como la capacidad de permitir una calidad de vida balanceada, sin carencias materiales o culturales a sus habitantes) pero la calidad de las instituciones depende de tener liderazgos y ejemplaridades cuando emergen y mientras se sostienen. Un país exitoso entonces es uno en que sus entrepreneurs sociales siembran y sostienen instituciones de cierta calidad. Un país exitoso sólo es posible cuando las cabezas -los liderazgos, grandes y pequeños- son los primeros en cumplir las reglas y hábitos que sugieren a los demás.  Lecturas recomendadas:– “Por qué fracasan los países” – Daron Acemoglu y James A. Robinson
– “Power & Market” – Murray N. Rothbard
-“The Tipping Point” – Malcolm Gladwell
– Video: El primer seguidor (un adoptador temprano) hace al líder, un líder. *A veces se define al dinero como un medio de pago de validez universal, pero hay que entender que un universo o totalidad puede ser reducido geográficamente aunque dentro de él, se acepte universalmente algo como dinero. O puede tratarse de un universo en red (redes entre fronteras) o entre nichos.**Gracias al dinero los intercambios pueden ser en el tiempo (no inmediatos en el sentido de una doble coincidencia de necesidades mutuas en el intercamio) y a través del espacio, entre lugares diversos. Esto permitió el intercambio intensivo entre zonas geográficas más allá de la subsistencia local.***Eugen von Böhm-Bawerk, alumno de Menger y profesor de Mises.

****A la usual pregunta de “¿Pero si el Estado no pone orden, quién va a crear reglas y hacerlas cumplir?” se puede responder recomendando la extraordinaria investigación del prof. Bruce Benson titulada “Justicia sin Estado” en que recoge casos antiguos y contemporáneos de órdenes y mecanismos legales producidos desde la propia comunidad y al margen de los políticos.

Por:  Juan Fernando Carpio
Publicado en Economia101, blog académico de la USFQ – Ecuador
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Minería para el próximo millón de años – George Reisman

Llevo muchos años señalando que toda la masa de la Tierra, desde los límites superiores de la atmósfera a 4.000 millas hasta su centro, no consiste en otra cosa que elementos químicos sólidamente compactos. No hay un solo centímetro cúbico en cualquier lugar de la masa terráquea que no sea un elemento químico u otro, o alguna combinación de ellos. He dicho que ésta es la contribución de la naturaleza a la oferta de recursos naturales, junto con todas las enormes cantidades de energía que conlleva, desde la contenida en los combustibles fósiles, el uranio, el viento, el agua y el núcleo terráqueo hasta la que hay en tormentas y electricidad estática.

Qué parte de esta inmensa cantidad de materia y energía puede transformarse en la categoría más restringida de los recursos naturales que sean económicamente utilizables y accesibles por el hombre, depende del estado de la ciencia, de la tecnología y de la oferta de equipos de capital. En otras palabras, depende de grado de conocimiento humano de la naturaleza y de su poder físico sobre ella.

 

A medida que el hombre aumenta su conocimiento y poder, incrementa la parte de la naturaleza que resulta económicamente utilizable, los recursos naturales accesibles. En el proceso, transforma en bienes económicos y riqueza lo que hasta entonces eran simplemente cosas que había en la naturaleza.También hemos apuntado siempre que hasta ahora nuestro poder sobre la naturaleza (nuestra capacidad de establecer realmente sus contenidos y dirigirlos hacia la satisfacción de nuestras necesidades) se ha medido en profundidades de pies en lugar de en millas y que se ha limitado a sólo en torno a un 30% de la superficie terrestre del planeta.

La consecuencia lógica es que aún estamos muy al principio de nuestra capacidad de extraer económicamente de la naturaleza recursos naturales utilizables.Acabo de recopilar algunos datos empíricos que indican lo modestas que han sido realmente las actividades mineras humanas, comparadas con el tamaño de la Tierra. Por ejemplo, la producción total global de petróleo es de aproximadamente 30.000 millones de barriles anuales. Cada barril de petróleo contiene aproximadamente 0,16 metros cúbicos.

Esto significa que en términos de metros cúbicos, el volumen físico de todo el petróleo extraído en el mundo es de 0,16 veces 30.000 millones, lo que son 4.800 millones de metros cúbicos. Como mil metros equivalen a un kilómetro, mil millones de metros cúbicos se traducen en un solo kilómetro cúbico. Por tanto, el volumen físico de la producción total global anual de petróleo es actualmente de 4,8 kilómetros cúbicos. Y como una milla cúbica equivale aproximadamente a 4,17 kilómetros cúbicos, esto significa que toda la producción de petróleo en un año representa alrededor de 1,15 millas cúbicas.Por sí mismo, esto es suficiente como para sugerir que las operaciones de minería global totales son extremadamente pequeñas en relación con el tamaño de la Tierra, que es de 1,1 billones de kilómetros cúbicos, o aproximadamente 260.000 millones de millas cúbicas.

Esta conclusión se confirma cuando se considera la producción global anual de otros minerales importantes, como mineral de hierro, carbón aluminio y gas natural.La producción global de mineral de hierro fue de aproximadamente 1.160 millones de toneladas métricas en 2003, el año más reciente del que hay datos disponibles. La densidad del mineral de hierro varía aproximadamente entre 4 y 5 toneladas métricas por metro cúbico, dependiendo del tipo de mineral. Cuanto menor sea el número de toneladas métricas por metro cúbico, mayor será el número de metros cúbicos requeridos para cada tonelaje concreto. Utilizando la cifra menor de 4 toneladas métricas por metro cúbico, el volumen cúbico total de producción de mineral de hierro en 2003 sería de 291 millones de metros cúbicos, lo que son 0,291 kilómetros cúbicos o 0,07 millas cúbicas.

Como mucho del mineral de hierro extraído tenía una densidad superior, el volumen físico real de mineral de hierro extraído fue considerablemente menor.La producción global de carbón en 2004 fue de 2.730 millones de toneladas métricas. Como la densidad del carbón es más o menos de 1,3 toneladas métricas por metro cúbico, el volumen físico del carbón extraído fue de unos 2,1 kilómetros cúbicos, o 0,5 millas cúbicas.La producción global de aluminio en 2001 fue de 32 millones de toneladas métricas. La producción de una tonelada de aluminio requiere extraer de 4 a 6 toneladas de bauxita. Luego la producción de 32 millones de toneladas de aluminio implica la extracción de al menos 192 millones de toneladas de bauxita. Como la densidad de la bauxita es de 1,28 toneladas métricas por metro cúbico, el volumen cúbico de la cantidad total de bauxita extraída en 2001 fue 150 millones de metros cúbicos o menos de 0,4 millas cúbicas.La producción global de gas natural en 2004 fue de aproximadamente 98,62 billones de pies cúbicos, lo que equivale a 2.774 kilómetros cúbicos. Para poner esta cifra en perspectiva, debería tenerse en cuenta que, una vez licuado, le volumen del gas natural se reduce por un factor de 600. Por lo tanto en equivalente a este gas en forma líquida es 4,62 kilómetros cúbicos o poco más de 1,1 millas cúbicas. Por supuesto, esto es algo menos que el volumen cúbico de la producción de petróleo.Si sumamos todas estas cifras, totalizan 11,43 kilómetros cúbicos o 2,86 millas cúbicas.

