¿Es el interés el «precio del dinero»?

Bajo el influjo de las ideas neoclásicas -reducir el ser humano a un supuesto “homo economicus”- se enseña en facultades de Economía y en programas de MBA la idea de que el interés es el “precio del dinero” (o peor aún, su “costo”). Esta noción no es solamente falsa sino dañina. Es falsa porque el precio del dinero es lo que debe entregarse para obtener dinero o a su vez lo que el dinero compra en términos del resto de bienes y servicios. En otras palabras, compramos dinero mediante nuestro trabajo o bienes. Eso es el precio del dinero: qué pagamos para obtenerlo (en energía, tiempo, talentos y esfuerzo) y se verifica en su anverso: cuántos bienes podemos obtener mediante cada unidad monetaria. El costo del dinero en cambio es el de minería si existe dinero real o en el sistema actual de dinero fiat (creado por decreto y sin respaldo), el costo marginal de cada billete.

Es una noción dañina porque lleva mutatis mutandis a la conclusión de que se puede reducir el interés imprimiendo más dinero (generalmente mediante bonos). Lo cual no reduce el interés natural: la relación socialmente posible y a la vez percibida entre bienes presentes y bienes futuros. En otras palabras, el premio sistémico al ahorro. No mejora la capacidad de las personas de postergar gratificaciones -el presente toma urgencia artificial- sino que la oculta, impide que los mercados revelen la tasa resultante  de factores reales. Hay más confianza en el entorno y hábitos de ahorro en Suiza que en Haití. Manipular las tasas de interés descoordina y disloca la estructura de emprendimientos -cadena de valor- de un país. Los actores tomarán más préstamos y a más largo plazo de los que el ahorro (una dimensión real de cada territorio con su sistema político-legal más o menos confiable y su cultura más o menos largoplacista). Resultado: auge artificial de ciertas industrias -especialmente, la construcción- y recesión “inexplicable” a continuación.

El interés es el arriendo del ahorro ajeno. La tasa de interés final es un precio, pero simplemente, el precio de alquilar el sacrificio o renuncia ajenos al consumo inmediato en cierto entorno vs. otro.

Y así debe ser tratado en la teoría y en la práctica financiera cotidiana.

 

Una alternativa al P.I.B., ese indicador consumista

El P.I.B. es un indicador que suele entenderse como sinónimo de “contabilidad nacional” o más precisamente, “actividad local en un territorio”. El P.N.B. contabilizaría la actividad de nacionales, dentro o fuera de un territorio y el P.I.B. la de cualquier actor dentro de un territorio.

Sin embargo, el P.I.B. es tan mal indicador que no captura más del 40% de la actividad productiva (creación de valor) en los Estados Unidos, por ejemplo. ¿Cómo es eso posible? Es posible porque el P.I.B. no es un indicador “neutro” u “objetivo” sino el producto de una escuela económica que coloca al consumo (demanda) como motor de la economía. Esto, en detrimento del ciclo ahorro-inversión-mejor consumo (más y/o mejores bienes) que es el que industriales, banqueros y economistas clásicos identificaron como motor del progreso humano.

Más específicamente, es el gasto de los consumidores (consumo) sino el gasto de los productores (inversión) lo que permite tener más y mejores bienes de consumo años tras año en un territorios sino que también permite obtener y crear más y mejores bienes de producción (¡capital!) año tras año. La vida real no es demand side sino supply side: son las inversiones productivas las que mejoran los entornos personales, familiares y sociales -como cualquier persona sabe y puede razonar, salvo los economistas de ciertas escuelas dominantes desde los 1930’s- y además generan el poder adquisitivo para comprar lo demandado (Ley de Say). Tan crucial es la Ley de Say para entender el sesgo consumista del P.I.B., que el prof. Steve Hanke -mundialmente conocido defensor de la dolarización ecuatoriana- explica el Gross Output en un artículo titulado “GO: J.M. Keynes vs. J.B. Say“.

El economista noruego-americano Mark Skousen, nos presenta una alternativa al P.I.B. sin falacias consumistas (ausencia de ahorro y capital por etapas), llamada así: Gross Output (Rendimiento Bruto).

Gross Output vs. P.I.B.

Lo que el P.I.B. no permite distinguir como actividad económica.

Como dice Skousen: “Gross Output provides a more accurate picture of what drives the economy.  Using GO as a more comprehensive measure of economic activity, spending by consumers turns out to represent around 40% of total yearly sales, not 70% as commonly reported. Spending by business (private investment plus intermediate inputs) is substantially bigger, representing over 50% of economic activity.” (En castellano: El Gross Output -Rendimiento Bruto- provee una imagen mucho más rigurosa de lo que impulsa la economía. Utilizar el RB como un indicador más completo de actividad económica, se halla que el gasto de los consumidores representa alrededor del 40% de las ventas anuales, no 70% como se reporta comúnmente. El gasto de los productores/negocios (inversión privada más insumos intermedios) es sustancialmente mayor, representando el 50% de la actividad económica (en los EE.UU.).

GO, GDE y PIB

La actividad real es significativamente mayor.

Triángulo Hayekiano

La estructura capital en el tiempo.

El Gross Output o Rendimiento Bruto (RB) toma en cuenta la estructura intertemporal de la producción (es decir, responde a una visión macro que sí tiene capital theory) y sus etapas intermedias, evitando el error del P.I.B. de considerar como una sola cosa los bienes finales y los bienes intermedios (en los que más del 40% de la actividad económica en los EE.UU. por ejemplo, tiene lugar). La producción capitalista tiene etapas temporales y mientras más etapas, más valor agregado a los productos finales. Mientras más avanzada y más avanza una economía, más etapas intermedias -que el P.I.B. no reconoce, por ser un indicador cortoplacista y consumista- existen y más empleos existen en ellas.

En crisis artificiales (burbujas causadas por inyección de falso ahorro por parte de bancos centrales) como la de 1929 o la de 2008, el GO/RBpermite visualizar la crucial diferencia entre conceptos tomados de ciencias naturales como “aceleración” o “sobrecalientamiento” y conceptos propiamente económicos como expansión artificial, contracción crediticia y otros. El P.I.B, desde luego, nubla la visión de estos fenómenos y además agrega viejas falacias del s.XVII en comercio internacional.

Existen otras alternativas produccionistas y no-cortoplacistas al P.I.B. -el NNP (Net National Product) de G. Reisman, el EVA-país (creación de riqueza por sectores y general) de N. Cachanosky y el GPP (Gross Private Product) de Rothbard. Los explicaré en próximos posts.

Lectura recomendada: “The Structure of Production”, de Mark Skousen

Los tres ejes del progreso humano

Capital físico, capital mental, capital cultural. Los tres componentes y ejes del progreso humano. Capital: porción de riqueza destinada a producir riqueza (Reisman, 1996).  Máquinas (herramientas físicas), métodos (ideas, información, ciencias, actitudes y creencias) y civilización (escritura, Historia, modales, bellas artes). Insumos, bienes a medio terminar y terminados. Dinero de soporte. En suma, recursos apostados a sostener y/o incrementar el pool de riqueza general en su ámbito (recordemos: físico, mental, cultural).

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