Alma de funcionario

Publicado el 10/Marzo/2003 en el diario Hoy de Quito, Ecuador

Ya es hora. Apoyaste la campaña del candidato más novedoso y ahora quieres un cargo en el Estado. Pero antes de llegar a este momento, pasaste muchas etapas. Cuando niño, tus padres intentaron enseñarte el valor del trabajo, pero no te dejaste. Ellos pertenecían a otra generación, sin boom petrolero ni espejismos estatales. Vivían realmente de su trabajo. Pero tú nunca llegaste a entender que todas esas horas cada día eran productividad, le prestaban un servicio real a alguien.
Pasaste por el colegio, pero el colegio no pasó por ti. Te aburrían las clases de matemáticas y ahora no puedes sacar cuentas del dinero ajeno que gastas. Te aburrían las clases de historia, en que habrías aprendido que las revoluciones justas se gestaron para abolir formas de gobierno como ese en el que quieres trabajar. Te aburrían también las clases de filosofía y tal vez no alcances a entender que estas líneas se escribieron para ti, que lo que tu buscas otros ya lo buscaron en otros tiempos, y que dura hasta que los creadores de riqueza se cansen de mantenerte.
Luego la universidad. Alguna carrera que te permita sentirte superior a los demás, casi dándote permiso para querer dirigir sus vidas. Mientras más te alejes del sentido común en tus estudios, mejor. Mientras más lenguaje rebuscado sepas, más podrás hacernos sentir que sin ti, tu ministerio o secretaría, el país dejaría de funcionar. Quieres involucrarte, estar en todo, sentirte indispensable.
¿Animo de servicio? No, lo que quieres en el fondo es una posición alta, a la que se llegue de golpe, para poder hacer de menos a los demás. El resto son simplones, egoístas y sin “compromiso”. No como tú, siempre dispuesto a vivir de los demás, bajo pretexto de vivir por los demás.
Con la práctica ya eres un experto en manipular. Con la sonrisa y el discurso vacío, o con amenazas de la fuerza de tu grupo, te diriges hacia el pedestal que siempre pensaste merecer. Allá te esperan, con igual sonrisa impostada, los otros privilegiados de los últimos años. Que suerte que ustedes existen, caso contrario podría parecer que nuestros problemas los podemos resolver nosotros mismos y mejor. Es mejor mantener las apariencias.
Las ideas siempre fueron lo de menos, lo que importa es encajar, parecer combativo y no perderse las sesiones del partido. Apenas terminen las elecciones, corre y no te atrases al reparto de los cargos. Ojalá que seas pariente de quienes pueden decidir, para que empieces a decidir con ellos. Decidir por mí, decidir por todos. Imponernos tu visión sobre la vida, sin detenerte a pensar si violas nuestros derechos.
Pasarán los años, entre papeleo, informes y de vez en cuando algún dinero devuelto al contribuyente en servicios y obras para lucirse. La etiqueta de servidor público te ayudará a justificar tantas horas y días perdidos. Pero, al final del día, no podrás ocultar tu alma de funcionario. Adelante, apura tu paso hacia el poder. Siempre será más fácil hacerse designar autoridad que ser un auténtico líder de espíritus libres.

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