Para estimar tanto la minería de cualquier otra cosa como otras extracciones que hayamos pasado por alto en relación con los materiales que hemos considerado, limitémonos a asumir el bonito número redondo de 100 kilómetros cúbicos o 24 millas aproximadamente, como representativo de todas las operaciones de minería actuales combinadas anualizadas para todo el mundo.En una sociedad tolerablemente libre y racional, una inteligencia humana motivada es fácilmente capaz no sólo de mantener la capacidad del hombre de extraer de la tierra este volumen de materiales útiles, sino también de incrementarlo sustancialmente. Si el volumen anual actual de estas extracciones se limitara a mantenerse, podría hacerlo al menos durante los próximos 100 millones de años. Para entonces, se habrían extraído un total de 10.000 millones de kilómetros cúbicos o unos 2.400 millones de millas de la Tierra, lo que reasentaría poco menos de un 1% de su volumen físico total. El agotamiento de los depósitos minerales utilizables y accesibles sencillamente no es un problema para una economía tan libre como la que había en los Estados Unidos hace unas pocas generaciones.Nuestros problemas crecientes en relación con el suministro de recursos naturales no los causa la naturaleza, sino nosotros. Nos hemos permitido abandonar la razón y renunciar a nuestra libertad. Nos hemos permitido ser liderados por gente que nos congelaría e inmovilizaría antes que derramar algo de petróleo sobre una nieve que difícilmente cualquiera de nosotros veremos jamás o molestar el hábitat de animales salvajes que no nos importan nada. Si dejamos que esto continúe, nos veremos abocados al mundo descrito con estas terribles palabras de desesperación:Debéis saber que el mundo se ha hecho viejo y no mantiene su antiguo vigor.

Él mismo da testimonio de su propio declinar. Las lluvias y el calor del sol están disminuyendo; los metales están prácticamente agotados; el agricultor fracasa en los campos, el marinero en los mares, el soldado en el campo de batalla, la honradez en el mercado, la justicia en los tribunales, la armonía en las amistades, la habilidad en las artes, la disciplina en la moral. Esta es la sentencia dada al mundo, que todo lo que tiene un inicio perece, que las cosas que llegan a la madurez envejecen, la fortaleza se debilita, lo grande empequeñece y después de la debilitación y el empequeñecimiento viene la disolución.[1]Como indiqué en Capitalismo,[2] este pasaje no es una cita de algún ecologista o conservacionista contemporáneo.

Se escribió en el siglo tercero, mucho antes de que el primer trozo de carbón, gota de petróleo, onza de aluminio o cualquier cantidad significativa de cualquier mineral hubiera sido arrancado de la tierra. Entonces como ahora, el problema no era físico, sino filosófico y político. Entonces como ahora, la gente se alejaba de la razón y se dirigía al misticismo. Entonces como ahora, crecían menos libres y se encontraban cada vez más bajo el poder de la fuerza física. Por eso creían, y por eso la gente en nuestra cultura empieza a creer, que el hombre está indefenso frente a la naturaleza.

No hay indefensión en absoluto. A los hombres que usan la razón y son libres de actuar, la naturaleza les da cada vez más.

A aquéllos que se alejan de la razón o no son libres, les da cada vez menos. Y nada más.

 

© 2006, de George Reisman para este artículo. Se autoriza la reproducción y distribución electrónica e impresa, salvo como parte de un libro, y con la obligación de mencionar la web del autor, www.capitalism.net.

(Se requiere notificación por correo electrónico al autor). Todos los demás derechos reservados. Traducido por Mariano Bas Uribe

[1] El pasaje citado aparece en W. T. Jones, The Medieval Mind, volumen 2 de A History of Western Philosophy (New York: Harcourt, Brace, and World, 1969), página 6.

[2] George Reisman, Capitalism: A Treatise on Economics (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1996).

La economía de los esclavos de Meereen

Algunos datos de ficción: 

 

  • En las novelas de George R. R. Martin («Una Canción De Hielo Y Fuego»), Astapor tenía 8.000 soldados «Unsullied».
  • Una población humana puede sostener 2-5% de fuerzas militares, en general (por eso siempre la línea de suministros o el saqueo eran de vital importancia).
  • Entre Astapor y Meereen se calcula un total de 100.000 a 120.000 esclavos.
  • Las poblaciones de Yunkai, Astapor (donde Daenerys Targarien libera a 80.000 esclavos) y Meereen suman alrededor de 1’000.000 de habitantes.
  • Westeros, el continente rival tiene 40 millones de habitantes.

 

Cuando Daenerys Targarien libera los esclavos en Yunkai y Astapor, los señores de Meereen se preocupan por «la economía» de Meereen y las ciudades vecinas.

Igual que el socialismo y los impuestos, la esclavitud ha intentado justificarse con argumentos utilitarios.

 

La pregunta «¿Quién recogerá el algodón?» de los esclavistas es muy fácil de responder: los empleos menos disfrutables y/o más riesgosos -es decir, más distancia entre medios y fines, dice el economista Guido Hülsmann– serán mejor recompensados en los mercados.

Para que alguien trabaje en un pozo petrolero lejos de su familia -o sin poder formar una estable- no son necesarios esclavos.

Lo mismo recoger la basura, instalar antenas o hacer trabajos de limpieza en las alturas.

 

Siempre que haya pocas trabas para emplear (códigos laborales modernos), habrá pleno empleo y una «prima» por riesgo/desgaste para ciertos oficios.

La esclavitud no es y nunca ha sido justa -salvo en reparaciones de guerra pero la heredabilidad de la esclavitud le hace problemática de todos modos- pues la voluntad humana es inalienable.

Nadie puede «venderse como esclavo» (ver debate Rothbard/Hoppe vs. Block, en el cual me sitúo firmemente con Rothbard y Hoppe).

 

La esclavitud no es más rentable -incluso solo enfocándonos en los números- que los mercados pues es una relación de baja capitalización personal.

Cuando el otro es un medio y no un fin, se trata como un «leasing» (arrendar y depreciar algo ajeno) su cuerpo. Por eso los esclavos morían temprano, sobre-trabajados y desgastados.

Como consecuencia hay una sociedad menos educada, inversionista en cultura y educación (pues ya no es para ella ni los esclavos en general, salvo notables excepciones, iban a hacerlo al estar desmotivados –locus externo de control in extremis) y en oficios y artes.

 

En suma, mucho menos valor agregado cultural y material en cada generación.

(De hecho en otro correo ya mencionamos que los patricios romanos frenaron la innovación porque así evitaban la movilidad entre clases sociales).

La confiscación de la vida de otros reduce el número de capitalistas personales, es decir, gente invirtiendo en sí y en su linaje a futuro.

 

Algunos datos del mundo helénico (Grecia clásica):

  • En cierto momento había un esclavo por cada 2 o 3 ciudadanos libres.
    Eran botín de guerra.
  • No tener esclavos era signo de pobreza.
  • No siempre era lo peor (había peores oficios y tratos).
  • Muchos trabajaban encadenados en las minas.
  • Los más desgraciados eran los ilotasLos ilotas ocupaban una situación muy inferior a la de los periecos y de los homoioi, y estaban considerados como originarios de Mesenia, en el suroeste del Peloponeso. Eran esclavos públicos, propiedad del Estado espartano, y formaban parte integrante de los bienes rurales de los espartanos, también conocidos como los homoioi.» – Wikipedia (que sí, sirve como fuente primaria/»primer», nunca como fuente definitiva).

 

Algunos datos de hoy:

  • A nivel mundial, en 2015 se estimaba que hay 27 millones de personas tratadas como esclavos, a pesar de que en ningún país es legal.
  • El 75% de los esclavos es de sexo femenino y más de la mitad son niños.
  • En Estados Unidos hay más de 10 mil esclavos, los que son invisibles para la sociedad.
Los esclavistas actuales suelen ganar de media 4.000 dólares por cada persona explotada, según las estimaciones de la campaña Not for Sale.

Son números preocupantes y tristes.

Sin embargo la situación global sigue mejorando -aunque a veces de forma desesperantemente lenta- a la par de mejoras educativas y de universalización de nociones derechos individuales.

 

Y volviendo a un punto anterior, la esclavitud fue increíblemente improductiva, además de injusta.

Obviamente existió en sociedades donde unos pocos podían salirse aún más con la suya que hoy convenciendo al resto de que sus intereses y «los del país» eran la misma cosa.

Basta calcular el costo de oportunidad de crecimiento en el mundo -reducción global de pobreza, estado original del ser humano- por imponer relaciones ganar-perder (y de las más violentas) a otros.

La alternativa a la esclavitud -o desigualdad de derechos descarada y no reformada y disimulada como hoy- era y es, por supuesto, la libertad.

 

J.F. Carpio

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¿Existe tal cosa como un mercado libre? – Sobre barreras naturales y artificiales de entrada

¿Existen los mercados libres? 

Una de las herencias más lamentables de la vertiente anglosajona de la Economía es la de intentar hacer modelos “perfectos” de cada fenómeno económico.

Por ejemplo, el modelo de “competencia perfecta”.

Considerado por el propio George Stigler un “nirvana fallacy” o comparación nada razonable de la vida real con un ideal falso, la “competencia perfecta” lo es, es un ideal falso.

La “competencia perfecta” es un modelo que dice que el mercado perfecto es uno en que no hay empresarios “demasiado” grandes sino múltiples, dispersos, omniscientes (“conocimiento perfecto”), inefectivos para rivalizar y pequeños. Se puede ver más sobre el modelo aquí.  

Desde luego ninguna situación real puede ni ha podido en toda la Historia cumplir con el modelo. ¿Por qué trazar un modelo así, entonces? Porque a la economía anglosajona le interesa más la sofisticación de un modelo de sus prejuicios sobre lo que es “ideal” que hacer distinciones esenciales.

Competencia es rivalidad real.

Competencia es rivalidad real.

Desde luego, el grado de desviación del ideal sería la situación indeseable y utilizar la intervención del Estado en asuntos privados, lo deseable (para lo que podría llamarse la izquierda económica) o inevitable (para los tecnócratas que se consideran pro mercado siempre y cuando ellos efectúen las correcciones). El problema es que la “competencia perfecta” implica ausencia de competencia.

Si todos los participantes son pequeños o iguales en tamaño, saben lo mismo y no pueden rivalizar por precio, en realidad no hay competencia. Un cementerio es más dinámico que la “competencia perfecta” de los neoclásicos anglosajones.

Y en ausencia de competencia desaparecen algunos incentivos potentes para innovar y cuidar la calidad de los productos y el servicio al cliente. Pero no son las empresas grandes con sus innovaciones o grandes inversiones las que eliminan la competencia de los mercados.

En realidad la rivalidad en los mercados puede ser mejor entendida con las “4 P’s” del Marketing. En vez de “simplificar” o “sofisticar” la realidad, podemos entender que el (P)roducto, su (P)recio, su (P)laza o ubicación/distribución y su (P)romoción o esfuerzos para seducir clientela, deben ser combinados de tal forma que valgan la pena para dicha clientela.

Utilizar estos cuatro elementos permite entender que habrá empresas grandes que atiendan a grupos masivos y otras que opten por nichos (lugares, gustos, etc) más específicos. El Marketing nos explica mejor que la Economía neoclásica anglosajona los mercados.

No existen bienes homogéneos ni conocimiento perfecto (simétrico) en los actores ni las empresas son siempre muchas o pocas ni su cantidad dice nada sobre la calidad y libertad de los mercados. Y, sobre todo, nada de ello es necesario ni deseable para que un mercado sea libre y pueda ofrecer los mejores productos a precios competitivos.


¿Qué es entonces lo deseable?

Para entender qué es un mercado libre debemos reparar en una distinción crucial: la que existe entre barreras de entrada naturales y artificiales.

Barreras naturales de entrada:

Estándares culturales: lo que se vendía como un pastel en 1480 hoy no encontraría compradores.

Talentos: un futbolista de 1920 quizás hoy sería considerado poco dotado por los entrenadores de equipos.

Geografía: solo una familia o empresa turística puede ser dueña del terreno de la cascada más alta del país, al mismo tiempo.

En todos estos casos nadie impide mediante el uso de la fuerza física o la amenaza de su uso (eso es la legislación en esencia), a alguien participar en un mercado. Simplemente el cliente interno (gerentes, entrenadores, etc.) o el final no eligen en con un volumen total de compras suficiente esa alternativa. Puede investigarse previamente (investigación de mercados) o puede intentarse bajo cuenta y riesgo del entrepreneur. Si no hay ventas suficientes, quebrará. Pero valga reiterarlo, nadie impide mediante la fuerza o su amenaza, intentar.

Barreras artificiales de entrada:

Pueden ser de dos tipos: de jure o de facto. Son de carácter político-legal.

De jure: concesiones exclusivas para operar en un mercado.

De facto: regulaciones que dejen pocos o un solo ofertante capaces de cumplirlas.


¿Qué son los monopolios y oligopolios?

Un monopolio es entonces una situación caracterizada por la existencia de barreras artificiales de entrada que impiden el ingreso de un segundo ofertante en un mercado. No existe tal cosa como un “monopolio natural“.

Un oligopolio es entonces una situación caracterizada por la existencia de barreras artificiales de entrada que impiden el ingreso de un ofertante adicional en un mercado.

Un mercado libre carece de barreras artificiales de entrada o aquellas son lo suficientemente bajas como para ser ignorables. Nadie es desalentado -mediante privilegios político-legales para otros- de participar.

¿Qué pasa con las empresas grandes?

Las empresas grandes pueden haberse vuelto grandes en el camino o haber hecho inversiones masivas que les posicionen de forma interesante en los mercados. Es irrelevante de cuál de los dos casos se trate. Siempre es el cliente quien decide el tamaño continuado de las empresas mediante la compra o abstinencia de compra -el sistema de comunicación de los mercados- que les dirá si continuar, profundizar, descontinuar o detener de raíz la producción de un producto, a cierto precio, distribuido de cierta forma y promovido de cierta manera. Las empresas grandes no tienen una “posición dominante” en los mercados.

Al contrario, tendrían una posición “dominada” pues deben atender al mínimo común denominador o al gusto común, a diferencia de sus rivales de nicho que pueden ser más idiosincráticos (“hacer las cosas a su manera” o para gustos especiales).

Sin embargo “dominante” o “dominada” son palabras del lenguaje militar o político (siendo la guerra la prolongación de la política por otros medios como decía von Clausewitz) y los mercados son la suma de tratos libres. Es justamente la intervención de la política la que crea mercados no-libres y perjudica las opciones de los consumidores.

Una empresa que atendiese al 100% de gustos en un mercado solo es un “problema” en la mente de economistas neoclásicos y juristas/abogados contagiados por dicha visión robotizante de los mercados. Si una empresa tiene soluciones para 100% de los gustos y exigencias de los consumidores en una zona geográfica o segmento estamos ante el caso de una solución (“un problema menos”) y esa comunidad humana puede dedicarse a lidiar con otros -al parecer siempre abundantes- problemas de la vida humana.

En realidad es tan improbable un caso así que es mejor concentrarse en entender otro tipo de porcentajes. ¿Qué pasa si una empresa tiene 90, 80, 70, o incluso 40, 30% de un mercado? ¿No tiene una posición ventajosa e injusta frente a las demás por tener una porción grande del mercado?

No. En primer lugar es el plebiscito cotidiano del consumidor el que la mantiene en ese lugar. Nada debe respetarse más que eso. Romperle las piernas al mejor deportista para que deje de acaparar las miradas no es forma alguna de hacer justicia (justamente lo que proponen las variantes más agresivas de “regulación” que incluyen desasociaciones corporativas, impedir fusiones, obligar a separar distribuciones, etc).

Pero además las empresas grandes conllevan su propio desafío: aprovechar economías de escala para ser competitivas en precios mientras cuidan que las empresas de nicho no les superen poco a poco o de un solo golpe en el conteo general (ej: Microsoft y Apple, Ericsson y Nokia, etc).

Cada vez que una tecnocracia de corte neoclásico decide cómo deben ser un mercado, el verdadero elector -el consumidor- pierde soberanía y es tratado como un tonto incapaz de elegir precios-calidades relativos por sí mismo según sus gustos y prioridades.

¿Qué (sí) se puede hacer para tener mercados libres?

Los mercados son redes de intercambio de títulos de propiedad. En otras palabras, son redes de intercambios ganar-ganar puesto que el valor de lo obtenido (el producto o el dinero) son más valorados que aquello a lo que se renuncia para obtenerlo (el dinero o el producto, del otro participante). Para que sean libres es necesario que se reduzcan drásticamente las barreras artificiales de entrada.

De otro modo, el resultado son siempre oligopolios o monopolios de facto. Mientras más requisitos o más difíciles de cumplir, menos participantes podrán cumplirlos. Y estos son los grandes privilegiados de esta era democrática donde los grupos de interés y de presión diseñan legislación para cada industrial poniendo al productor por encima del consumidor y su libertad de elegir.

Esto impide que la innovación se refleje en productos mejores por el mismo precio o precios más bajos para lo mismo año tras año, como sí podemos ver en el mercado de tecnología y IT. Existen los mercados libres como ese -el de deportes de aventura y el de turismo registran variedad, innovación y descuentos de precio similares-, con precios competitivos y decrecientes con cada avance.

En realidad podrían ser así todos los mercados, incluyendo los servicios públicos y básicos que hace algunas generaciones -o en el Chile de hoy- fueron competitivos y pro-consumidor. Distinguir entre barreras naturales y artificiales de entrada es el primer paso hacia combatir las segundas y lograr un mundo de variedad y precios cada vez más bajos.

Si el derecho a elegir y ser elegido se considera tan sagrado como se considera en la esfera política, es ya hora de derrumbar barreras de privilegios en la esfera de lo productivo y empresarial para que también podamos elegir y hacernos elegir en el resto de áreas de nuestras vidas.

Referencias:
El Mito del Monopolio Natural” – Thomas Dilorenzo

Antitrust: the case for repeal” – Dominick Armentano

Platonic Competition” – George Reisman

Man, Economy and State” – Murray Rothbard

¿Es explotación el trabajo asalariado?

¿Es una forma de explotación el trabajo asalariado?
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Las ideas se adquieren por reflexión o por contagio y gobiernan el mundo.

La idea de que el trabajo asalariado es una forma de servidumbre medieval adaptada a los tiempos modernos ha sido ampliamente contagiada, incluso entre personas que se ven a sí mismas como opositoras al socialismo (“de centro derecha”, “de derecha”, “moderna”, etc). Esa idea contiene un error histórico y uno teórico.

El error histórico es la idea de Karl Marx y sus seguidores de que la economía moderna o capitalista es la fase siguiente a la economía feudal. Si bien el propio Marx expresaba su admiración por la capacidad burguesa (empresarial y comerciante, diríamos hoy) para crear fábricas, herramientas y métodos de producción con capacidades nunca antes vistas, transmitió una narrativa falsa sobre ella. Los burgos o emporios eran pueblos y pequeñas ciudades de comerciantes y personas industriosas que florecieron al margen -o huyendo- del sistema feudal. El capitalismo no nace en las capitales políticas ni bajo la tutela del Estado. Al contrario, nace en ciudades o pueblos secundarios de la Liga Hanseática y las repúblicas (ciudades-estado) italianas. El capitalismo no es heredero del feudalismo sino un sistema rival que termina aniquilándolo porque la gente abandona los lugares feudales o semi-feudales para ir a donde tanto la economía como la ley garantizaban su capacidad de ser agentes libres. En Ecuador se narra impecablemente el proceso en “A la costa”, novela de 1904 de Luis A. Martinez. Para tener libertad de agencia, es decir autonomía, es necesario un marco jurídico y cultural lo suficientemente liberal. Suecia, que nunca tuvo etapa feudal, tuvo un siglo XIX de comercio abierto, bajos impuestos (el impuesto a la renta no aparece hasta que el país ya hubo despegado) e instituciones liberales. El resultado: un magnífico despegue cultural y material. Lo mismo la Argentina entre los 1850’s y los 1930’s y los Estados Unidos de América entre su fundación y los 1920’s. Lo que vino después en esos países con el crecimiento del Estado y las ideas colectivistas, es asunto para otro texto.

El error teórico que lleva a pensar que el trabajo asalariado es una forma moderna de servidumbre es en cambio la plusvalía marxista. Para empezar, el error no es original de Karl Marx sino de Adam Smith. Smith -un gran liberal y enemigo de los privilegios del sistema mercantilista- confunde en su “La riqueza de las naciones” el rol del inversionista/capitalista/accionista con el del administrador/gerente/manager de una empresa comercial. Plantea una y otra vez que la ganancia empresarial es solo una forma de salario por gestión superior.

Deja sentada la idea de que en una economía simple, lo que obtienen los participantes al intercambiar sus productos en una feria, son salarios. Si lo que se obtiene por intercambios directos son salarios, Marx deduce, las ganancias de un capitalista que aparezca o llegue a esa economía simple serán una porción jamás entregada a quienes contrata como asalariados. La deducción es correcta. El problema es que sin capitalista (el dueño de un taller, por ejemplo) no existe salario. El salario no es el fruto de las ventas en un mercado. Es un pago fijo que no existiría en una economía de circulación simple, sino que aparece cuando un individuo A contrata a un individuo B. En ese momento nace una división vertical del trabajo en base al riesgo empresarial. Sin capitalistas contratando a nadie como asalariados, el riesgo empresarial lo llevan todos los participantes de esa economía. Con capitalistas contratando a otras personas como asalariados, aparece lo que llamo el pacto del capitalismo: ciertos individuos cargan con el riesgo empresarial y otros obtienen un ingreso fijo. Si hay pérdidas temporales, el asalariado no necesita poner de su parte y cuando hay ganancias -al no ser participe del riesgo empresarial– no participa de ellas.

Como podemos ver, la ganancia no es una porción del salario que no se entrega a los asalariados. No existe la plusvalía marxista.

Pero sí existe otra clase de plusvalía, la plusvalía de Say. Jean Baptiste Say fue un economista francés del siglo XVIII que en 1803 (64 años antes de “Das Kapital” de Marx) publica su “Tratado de Economía Política” de amplio reconocimiento en Europa y en el cual se adelanta a errores de Marx y J. M. Keynes. Say, a diferencia de Adam Smith, reconoce el rol del entrepreneur como portador -por otros- de riesgos de ventas o no ventas, o riesgo empresarial. Eso implica entender lo que pone en riesgo el capitalista. Pero además implica entender todo lo que aporta en ese pacto del capitalismo: espacio de trabajo, herramientas, equipo humano con el cual entablar una fructífera división del trabajo, la visión del producto final y por si fuese poco, la clientela para éste. Mediante esas herramientas, lugar, equipo, concepto de producto, etc. el capitalista eleva la productividad del asalariado a niveles muy inusuales de lograr por su cuenta -aunque el propio proceso capitalista ha ido abaratando los medios de producción y masificando la tenencia de computadoras portátiles, herramientas, educación, etc- y de esa porción adicional, ambas partes se reparten la productividad extraordinaria. En oficios o profesiones con muchos postulantes disponibles, la empresa puede retener mayor porción de esa productividad y en el caso de estrellas o individuos muy reconocidos en su profesión son ellos quienes tendrán mayor participación al punto de que la empresa podría contratar a alguien a pérdida si es extremadamente valioso o indispensable -lo cual es inusual pero existen muchos casos.

Visualmente, puede expresarse así:

La plusvalía marxista vs. el mundo real

Dos formas de entender el trabajo asalariado completamente incompatibles entre sí.Este tema es tan central a la comprensión de cómo funciona una economía moderna que ambas tesis son completamente incompatibles. O es cierto que existe la plusvalía marxista o es falso que exista y la plusvalía es un aporte del capitalista que el asalariado percibe racionalmente como conveniente y por eso se asocia con aquel. Es uno de esos temas en los cuales el “centrismo” es imposible, dicho sea de paso. El trabajo asalariado no puede ser explotador y no-explotador al mismo tiempo (acabe aclarar que el tema es completamente separado de la existencia de trabajos duros, peligrosos o jefes que no pagan por horas extra, es decir “explotación” en sentidos no-marxistas). Y al tratarse de un fenómeno cataláctico (cataláctica es la disciplina que estudia los intercambios) no es necesario que exista un solo ganador entre las partes. Los intercambios económicos no forzosos son de naturaleza ganar-ganar, es por eso que las partes incurren en ellos reiteradamente. La interdependencia en la creación de riqueza significa ganancia mutua. Dejar hacer -crear proyectos sin mayores trabas y reinvertir en ellos con bajísimos impuestos en un entorno legal confiable- a los capitalistas dotará de cada vez mejores herramientas y capacitación a los asalariados, elevando su poder adquisitivo vigorosamente año tras año. Esto explica por qué hay salarios más altos en Suecia que en India y por qué en Suecia es prohibitivo contratar ayuda doméstica mientras que en India, a falta de mejores trabajos asalariados, es barato y habitual todavía. Además, si no existe tal cosa como la plusvalía marxista, la idea de “justicia social” e impuestos progresivamente más altos para quienes más ganan, ahora que sabemos que se trata de relaciones ganar-ganar, queda enteramente desprovista de cimientos.

Para terminar esta exposición, nada mejor que citar al propio J. B. Say cuando dice: “La propiedad que un hombre tiene de su propia industria, se viola cuando está prohibido el libre ejercicio de sus facultades o habilidades, con la excepción de la interferencia sobre los derechos de terceros.” (Tratado de Economía Política, 1803). La plusvalía marxista es un espejismo económico basado en un error de Adam Smith que Karl Marx aprovecha astutamente. Lo que existe y vivimos día a día en el mundo real, es el aporte de los inversionistas de todos los proyectos a nuestra productividad y realización profesional, la plusvalía de Say.

Addenda: la noción de plusvalía como aporte del inversionista surge de conversaciones sobre la refutación de George Reisman (1996) a Marx, con el prof. Juan Ramón Rallo por medios electrónicos.

¿Es el interés el “precio del dinero”?

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Bajo el influjo de las ideas neoclásicas -reducir el ser humano a un supuesto “homo economicus”- se enseña en facultades de Economía y en programas de MBA la idea de que el interés es el “precio del dinero” (o peor aún, su “costo”). Esta noción no es solamente falsa sino dañina. Es falsa porque el precio del dinero es lo que debe entregarse para obtener dinero o a su vez lo que el dinero compra en términos del resto de bienes y servicios. En otras palabras, compramos dinero mediante nuestro trabajo o bienes. Eso es el precio del dinero: qué pagamos para obtenerlo (en energía, tiempo, talentos y esfuerzo) y se verifica en su anverso: cuántos bienes podemos obtener mediante cada unidad monetaria. El costo del dinero en cambio es el de minería si existe dinero real o en el sistema actual de dinero fiat (creado por decreto y sin respaldo), el costo marginal de cada billete.

Es una noción dañina porque lleva mutatis mutandis a la conclusión de que se puede reducir el interés imprimiendo más dinero (generalmente mediante bonos). Lo cual no reduce el interés natural (la relación socialmente posible y a la vez percibida entre bienes presentes y bienes futuros, en otras palabras, el ahorro) sino que lo oculta. Los actores tomarán más préstamos y a más largo plazo de los que el ahorro (una dimensión real de cada territorio con su sistema político-legal más o menos confiable y su cultura más o menos largoplacista). Resultado: auge artificial de ciertas industrias -especialmente, la construcción- y recesión “inexplicable” a continuación.

El interés es el arriendo del ahorro ajeno. Es un precio, pero simplemente, el precio de alquilar el sacrificio o renuncia ajenos al consumo inmediato. Y así debe ser tratado en la teoría y en la práctica financiera cotidiana.

Sobre los derechos naturales de las personas

Los derechos naturales

Si se quisiera resumir el concepto de derechos naturales en una sola frase, esta sin duda sería el antiguo dictum del legislador Ulpiano: “A cada uno lo suyo”. El addendum indispensable, que define sus formas de violación sería entonces “y no lo de los demás”. ¿Cómo se puede asegurar que a una persona le corresponde algo por derecho, que es suyo y que por ende debe tener control excluviso sobre aquello? El filósofo John Locke nos presenta tres medios para la adquisición de bienes materiales en forma de propiedad privada:

1.- Apropiación original: un recurso sin dueño ni huellas de actividad humana, puede ser apropiado por un individuo.
2.- Producción: la combinación de recursos disponibles para crear un bien distinto
3.- Intercambio: intercambiar bienes por otros bienes, o legarlos a otra persona.

Cualquier forma de adquirir bienes que no se enmarque en esta clasificación, debe ser considerada una forma de expoliación (robo). La justificación imperiosa para la propiedad privada puede ser hallada en “A Theory of Socialism and Capitalism” del prof. Hans Hermann-Hoppe, Cap. 1,2. Baste mencionar que es un tema inevitable en sociedades que pretendan a) minimizar los conflictos, b) mantener una división del trabajo altamente compleja y un nivel de vida elevado según términos contemporáneos, y c) reconocer la realidad de la escasez frente a las infinitas necesidades humanas y economizar en consecuencia. Adicionalmente, es necesario señalar que cualquier intento de esbozar un sistema ético funcional y que minimice el conflicto y armonice intereses, debe ser universalizable: debe poder aplicarse en cualquier lugar o época, a cualquier individuo dadas las mismas condiciones.

Sin embargo, a los conceptos de Locke es preciso complementarlos con las enseñanzas de la Escuela Austriaca de Economia (EAE). Dicha vertiente, heredera de la escolástica tardía de la Escuela de Salamanca, hace hincapie en que los seres humanos con su apreciación subjetiva de medios y fines para sus acciones, dotan de valor a los bienes materiales. Es por ello que los objetos materiales carecen de valor intrínseco, trátese de la Naturaleza o de creaciones humanas. Lo que dota a algo con el carácter de bien según Carl Menger, fundador de la EAE es la existencia de cuatro requisitos al mismo tiempo:

1.- La existencia de una necesidad
2.- Propiedades que vuelvan a una cosa capaz de ser llevada a una relación casual con la satisfacción de dicha necesidad
3.- Conocimiento humano de esta relación causal
4.- Control sobre la cosa suficiente como para dirigirlo a la satisfacción de tal necesidad

Sólo cuando los cuatro requisitos se cumplen, una cosa (o resultado de una acción) puede considerarse un bien.

Como se puede deducir, no sólo los objetos materiales tienen el carácter potencial de bienes1. Existe también el ingreso síquico, producto de la actividad aislada o en sociedad. De esta forma, debemos considerar la clasificación de Locke en todas sus implicaciones, para arribar a conclusiones importantes sobre lo que es la justicia y lo que son los derechos de las personas.

La Ética de la Argumentación como fundamento de toda ética social

La Ética de la Argumentación

Siguiendo a Hoppe, encontraremos un fundamento muy superior a los anteriormente existentes para el concepto de derechos naturales o iusnaturalismo en que se fundamenta este trabajo. Dice texualmente Hoppe: La argumentación entre Crusoe y Viernes requiere que ambos posean -y mutuamente reconozcan al otro como poseedor del control exclusivo sobre sus respectivos (su cerebro, cuerdas vocales, etc) asi como del espacio físico ocupado por sus cuerpos. Nadie podría proponer nada y experar que su interlocutor se convenza de la validez de su proposión o negar la y proponer otra cosa, a menos que el derecho al control exclusivo de él y de su oponente sobre sus cuerpos respectivos y el espacio en que están parados estén ya presupuestos y asumidos como válidos.

El intento de demostrar que la argumentación no requiere de una aceptación tácita de que el otro posee el cuerpo físico con el que es nuestro interlocutor es posible, pero de consecuencias erosivas de la misma manera como cuando se ignora una ley económica. Las posibles excepciones de la esclavitud o la servidumbre han sido señaladas, pero el requisito para que exista una ética universalizable como se dijo antes que se aplique -de igual forma que las reglas lockeanas- a todo individuo dadas ciertas condiciones. Por ello la autopropiedad es axiomática en el sentido de que su violación mediante la lógica o la acción concreta (performativa) conduce a fuertes divergencias con lo que puede ser un código ético universalizable, justo y consistente con la naturaleza humana. Las consecuencias han sido estudiadas y se evidencian a lo largo de la historia humana. Del principio de autopropiedad entonces se deriva la legitimidad de las normas lockeanas de propiedad y la posibilidad de órdenes humanos basados en el respeto a las mismas.

Los medios políticos: estafa, invasión, esclavitud

Medios económicos y medios políticos

En su ya clásica obra, Franz Oppenheimer clasifica consecuentemente a las formas de obtener un ingreso de los demás de forma pacífica como “los medios económicos” y a las formas coercitivas como “los medios políticos”. Las formas pacíficas involucran el uso de:

1.- El propio cuerpo
2.- Los recursos apropiados originalmente por uno
3.- Bienes resultantes de la producción
4.- Bienes resultantes del intercambio o regalo

En este sentido las acciones de carácter productivo pueden ser autistas u orientadas a posteriores transacciones con otras personas. Los intercambios entre personas y organizaciones son generadoras de bienestar, puesto que para que ocurra un intercambio debe existir una valoración inversa respectiva de los dos bienes a intercambiar en cualquier momento determinado. Ex ante ambas partes esperan resultar mejor que si no hubiersen intercambiado dichos bienes. Ex post se verificará si el intercambio fue acertado o no, pero dado que los seres humanos tratan de minimizar el error informándose de la mejor forma para sus decisiones, generalmente hay satisfacción posterior. Es por eso que los intercambios de tipo voluntario son por naturaleza relaciones ganar-ganar.

Pero también podemos encontrar una lista elemental de formas violentas de generarse un ingreso a expensas de otro(s). Estas formas coercitivas incluyen pero no están limitadas a:

1.- La esclavitud
2.- La servidumbre y sus variantes contemporaneas
3.- El robo
4.- La estafa
5.- La conquista y otras formas políticas

Lo que caracteriza a este tipo de relaciones es que una parte se beneficia a expensas de la otra. Por tanto, se trata de relaciones de naturaleza ganar-perder.

–Breves fragmentos de la tesina que presentó el autor como candidato a magister en economia empresarial por la UFM de Guatemala en el año 2007.–
(publicado originalmente en marzo de 2018)

Keynes muere (de nuevo) en Europa del Este

El keynesianismo es una síntesis mecanicista de varias ideas previamente equivocadas y refutadas.

Keynes ha muerto. No en los EEUU ni Latinoamérica lamentablemente, donde aún es el economista mas influyente en izquierdas y derechas. Pero afortunadamente una región del mundo aparte de la sabiamente pragmática Asia, ya está dando pasos para enterrar a Lord Keynes y su influencia. Se trata de 8 países con mercados mayormente abiertos interna y externamente, impuestos de tasa fija y un sector privado entendido no como vaca lechera sino con existencia por derecho propio.

Lord Keynes se pasó la vida entera tratando de convencer al mundo de que “el mercado” no podia manejarse a sí mismo y necesitaba gente -como él, claro- para intervenirlo. Keynes es nada más y nada menos que el santo patrono de los tecnócratas de todo el mundo. De izquierdas, en forma de deficits elevados e impuestos altos. De derechas, en forma de retención de impuestos en la fuente y de intervenciones “para la eficiencia”. Pero el sistema keynesiano ignoraba dos realidades fundamentales: a) el mercado es un proceso, la suma de acciones individuales que buscan el acierto y tratan de evitar el error, y b) la Ley de Say de los mercados, que nos enseña que la producción genera capacidad de consumo inevitable y proporcionalmente. Por lo tanto, la causa de las crisis económicas debe buscarse en otro lado. En eventos impredecibles como guerras y desastres naturales, o en la igualmente desastrosa actividad del gobierno en la economía, que debe pagarse tarde o temprano. Pero las medidas keynesianas de castigar al ciudadano en periodo de vacas gordas, para supuestamente ayudarle en el de vacas flacas, en realidad nunca fueron acertadas. Más que cualquier otra cosa, sirvieron durante todo el siglo XX para que los gobernantes se volvieran gastadores y elevaran impuestos, adquirieran deuda y provocaran inflación sin consecuencias, porque tenian una teoría justificándoles.

Como dijo el keynesiano John K. Galbraith, “Hitler fue el verdadero exponente de las ideas keynesianas”. Su influencia llevada consecuentemente a la practica generó déficits, hiperinflaciones y pérdidas de inversiones y capital humano en todo el mundo, pero sobre todo en Latinoamérica. Gracias, Lord Keynes.

En contraste, cuando los estadounidenses de ideas keynesianas quisieron aplicárselas a la Alemania de posguerra, el sagaz ministro de finanzas Ludwig Erhard les dijo “no, gracias”. ¿El resultado? Ese país vivió un verdadero “milagro económico” en contraste con la keynesianamente administrada Francia, que hasta el dia de hoy sigue siendo un país receptor de subsidios internacionales. En contraste también, y luego de haber vivido 40 años de socialismo, 8 países de Europa del Este le dicen “no, gracias” a las ideas de economía mixta en el aula, la prensa y sus políticas. Las facultades de Economía enseñan autores que derrotaron a los keynesianos en la teoría y en resultados, como Milton Friedman (a pesar de ser en ciertos puntos un keynesiano de derechas) y sobre todo los grandes Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek y su Escuela Austriaca.

Tiene sentido: después de haber probado el desastre completo, no quedan ganas de probar el desastre a medias. Nada de economía mixta o pajaritos preñados, piensan en las mejores facultades de Republica Checa, Estonia o Lituania: hay que hacer lo que los estadounidenses, suecos e ingleses hicieron para desarrollarse, no las barbaridades que hacen ahora que ya pueden darse ese lujo. Como resultado, ellos también viven su propio milagro económico, creciendo a un 6-7% anual y abandonando muy velozmente la pobreza moral y material en que les dejó el socialismo. Sigamos el ejemplo de Europa del Este: ya no seamos keynecios.

(publicado originalmente en junio de 2013)

Una alternativa al P.I.B., ese indicador consumista

El P.I.B. es un indicador que suele entenderse como sinónimo de “contabilidad nacional” o más precisamente, “actividad local en un territorio”. El P.N.B. contabilizaría la actividad de nacionales, dentro o fuera de un territorio y el P.I.B. la de cualquier actor dentro de un territorio.

Sin embargo, el P.I.B. es tan mal indicador que no captura más del 40% de la actividad productiva (creación de valor) en los Estados Unidos, por ejemplo. ¿Cómo es eso posible? Es posible porque el P.I.B. no es un indicador “neutro” u “objetivo” sino el producto de una escuela económica que coloca al consumo (demanda) como motor de la economía. Esto, en detrimento del ciclo ahorro-inversión-mejor consumo (más y/o mejores bienes) que es el que industriales, banqueros y economistas clásicos identificaron como motor del progreso humano.

Más específicamente, es el gasto de los consumidores (consumo) sino el gasto de los productores (inversión) lo que permite tener más y mejores bienes de consumo años tras año en un territorios sino que también permite obtener y crear más y mejores bienes de producción (¡capital!) año tras año. La vida real no es demand side sino supply side: son las inversiones productivas las que mejoran los entornos personales, familiares y sociales -como cualquier persona sabe y puede razonar, salvo los economistas de ciertas escuelas dominantes desde los 1930’s- y además generan el poder adquisitivo para comprar lo demandado (Ley de Say). Tan crucial es la Ley de Say para entender el sesgo consumista del P.I.B., que el prof. Steve Hanke -mundialmente conocido defensor de la dolarización ecuatoriana- explica el Gross Output en un artículo titulado “GO: J.M. Keynes vs. J.B. Say“.

El economista noruego-americano Mark Skousen, nos presenta una alternativa al P.I.B. sin falacias consumistas (ausencia de ahorro y capital por etapas), llamada así: Gross Output (Rendimiento Bruto).

Lo que el P.I.B. no permite distinguir como actividad económica (más del 40% de la creación de riqueza en EE.UU.)

Como dice Skousen: “Gross Output provides a more accurate picture of what drives the economy.  Using GO as a more comprehensive measure of economic activity, spending by consumers turns out to represent around 40% of total yearly sales, not 70% as commonly reported. Spending by business (private investment plus intermediate inputs) is substantially bigger, representing over 50% of economic activity.” (En castellano: El Gross Output -Rendimiento Bruto- provee una imagen mucho más rigurosa de lo que impulsa la economía. Utilizar el RB como un indicador más completo de actividad económica, se halla que el gasto de los consumidores representa alrededor del 40% de las ventas anuales, no 70% como se reporta comúnmente. El gasto de los productores/negocios (inversión privada más insumos intermedios) es sustancialmente mayor, representando el 50% de la actividad económica (en los EE.UU.).

La actividad real es significativamente mayor.

Triángulo Hayekiano

La estructura capital en el tiempo.

El Gross Output o Rendimiento Bruto (RB) toma en cuenta la estructura intertemporal de la producción (es decir, responde a una visión macro que sí tiene capital theory) y sus etapas intermedias, evitando el error del P.I.B. de considerar como una sola cosa los bienes finales y los bienes intermedios (en los que más del 40% de la actividad económica en los EE.UU. por ejemplo, tiene lugar). La producción capitalista tiene etapas temporales y mientras más etapas, más valor agregado a los productos finales. Mientras más avanzada y más avanza una economía, más etapas intermedias -que el P.I.B. no reconoce, por ser un indicador cortoplacista y consumista- existen y más empleos existen en ellas.

En crisis artificiales (burbujas causadas por inyección de falso ahorro por parte de bancos centrales) como la de 1929 o la de 2008, el GO/RBpermite visualizar la crucial diferencia entre conceptos tomados de ciencias naturales como “aceleración” o “sobrecalientamiento” y conceptos propiamente económicos como expansión artificial, contracción crediticia y otros. El P.I.B, desde luego, nubla la visión de estos fenómenos y además agrega viejas falacias del s.XVII en comercio internacional.

Existen otras alternativas produccionistas y no-cortoplacistas al P.I.B. -el NNP (Net National Product) de G. Reisman, el EVA-país (creación de riqueza por sectores y general) de N. Cachanosky y el GPP (Gross Private Product) de Rothbard. Los explicaré en próximos posts.

Lectura recomendada: “The Structure of Production”, de Mark Skousen

¿Es el interés el «precio del dinero»?

Bajo el influjo de las ideas neoclásicas -reducir el ser humano a un supuesto “homo economicus”- se enseña en facultades de Economía y en programas de MBA la idea de que el interés es el “precio del dinero” (o peor aún, su “costo”). Esta noción no es solamente falsa sino dañina. Es falsa porque el precio del dinero es lo que debe entregarse para obtener dinero o a su vez lo que el dinero compra en términos del resto de bienes y servicios. En otras palabras, compramos dinero mediante nuestro trabajo o bienes. Eso es el precio del dinero: qué pagamos para obtenerlo (en energía, tiempo, talentos y esfuerzo) y se verifica en su anverso: cuántos bienes podemos obtener mediante cada unidad monetaria. El costo del dinero en cambio es el de minería si existe dinero real o en el sistema actual de dinero fiat (creado por decreto y sin respaldo), el costo marginal de cada billete.

Es una noción dañina porque lleva mutatis mutandis a la conclusión de que se puede reducir el interés imprimiendo más dinero (generalmente mediante bonos). Lo cual no reduce el interés natural: la relación socialmente posible y a la vez percibida entre bienes presentes y bienes futuros. En otras palabras, el premio sistémico al ahorro. No mejora la capacidad de las personas de postergar gratificaciones -el presente toma urgencia artificial- sino que la oculta, impide que los mercados revelen la tasa resultante  de factores reales. Hay más confianza en el entorno y hábitos de ahorro en Suiza que en Haití. Manipular las tasas de interés descoordina y disloca la estructura de emprendimientos -cadena de valor- de un país. Los actores tomarán más préstamos y a más largo plazo de los que el ahorro (una dimensión real de cada territorio con su sistema político-legal más o menos confiable y su cultura más o menos largoplacista). Resultado: auge artificial de ciertas industrias -especialmente, la construcción- y recesión “inexplicable” a continuación.

El interés es el arriendo del ahorro ajeno. La tasa de interés final es un precio, pero simplemente, el precio de alquilar el sacrificio o renuncia ajenos al consumo inmediato en cierto entorno vs. otro.

Y así debe ser tratado en la teoría y en la práctica financiera cotidiana.

 

Una alternativa al P.I.B., ese indicador consumista

El P.I.B. es un indicador que suele entenderse como sinónimo de “contabilidad nacional” o más precisamente, “actividad local en un territorio”. El P.N.B. contabilizaría la actividad de nacionales, dentro o fuera de un territorio y el P.I.B. la de cualquier actor dentro de un territorio.

Sin embargo, el P.I.B. es tan mal indicador que no captura más del 40% de la actividad productiva (creación de valor) en los Estados Unidos, por ejemplo. ¿Cómo es eso posible? Es posible porque el P.I.B. no es un indicador “neutro” u “objetivo” sino el producto de una escuela económica que coloca al consumo (demanda) como motor de la economía. Esto, en detrimento del ciclo ahorro-inversión-mejor consumo (más y/o mejores bienes) que es el que industriales, banqueros y economistas clásicos identificaron como motor del progreso humano.

Más específicamente, es el gasto de los consumidores (consumo) sino el gasto de los productores (inversión) lo que permite tener más y mejores bienes de consumo años tras año en un territorios sino que también permite obtener y crear más y mejores bienes de producción (¡capital!) año tras año. La vida real no es demand side sino supply side: son las inversiones productivas las que mejoran los entornos personales, familiares y sociales -como cualquier persona sabe y puede razonar, salvo los economistas de ciertas escuelas dominantes desde los 1930’s- y además generan el poder adquisitivo para comprar lo demandado (Ley de Say). Tan crucial es la Ley de Say para entender el sesgo consumista del P.I.B., que el prof. Steve Hanke -mundialmente conocido defensor de la dolarización ecuatoriana- explica el Gross Output en un artículo titulado “GO: J.M. Keynes vs. J.B. Say“.

El economista noruego-americano Mark Skousen, nos presenta una alternativa al P.I.B. sin falacias consumistas (ausencia de ahorro y capital por etapas), llamada así: Gross Output (Rendimiento Bruto).

Gross Output vs. P.I.B.

Lo que el P.I.B. no permite distinguir como actividad económica.

Como dice Skousen: “Gross Output provides a more accurate picture of what drives the economy.  Using GO as a more comprehensive measure of economic activity, spending by consumers turns out to represent around 40% of total yearly sales, not 70% as commonly reported. Spending by business (private investment plus intermediate inputs) is substantially bigger, representing over 50% of economic activity.” (En castellano: El Gross Output -Rendimiento Bruto- provee una imagen mucho más rigurosa de lo que impulsa la economía. Utilizar el RB como un indicador más completo de actividad económica, se halla que el gasto de los consumidores representa alrededor del 40% de las ventas anuales, no 70% como se reporta comúnmente. El gasto de los productores/negocios (inversión privada más insumos intermedios) es sustancialmente mayor, representando el 50% de la actividad económica (en los EE.UU.).

GO, GDE y PIB

La actividad real es significativamente mayor.

Triángulo Hayekiano

La estructura capital en el tiempo.

El Gross Output o Rendimiento Bruto (RB) toma en cuenta la estructura intertemporal de la producción (es decir, responde a una visión macro que sí tiene capital theory) y sus etapas intermedias, evitando el error del P.I.B. de considerar como una sola cosa los bienes finales y los bienes intermedios (en los que más del 40% de la actividad económica en los EE.UU. por ejemplo, tiene lugar). La producción capitalista tiene etapas temporales y mientras más etapas, más valor agregado a los productos finales. Mientras más avanzada y más avanza una economía, más etapas intermedias -que el P.I.B. no reconoce, por ser un indicador cortoplacista y consumista- existen y más empleos existen en ellas.

En crisis artificiales (burbujas causadas por inyección de falso ahorro por parte de bancos centrales) como la de 1929 o la de 2008, el GO/RBpermite visualizar la crucial diferencia entre conceptos tomados de ciencias naturales como “aceleración” o “sobrecalientamiento” y conceptos propiamente económicos como expansión artificial, contracción crediticia y otros. El P.I.B, desde luego, nubla la visión de estos fenómenos y además agrega viejas falacias del s.XVII en comercio internacional.

Existen otras alternativas produccionistas y no-cortoplacistas al P.I.B. -el NNP (Net National Product) de G. Reisman, el EVA-país (creación de riqueza por sectores y general) de N. Cachanosky y el GPP (Gross Private Product) de Rothbard. Los explicaré en próximos posts.

Lectura recomendada: “The Structure of Production”, de Mark Skousen

Los tres ejes del progreso humano

Capital físico, capital mental, capital cultural. Los tres componentes y ejes del progreso humano. Capital: porción de riqueza destinada a producir riqueza (Reisman, 1996).  Máquinas (herramientas físicas), métodos (ideas, información, ciencias, actitudes y creencias) y civilización (escritura, Historia, modales, bellas artes). Insumos, bienes a medio terminar y terminados. Dinero de soporte. En suma, recursos apostados a sostener y/o incrementar el pool de riqueza general en su ámbito (recordemos: físico, mental, cultural).

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